La comercialización de vinos varietales, espumantes y mosto experimentó un crecimiento en abril, en relación al mes anterior, según datos provisorios del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). En el cuarto mes del año se comercializaron 311.860 hectolitros de vinos varietales, 1,41 por ciento más que los 307.518 hectolitros de marzo, revela el anticipo del informe del INV correspondiente a abril, que dio a conocer ayer Bodegas de Argentina.
En el caso de los espumantes, se comercializaron en los mercados interno y externo 22.536 hectolitros, 17,23 por ciento más que los 19.224 hectolitros del mes anterior. Y de mosto concentrado se comercializaron 6.517 toneladas, 0,04 por ciento más que las 6.514 toneladas del mes anterior. En cambio, reveló el informe, se redujeron las ventas en el mercado interno y en el externo de los vinos sin mención varietal (-6,77%) y otros vinos (-8,21%). En el acumulado enero-abril, el crecimiento en las ventas de espumantes (17,17%) permitió recortar la caída de las otras categorías.
En los primeros cuatro meses del año se vendieron 69.286 hectolitros de espumantes, 10.153hl más que los 59.132 de igual período del 2009. En esta categoría se incluyen los vinos espumantes, espumosos frutados, vino frizante y cóctel de vinos. Por otro lado, el INV aceptó la variedad de vid lambrusco grasparossa y autorizó la adición de carboximetilcelulosa como práctica enológica lícita. En su resolución 15/2010, publicada en el Boletín Oficial, el INV incorporó al listado de vides cultivadas en el país a la variedad tinta lambrusco grasparossa o lambrusco di castelvetro.
Y en su resolución 14/2010, autorizó como práctica enológica lícita la adición de carboximetilcelulosa para la estabilización tartárica de vinos blancos y espumantes. La dosis utilizada deberá ser inferior a cien miligramos por litro y debe responder a las especificaciones generales fijadas por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). La carboximetilcelulosa es un polímero derivado de la celulosa natural que inhibe la precipitación tartárica por efecto coloide protector, utilizada desde hace muchos años como aditivo alimentario, explicó la norma en sus considerandos.
Este compuesto resulta una “útil herramienta, de fácil aplicación y económica, que permite reducir los costos de consumo energético de otras tecnologías alternativas”. Y asegura al enólogo “el logro de la estabilización tartárica de los vinos de manera competitiva y sostenible y sin modificar el perfil organoléptico de los mismos”. El uso de la carboximetilcelulosa no presenta cuestionamientos en lo que a seguridad alimentaria se refiere, es aceptado por la OIV y la Unión Europea.
