La condena contra el auxiliar primero Juan Adolfo Vega Agüero (42) por violentas golpizas contra detenidos dentro de la Comisaría Décima de Maipú no cerró las investigaciones judiciales en su contra. Por el contrario, abrió una nueva pesquisa sobre el accionar de otros policías que estuvieron de servicio aquellas noches de octubre y noviembre del 2020 y que ahora quedaron bajo sospecha por presunto falso testimonio, encubrimiento y falsedad ideológica de instrumento público.
No solo eso, trascendió que, un día antes del fallo, la semana pasada, el uniformado estuvo involucrado en un nuevo caso de presunto maltrato durante un operativo en Rodeo del Medio.
La resolución firmada por el juez Luis Correa Llano, además de condenar al policía Vega Agüero a 6 años y seis meses de prisión efectiva la semana pasada, tal como reveló este diario (no irá a prisión hasta que el fallo quede firme), también ordenó compulsas para que se investigue el comportamiento de efectivos que, según concluyó, habrían intentado justificar procedimientos irregulares y encubrir las lesiones sufridas por uno de los detenidos.
Inicialmente, el fallo reconstruyó dos episodios ocurridos en 2020 dentro de la dependencia policial ubicada sobre calle Padre Vázquez, en pleno centro de Maipú. Ambos tuvieron como protagonista a Vega Agüero, conocido dentro de la fuerza como “El Carcelero”, quien al momento de los hechos se desempeñaba como encargado de los calabozos.
La primera secuencia ocurrió el 20 de octubre del citado año. Un joven fue aprehendido junto a un amigo luego de un cruce verbal con uniformados que se encontraban comiendo en una panchería cercana a la comisaría. Según se desprendió del debate, la versión policial sobre “sospechosos observando domicilios” fue falsa y armada posteriormente para justificar el procedimiento.
El juez sostuvo en sus fundamentos que tanto los policías Jonathan Gustavo Funes como Marco Antonio Mamaní reaccionaron de manera desmedida luego de que el joven hiciera un comentario mientras pasaba por el local de comidas mientras los efectivos degustaban un pancho. Ambos lo interceptaron, lo redujeron y lo trasladaron a la citada dependencia. A partir de allí comenzó la golpiza.
De acuerdo con la sentencia condenatoria, Vega Agüero recibió al detenido en el hall de la dependencia y empezó a darle cachetadas mientras le gritaba “¿quién soy yo?”. Cada vez que el aprehendido respondía “el oficial”, recibía otro golpe. Luego lo llevaron hasta el sector de calabozos.
Allí, esposado, de rodillas y delante de otros detenidos, continuó siendo golpeado con piñas y patadas. La agresión terminó con una fractura de mandíbula, hematomas en distintas partes del cuerpo y más de un mes de recuperación.
Durante el juicio, que tuvo como fiscal a Andrea Cecilia Lazo, declararon otros presos que presenciaron la secuencia. Uno de ellos relató que escuchó a la víctima decir “me rompiste la mandíbula” mientras Vega Agüero seguía golpeándolo en el piso con sus manos y pies. Otro detenido, aseguró que la diferencia física era evidente y que el policía continuó pegándole cuando ya no podía defenderse.
El “Carcelero” y las golpizas: condenaron a un policía por torturar a detenidos en una comisaría
Dos episodios de extrema violencia dentro de una comisaría del Gran Mendoza ocurridos hace más de cinco años terminaron este miércoles con condenas para dos efectivos policiales que llegaron al debate en libertad. La sentencia, dictada por el juez Luis Correa…
La reconstrucción judicial también dejó bajo sospecha a otros policías de la dependencia.
Correa Llano concluyó que las actas del procedimiento contenían afirmaciones falsas destinadas a encubrir lo ocurrido. En los documentos oficiales se dejó asentado que la víctima se encontraba observando una propiedad: “Verifican la presencia de un sujeto mirando domicilios con aparentes intenciones de cometer algún ilícito, según lo informado por el CEO, el mismo sin resultado positivo”; que había forcejeado violentamente durante la aprehensión y que incluso se había golpeado dentro del móvil policial. Nada de eso pudo sostenerse durante el debate.
