Arriba: la víctima. Abajo: Porras, Pomar, Pérez y Figueroa.

El asesinato de Leonel Ortiz, el niño de 7 años que murió este lunes después de quedar atrapado en un tiroteo en la Villa Junín de Las Heras, volvió a poner en el centro de la escena una de las formas más brutales de la violencia criminal: ataques armados dirigidos contra otras personas que terminan alcanzando a chicos que nada tenían que ver con el conflicto.

En ese contexto, este viernes tendrá un nuevo capítulo judicial uno de los casos más conmocionantes de los últimos años en Mendoza. Se realizará la audiencia preliminar del debate por jurado por el crimen de Isaías Benjamín Rivas, el niño de 10 años asesinado a tiros en Los Corralitos, Guaymallén, en diciembre del 2024.

La causa tiene a seis imputados, acusados como coautores de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. La instrucción fue conducida por la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos, y sostiene que todos participaron de un plan común para atacar a la familia Rivas, aunque no todos hayan sido quienes efectuaron directamente los disparos.

El expediente reconstruyó una escalada de violencia que comenzó por una discusión aparentemente menor y terminó con el niño muerto. Una tijera utilizada para trabajar en un galpón de ajos fue el origen del conflicto. Pero, según la investigación, detrás de esa disputa se produjo una cadena de agresiones, amenazas, disparos y contactos que desembocaron en una represalia armada.

Dos niños, tiroteos y las mismas escenas

El caso de Isaías cobró especial dimensión después de lo ocurrido con Leonel. El pequeño de 7 años fue acribillado este lunes en el asentamiento lasherino después de recibir tres impactos de bala durante un ataque que, según la reconstrucción inicial del caso que lidera el fiscal Oscar Malla, estaba dirigido a sus hermanos.

Los agresores habrían llegado en un auto rojo y perseguido a los sujetos ingresaron a una casa para refugiarse. Allí comenzó una lluvia de disparos.

Leonel estaba dentro de esa casa. Recibió dos impactos en las piernas y otro en el tórax. Fue llevado al hospital Carrillo, pero murió pese a los esfuerzos médicos. La pérdida de sangre fue letal. Antes de ser trasladado alcanzó a decirle a su madre: “Mami, me pegaron”.

La investigación avanzó rápidamente y este martes fue detenido el principal sospechoso, Cristian Alejandro Cabrera Ramírez, de 48 años. El fiscal Malla ordenó su captura después de que los investigadores lograran identificarlo durante la noche y reunieran declaraciones testimoniales que lo ubicaban como sospechoso de haber efectuado los disparos.

La captura se produjo durante la mañana en el barrio San Martín, menos de 12 horas después de su identificación.

En el expediente por Leonel, la hipótesis que comenzó a tomar fuerza es que el ataque habría sido una represalia vinculada a un presunto robo de algunas pertenencias  y hasta drogas en pequeñas cantidades y que los agresores buscaban a los hermanos del niño. El pequeño habría quedado en medio de esa venganza. Algo similar ocurrió con Isaías.

La noche que fueron a buscar a los Rivas

Era el 22 de diciembre del 2024, poco antes de la medianoche. En el Callejón Mortaro, de Los Corralitos, la familia Rivas se encontraba en las inmediaciones de su hogar.

Isaías, estaba sentado en la vereda. Buscaba señal de WiFi y esperaba un pedido de comida cuando llegaron dos vehículos.

La acusación sostiene que se trató de un ataque coordinado. Un Peugeot 206 gris y un Renault Fluence negro llegaron hasta el domicilio. Los vehículos disminuyeron la velocidad y, desde el Peugeot, comenzaron los disparos. Fueron al menos cuatro detonaciones de una pistola calibre 9 milímetros.

Uno de esos proyectiles alcanzó a Isaías en el flanco derecho del tórax. La bala atravesó su cuerpo y le provocó una lesión mortal. El informe de necropsia estableció que murió como consecuencia de un shock hipovolémico (la misma causa que Leonel).

La pericia determinó además que el disparo se realizó desde una distancia superior a los 70 centímetros y que no existieron signos de un disparo a quemarropa. La trayectoria y los restantes indicios fueron compatibles con un disparo efectuado desde un vehículo.

Para los investigadores existe otro dato clave: aunque la iluminación pública de la zona era escasa, la visibilidad no era nula. Las luces de los propios vehículos y los reflectores de las propiedades permitían ver el lugar antes de abrir fuego. Es decir, según la teoría de la fiscal Ríos, los atacantes podían advertir el escenario en el que estaban disparando.

Le pelea por la tijera

La causa ubica el comienzo del conflicto unas 48 horas antes del homicidio. Todo habría comenzado en un galpón de ajos ubicado sobre calle Tabanera y allí entraron en escena todos los protagonistas de la historia.  

Santiago Rivas le había prestado una tijera de podar a Octavio Figueroa. La herramienta se perdió y Rivas reclamó el pago de 60.000 pesos. La discusión fue creciendo.

Durante el mediodía del 22 de diciembre se produjo una pelea entre Santiago Rivas y los hermanos Octavio y Maximiliano Figueroa. En ese enfrentamiento, Rivas golpeó a Octavio y Melisa Muñoz intervino. Pero la disputa no terminó allí.

