La apatía, la falta de interés por el proceso electoral en curso, es un fenómeno que desvela a todos los espacios políticos. La desafección política, el riesgo de un ausentismo masivo provoca, en especial, incertidumbre. El resultado puede verse notablemente afectado por la inasistencia. Pero no a todos los partidos les preocupa por igual. El oficialismo nacional es el espacio que más teme. Y tiene por qué temer.
El desinterés tiene varios síntomas. Se expresa en la insatisfacción ciudadana, que reflejan algunas encuestas, y en los niveles de participación en los procesos electorales que transcurrieron hasta ahora.
Para la agencia Isonomía hay entre 20 y 25 por ciento del padrón que frente a las opciones, se mantiene indeciso o directamente ya ha decidido que votará en blanco, algo que se evidenció en los tres procesos electorales provinciales que hubo en el país en lo que va del año. En Misiones, más del 40 por ciento del padrón pegó el faltazo y hubo casi 10 por ciento de votos blancos y nulos. En Jujuy el ausentismo llegó al 30 por ciento y 8,5% de los electores dejó además el sobre vacío o anuló su voto. Y en Salta, el caso más extremo y más reciente, combinó un 35% de inasistencia con 12% de votos en blanco.
¿Por qué la ciudadanía no quiere elegir a sus representantes? El ausentismo fue también la marca de las elecciones regionales francesas de este año con un nivel de abstención histórico que llegó al 66% del electorado. Muchos argumentos se dieron para explicar el fenómeno, pero el más escuchado apuntó al desinterés que provocan los comicios locales en un país hiperpresidencialista. La desafección colectiva no se explica sólo como un efecto de la pandemia, sino que podría ser una consecuencia directa del propio sistema político francés. Y si bien el partido de Emmanuel Macron obtuvo un resultado marginal, el ausentismo fue para él una buena noticia: mantiene su popularidad y sigue encabezando las preferencias para las presidenciales del próximo año.
No ocurre lo mismo en Argentina. Si bien es cierto que el sistema presidencial criollo es similar al galo, los gobernadores guardan importantes cuotas de poder y autonomía. Probablemente la apatía local tenga otra explicación, por ejemplo, la falta de opciones. La encuestadora Opinaia determinó que el 65% de los electores no encuentra ni en el oficialismo ni en la oposición propuestas que puedan resolver los problemas del país.
Basta con escuchar a los principales candidatos del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio para dimensionar la encuesta. La oferta electoral es muy pobre y se reduce a dos conceptos: “la deuda de Macri” y la “fiesta en Olivos”. El menú es tan solo un servicio de reproches. Prometen no ser el otro. Nada más.
Otra posible explicación tiene que ver con la decepción. Un estudio de la Universidad de San Andrés difundido hace unos días reveló que tan solo el 16% de los encuestados aseguró estar conforme con la marcha del país. Una abrumadora mayoría del 82% manifestó su insatisfacción.
En España, para ofrecer otro ejemplo traído de los barcos, las elecciones parlamentarias regionales expresaron un enojo con el gobierno del socialista Pedro Sánchez, pero en una jornada que fue muy distinta a la francesa. En la Península Ibérica las elecciones generaron un enorme interés con un nivel de participación récord, de los más elevados desde 1978. El ausentismo en la segunda vuelta apenas alcanzó el 17 por ciento. Allí, la insatisfacción generó un golpe electoral y una asistencia masiva.
¿Además del ausentismo, cómo se expresó la insatisfacción en las tres provincias argentinas donde hubo elecciones? Si tal enojo generalizado existe, en Misiones, Jujuy y Salta los castigados no fueron los gobiernos locales. El Frente Renovador de la Concordia Misionero ganó con 43% de los votos, el Frente Cambia Jujuy se impuso con el 42% y las dos listas respaldadas por el gobernador Gustavoz Sáenz concentraron el 44% de los votos.
Falta de propuestas e insatisfacción, con ausentismo récord pero con triunfos oficialistas. Parece una contradicción. Pero no necesariamente lo es. La desafección política y el castigo electoral son dos formas de expresión de la decepción. Tal vez acordemos que no hay decepción sino allí donde antes hubo expectativa.
De las tres provincias, sólo en el caso de Salta hay un nuevo gobierno desde diciembre de 2019. En Jujuy, Gerardo Morales va por su segundo mandato y en Misiones, Oscar Herrera Ahuad es la continuidad de una sucesión de mandatos que se inició en 2004 con Carlos Rovira. Las tres administraciones tienen en común que ninguna responde al Gobierno nacional y que las tres hicieron campaña de espaldas a la Casa Rosada.
Los resultados electorales de las tres provincias encendieron todas las señales de alarma en el Gobierno nacional, porque entienden que el mensaje de las urnas puede convertirse en un golpe para la fórmula Fernández-Fernández que decidió plebiscitar su gestión en el único distrito que se identifica plenamente con el Poder Ejecutivo Nacional.
Además de Salta, también hubo en 2019 cambio de “color” en las gobernaciones de Buenos Aires, Tierra del Fuego y Santa Fe. Pero ni Omar Perotti ni el patagónico Gustavo Mellela son “kirchneristas puros”. En el único distrito donde la “expectativa” creada se identifica con el Gobierno nacional es en el territorio bonaerense. De hecho, la campaña del Frente de Todos a nivel nacional es la campaña de los candidatos del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires.
Cristina Fernández advirtió con claridad ese escenario y, como no lo había hecho en lo que va se su actual mandato, salió dos veces a la cancha en la misma semana a tratar de convencer a los bonaerenses de que el partido que empezó el 10 de diciembre de 2019 y “se suspendió a los 5 minutos de empezar” se acaba de reiniciar. Y está arengando a la hinchada para que recupere el entusiasmo. Pero reconoce una debilidad: la pelota volvió a correr cuando llegaron los penales. Necesita convencer al electorado, pero se quedó sin tiempo para que la vean jugar, ya no tiene cómo recuperar las expectativas perdidas.
Lo que resta por ver es si las tribunas, vacías por las restricciones, se expresarán en las urnas o bien si seguirán en silencio porque el club se quedó sin socios.
