Luego del reciente fallo de la jueza del distrito sur de Nueva York, Loretta Preska, que ordenó a la República Argentina entregar el 51% de las acciones de YPF como parte de pago en el millonario litigio por la expropiación de la petrolera en 2012, el diputado provincial mendocino Enrique Thomas realizó duras críticas al proceso que, según señaló, fue llevado adelante con “improvisación” y “una mirada ideológica ciega”.
En diálogo con LVDiez, Thomas recordó que fue uno de los pocos legisladores -en aquel momento diputado nacional en el peronismo disidente o no kirchnerista- que votó en contra de la expropiación.
“Era una fiesta con globitos y la Marcha Peronista, como cuando (Adolfo) Rodríguez Saá declaró el default. Pero no había números, no se podía preguntar nada, era todo parte de una gesta patriótica”, describió sobre el clima en el Congreso durante aquella votación que se dio el 3 de mayo de 2012.
A pesar de que su bloque había resuelto rechazar la iniciativa, reveló que varios legisladores cambiaron de postura a último momento. “Felipe Solá y otros cuatro diputados traicionaron la decisión. Fue un acto sin análisis técnico ni legal, solo movido por una consigna nacionalista”, aseguró.
Thomas apuntó directamente contra el entonces ministro de Economía Axel Kicillof, quien lideró el proceso de expropiación. “Decía que había que ser estúpido para respetar el estatuto de YPF. Y es justamente esa frase la que hoy utiliza la jueza Preska como base del fallo que nos obliga a pagar”, subrayó.
El diputado también señaló el rol del Grupo Petersen, de la familia Eskenazi, quienes fueron socios de YPF sin haber desembolsado dinero y luego vendieron su reclamo a fondos buitre. “Encima de no haber puesto un peso, son los que impulsaron el principal juicio contra el Estado argentino”, denunció.
En ese sentido, consideró que la suma de 16.000 millones de dólares podría no ser definitiva, pero sí anticipó que “tarde o temprano vamos a terminar pagando” por el error político y jurídico de hace más de una década.
Para Thomas, el caso es un ejemplo de cómo la ideología mal aplicada puede llevar a decisiones costosas: “Como los españoles no gestionaban bien, la solución era pegarles con un mazo. Pero hoy ese mazo nos vuelve con intereses”.
