Un video, varios llamados al 911 y trascendidos de testigos con pocas intenciones de declarar en el expediente son algunas de las pruebas sobre las que trabajaron a lo largo de una semana los detectives de Homicidios por el crimen de Esteban Emilio Olivera (40), ultimado a balazos por delincuentes que lo asaltaron en Las Heras.

Más allá de la escasa información y las dificultades que se presentaron, los sospechosos fueron identificados y se encuentran con pedido de captura.

Desde un principio, todo apuntaba a que los autores tenían base en el asentamiento Güemes, más por instinto que por pruebas fehacientes que así lo indicaran. Es que la villa de emergencias está ubicada a escasos metros del lugar donde mataron a Olivera.

Ver también: Las pistas para dar con los asaltantes que mataron a un trabajador en Las Heras

Además, en el último tiempo, los hechos de inseguridad habían aumentado notablemente en esa zona y siempre los sospechosos viven en ese complejo.

Hasta los vecinos, cansados de los robos, realizaron un corte y quema de neumáticos tras el homicidio.

Dos de los personajes mencionados como los responsables –se reservan las identidades por pedido de los pesquisas– por los constantes asaltos en la zona empezaron a quedar complicados en el expediente, que lidera el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello.

Fueron diversos nombres los que llegaron a los oídos de los pesquisas, a través de las tareas de campo que realizaron en el asentamiento.

En los días posteriores al asesinato de Olivera, se recepcionaron varias llamadas a la línea de emergencias 911, en las que sindicaban como autores a distintos malvivientes de la zona.

Pero, en algunas de esas comunicaciones, la información coincidía con la que estaban manejando los sabuesos. Apuntaban contra un menor de edad y un joven que le lleva varios años de diferencia, quienes en el último tiempo salían a delinquir juntos, sostiene la información a la que accedió El Sol.

Uno de los puntos preferidos para interceptar a las víctimas eran las inmediaciones de la parada del Metrotranvía, en calle Avellaneda, ubicada a escasos metros del lugar donde mataron a la víctima. Olivera iba a tomar ese transporte para dirigirse a su trabajo en Luján de Cuyo.

A diferencia de su presunto cómplice, el adolescente sospechado por el crimen no tiene domicilio en la villa Güemes, aunque vive en las inmediaciones, por lo que desde hace tiempo mantiene una buena relación con los habitantes del asentamiento.

Además, sus características físicas coinciden con las que aportó el testigo presencial del homicidio, así como también con las que se observan en el video del hecho, captado por una cámara de seguridad de una vivienda particular.

Fuentes allegas al expediente describieron que en la filmación se observa a la víctima caminando hacia la parada del Metrotranvía y a dos sujetos que vienen de frente.

Al pasar cerca de Olivera, uno de los individuos se detiene, extrae un arma de fuego de entre sus prendas –sería una pistola calibre 22– y le apunta al hombre.

La víctima continúa su camino, como intentado evitar la acción delictiva, pero el maleante le propina un primer disparo en una pierna.

Acto seguido, intenta robarle las pertenencias, pero Olivera se resiste y el ladrón le da otro balazo en el pecho, que resultó letal.

A metros de su casa

El pasado jueves 8 de abril, Esteban Olivera realizó su rutina de todos los días. Se levantó temprano y salió de su casa del barrio Almería, en Panquehua, para ir a tomar el Metrotranvía que lo acerca hasta su trabajo, pero jamás espero que a unos 200 metros se iba a encontrar con la muerte.

Minutos después de las 8, una llamada alertó a la línea de emergencias 911 que un hombre había sido baleado en el cruce de calles Sargento Cabral y Avellaneda.

Cuando policías arribaron al lugar, dieron con Olivera tendido en una esquina, con dos balazos: uno en tórax y otro en una pierna.

Los efectivos pidieron una ambulancia del Servicio de Emergencias Coordinado (SEC), pero los médicos sólo pudieron constatar el deceso del hombre.

En tanto, el testigo sostuvo que los autores habían abordado a la víctima con claras intenciones de robo y aportó las características de vestimenta y físicas de los sujetos.