Durante la tarde, según el expediente, Muñoz exhibió una pistola Glock calibre 9 milímetros para amedrentar a integrantes de la familia Rivas. Más tarde, entre las 19 y las 21, se produjo otro tiroteo en la casa de la suegra de Maximiliano Figueroa.

La noche terminó con el ataque contra la casa de los Rivas.

La acusación sostiene incluso que desde el penal se produjo una comunicación telefónica que terminó siendo determinante para el ataque. Muñoz habría contactado a su pareja, Marcos Pérez Cisterna, quien se encontraba detenido, y desde allí habría surgido la orden para que su hermano Nahuel concretara la represalia.

Los seis acusados

La causa tiene como acusados a Nahuel Agustín Pérez Cisterna, Cristian Marcelo Pomar Moragas, Leonardo Andrés Porras Díaz, Melisa Magalí Muñoz Figueroa, Octavio Nahuel Figueroa y Maximiliano Leonel Figueroa.

Todos están acusados como coautores de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. La teoría fiscal no apunta solamente contra quien habría disparado el arma que mató a Isaías. Sostiene que existió un plan común, con una distribución de funciones entre los integrantes del grupo.

Nahuel Pérez Cisterna habría conducido el Peugeot gris. En ese vehículo también iban Cristian Pomar y Leonardo Porras. Desde allí, según distintos testimonios, se efectuaron los disparos.

Pomar Moragas, conocido como “Enano”, es señalado como quien habría sacado la mano por la ventanilla y disparado con una pistola 9 milímetros. Porras Díaz también viajaba en el Peugeot y fue ubicado por testigos como parte del grupo que llegó para concretar el ataque.

En el segundo vehículo viajaban Muñoz, Octavio y Maximiliano Figueroa. Para el Ministerio Público, su presencia tampoco fue casual: ese auto acompañó al Peugeot durante el ataque y formó parte del despliegue que terminó con la muerte del niño.

Las pruebas que sostienen la acusación

La escena dejó rastros. Los peritos encontraron una vaina servida calibre 9 milímetros Luger, un proyectil deformado y distintos orificios en elementos ubicados frente a la vivienda. Uno de ellos fue detectado a apenas 43 centímetros del piso, mientras que otros permitieron reconstruir la trayectoria de los disparos.

La Fiscalía también cuestionó las explicaciones dadas por algunos de los acusados.

Pomar intentó sostener que había utilizado una Bersa calibre 22 y que había realizado solamente dos disparos, mientras que Nahuel Pérez Cisterna afirmó que no estaba en el lugar y presentó una versión según la cual se encontraba con amigos cuando ocurrieron los disparos. Para los investigadores, esas explicaciones chocan con los elementos balísticos y los testimonios incorporados a la causa.

Justamente, este sujeto es uno de los más complicados. Su nombre ya aparecía en una causa federal por venta de drogas. En el 2021 fue condenado a cuatro años de prisión y una multa de 243.000 pesos por comercio de estupefacientes, después de un juicio abreviado homologado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1.

Aquella investigación había comenzado en mayo del 2020 a partir de una denuncia anónima por presunta venta de drogas en una casa del barrio San Vicente IV, en Los Corralitos, precisamente en la zona donde tenían su base algunos de los protagonistas del expediente por el crimen de Isaías.

Los policías realizaron tareas de vigilancia durante dos jornadas y observaron movimientos compatibles con la venta de estupefacientes. Luego, durante un allanamiento, encontraron 140,5 gramos de marihuana, además de elementos utilizados para acondicionar la droga y dinero en efectivo.

Pérez Cisterna sostuvo durante aquella causa que era consumidor habitual de marihuana. Sin embargo, la Justicia consideró acreditada su participación en la comercialización y la tenencia de droga destinada a la venta.

Ese antecedente no demostró por sí mismo una vinculación entre aquella causa y el homicidio de Isaías. Pero forma parte del recorrido judicial de uno de los principales acusados del crimen.

Después del crimen hubo tiros y fuego

El crimen de Isaías provocó una reacción violenta en el mismo sector. Horas después del hecho de sangre, familiares de la víctima fueron hasta una vivienda vinculada a los presuntos autores. Allí se produjo otro tiroteo y posteriormente las casas fueron incendiadas.

El episodio generó una fuerte presencia policial y volvió a mostrar cómo la violencia se multiplicaba alrededor del asesinato del niño. La investigación, mientras tanto, avanzó hasta llegar a la acusación contra los seis sospechosos.

Ahora, casi dos años después, la causa entra en una etapa decisiva.

Seis acusados en el banquillo

La audiencia preliminar prevista para este viernes será el paso previo al debate por jurado. Allí se terminará de definir el escenario en el que la Fiscalía y las defensas deberán presentar sus posiciones antes del juicio.

La acusación pretende llevar a los seis imputados al debate como coautores del homicidio agravado por el uso de arma de fuego. La teoría fiscal sostiene que todos formaron parte del mismo plan y que la división de funciones permitió ejecutar el ataque.