Cuatro meses de enfrentamientos armados y verbales. Amenazas de muerte, casas quemadas y varios heridos. También hechos de inseguridad. En medio todos los conflictos, el asesinato de una joven embarazada que recibió un plomo en la cabeza que no era para ella. Durante diciembre y marzo de este año la “guerra” entre líderes y soldados de dos organizaciones delictivas tuvo a maltraer a los vecinos y a las autoridades policiales con base en El Agarrobal, departamento de Las Heras.
Todos los trabajos investigativos desarrollados por estos hechos apuntaron a conflictos por territorialidad entre dos bandas conocidas como los Castillo y los Jerez, cuyos máximos referentes terminaron tras las rejas.
Debido a esto, como sucedió con el sorpresivo operativo en el oeste de Godoy Cruz el 12 de marzo, policías de la uniformada, de Investigaciones -principalmente, de la Unidad Investigativa de Las Heras y la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual- y la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos, sitiaron algunas barriadas del distrito y desarrollaron 36 allanamientos el 16 de mayo.
Más de 400 efectivos participaron de las medidas la mañana de ese día en los barrios Centorbi, Portal de El Algarrobal, Las Viñas y calles como Pilcomayo, Catitas Serranas y Aristóbulo del Valle, entre otros sectores, que permitieron la detención de 16 acusados de cometer delitos entre el 15 de diciembre del año pasado y el 17 de marzo.
Las causas eran por intentos de asesinato, abuso de armas y tenencia y comercio de estupefacientes, robos agravados y secuestraron armas, municiones, cocaína y marihuana, dinero, celulares y vehículos denunciados como sustraídos. Una vez avanzados los expedientes, se fueron acumulando otros por hechos de inseguridad contra algunos de los personajes que merodeaban la zona.
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A menos de cuatro meses de las capturas, dos de los detenidos más complicados con las instrucciones que lidera Ríos, admitieron las acusaciones en un juicio abreviado inicial. Se trata de Nicolás Nahuel Gil Páez (24), conocido como Tuerto o Peluche, y Daniel Ismael Gil Ruarte (22), alias Chulo. A través de sus defensas, reconocieron los hechos imputados, pactaron la pena con el Ministerio Público y la jueza Marina Alejandra Martín Giménez, del Juzgado Penal Colegiado Nº1, homologó el acuerdo entre las partes.
De esta forma, el Tuerto y el Chulo fueron condenados el viernes a 8 años y 11 meses y 9 años y tres meses de cárcel por cuatro y seis causas cada uno, respectivamente, sostiene la información a la que accedió El Sol.
El Tuerto Gil Páez admitió los delitos de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa (dos hechos), amenazas, coacciones agravadas por el fin de compeler a una persona a abandono de su lugar de residencia, privación ilegítima de la libertad y daño, todo calificados por la participación de un menor de edad.
El Chulo, considerado uno de los jóvenes más violentos del distrito, compartía una de las causas con el Tuerto -la de intento de asesinato- y también sumó robos agravados por ser en poblado y en banda, por la participación de un menor de edad y por el uso de arma de fuego, robo y hurto simple.
Los dos fueron marcados como miembros del clan Los Castillo. Liderada por Sergio Daniel Castillo Villegas (50), quien tiene que ir a debate próximamente por algunos de estos casos, la banda fue desarticulada casi en su totalidad.
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Una de las causas que compartían y reconocieron ocurrió el 15 de diciembre del año pasado. Ese día, a la 1.30, un joven de 17 años recibió un balazo en la espalda. El ataque ocurrió en calle Hungría y los autores se movilizaban en dos motos. Uno de ellos fue identificado como el Tuerto Gil Páez. Junto con un cómplice, comenzó a disparar contra un grupo de jóvenes, entre los que se encontraban dos hijos menores de Yésica “Yeca” Jerez, señalada como una de las referentes de la organización rival.
Luego del ataque llegó a la escena un Peugeot 308 al mando de Sergio Castillo, agrega la reconstrucción de los pesquisas, tal como reveló este diario después de los allanamientos masivos. Descendieron dos menores, entre ellos el Gringuito, de 16 años, hermano del Tuerto y considerado de extrema peligrosidad por la cantidad de casos en los que estuvo involucrado -se encuentra privado de la libertad en el ex Cose-, y continuaron disparando armas de fuego contra sus rivales. Luego se sumó otro vehículo con la presencia del Chulo y continuaron con la balacera, hiriendo a otro jóvenes.
El Tuerto también fue condenado por amenazar, al otro día del hecho citado, a un hombre con domicilio en calle Pilcomayo. Le manifestó que le iba a quemar y quitar la casa si no se marchaba del lugar.
Por tu parte, Gil Ruarte fue detenido el 6 de abril después de un violento asalto a tres mujeres en la vía pública. Ya lo tenían marcado por otros hechos de inseguridad y tiroteos en El Algarrobal y por eso formó parte del combo de detenidos que fueron sumando a la investigación principal.
Ese día, a las 17.55, las víctimas circulaban en un Chevrolet Corsa por calle Pascual Segura cuando fueron abordadas por tres malvivientes a la altura del cementerio Los Apóstoles. Todos los delincuentes llevaban armas de fuego y obligaron a la conductora a frenar la marcha. La bajaron y le dieron un cachazo en la frente.




Los asaltantes se dio a la fuga en vehículo por calle Río Juramento hacia el este y una movilidad policial advirtió la situación. Los policías prendieron las balizas e hicieron cambios de luces para que los ladrones se entregaran pero lejos estuvieron de hacerlo. En ese momento comenzó una persecución y se metieron por un descampado, donde dejaron abandonado el vehículo.
Se dieron a la fuga corriendo por el sector que costea la calle Las Rosas y dispararon contra los policías. Los uniformados ya habían solicitado refuerzos y otra movilidad llegó hasta la escena para potenciar el operativo cerrojo. Esto permitió la caída de uno de los sospechosos, unos 300 metros antes del cruce con General Paz.
En medio del operativo, en un control policial de calles Pilcomayo y Catitas Serranas, quedó detenido el Chulo Gil Ruarte. El mismo circulaba después del hecho en un taxi de la empresa Llámenos.
Estas y otras causas fueron confesadas por los dos malvivientes durante el proceso que se desarrolló este viernes. Las fuentes ampliaron que es posible que próximamente se desarrollen más juicios de este tipo para lograr más condenas contra los autores de los hechos ocurridos en El Algarrobal, aunque otros optarían por debates orales.