“No resulta dificultoso observar que la constancia mencionada resulta a todas luces mentirosa. No existía ningún sospechoso mirando casas ni negocios. El personal policial salió de la dependencia a comer panchos en calle Padre Vázquez, cuando pasan (cita a los jóvenes aprehendidos), y ante una expresión de uno de ellos reaccionaron aprehendiendo a ambos”, se desprende de los argumentos de Correa Llano.
Las cámaras de seguridad incorporadas al expediente mostraron que el detenido fue reducido sin violencia excesiva y que jamás se autolesionó durante el traslado. También declararon policías que participaron del operativo y descartaron golpes dentro de la movilidad.
Uno de los puntos más graves señalados por el magistrado fue la supuesta maniobra para sacar al detenido lesionado de la Comisaría Décima.
Según la sentencia, luego de la golpiza se dispuso trasladar al joven hacia la Comisaría 29° bajo la excusa de que no había lugar para alojarlo. Sin embargo, el juez advirtió en sus fundamentos una contradicción clave: el otro aprehendido permaneció en la Décima y quien terminó derivado fue justamente el joven golpeado.
“Había que sacarse al lesionado de encima”, sostuvo Correa Llano al analizar la secuencia. El traslado terminó siendo decisivo para la causa.
Los policías Jesús Darío Retamales y Luis Romero, quienes debían llevarlo a otra dependencia, notaron que el aprehendido tenía sangre en el rostro, dificultades para hablar y una fuerte inflamación mandibular. En vez de continuar el recorrido, decidieron trasladarlo primero al Hospital Paroissien y luego al Central.
Los médicos confirmaron las lesiones. El Cuerpo Médico Forense constató una fractura de apófisis coronoides derecha y lesiones compatibles con una fuerte agresión física.
La compulsa: el policía apuntado
En su resolución, el juez cuestionó especialmente al oficial principal Jonathan Gustavo Funes, actualmente con funciones en Las Heras, quien declaró en el juicio, tal como destacaron fuentes judiciales a este diario.
Ordenó remitir copias de la sentencia para investigar un presunto falso testimonio al considerar que declaró bajo juramento hechos “contradictorios” y “falsos”. Según el magistrado, Funes sostuvo versiones que ni siquiera fueron respaldadas por Mamaní y que chocaron con los testimonios civiles, las imágenes y la prueba médica.
El efectivo afirmó durante el debate que el joven aprehendido se encontraba drogado y borracho, que merodeaba comercios con intenciones delictivas y que se había autolesionado durante el traslado. También dijo no recordar si estaban comiendo en la panchería al momento del procedimiento.
La sentencia también cuestionó las comunicaciones realizadas al CEO y las anotaciones asentadas en el libro de novedades de la comisaría, donde se intentó instalar que el joven agredido ya estaba golpeado antes de ingresar a los calabozos.
El magistrado entendió que existió una posible maniobra coordinada para encubrir tanto la violenta aprehensión inicial como la posterior golpiza dentro de la dependencia policial.
El otro caso, también complicado
La segunda causa por la que Vega Agüero fue condenado ocurrió apenas semanas después, el 7 de noviembre de 2020. La víctima fue un hombre que había sido detenido por un conflicto familiar por violencia de género y terminó brutalmente golpeado dentro de los calabozos.
Según se acreditó en el juicio, Vega Agüero lo obligó a limpiar vómito del piso con las manos y la remera. Luego comenzó a golpearlo en las costillas y el abdomen hasta dejarlo tirado en el suelo. Mientras la agresión ocurría, Mamaní permaneció en la puerta de los calabozos sin intervenir.
Este detenido sufrió fracturas costales, perforación pulmonar y la destrucción del bazo, órgano que debió ser extirpado en una cirugía de urgencia. El Cuerpo Médico Forense concluyó que las lesiones dejaron secuelas permanentes.
La víctima también declaró que días después Vega Agüero intentó presionarlo para que cambiara su versión y dijera que las heridas habían sido producto de una caída.
Por este segundo episodio, Mamaní recibió una condena de tres años de prisión en suspenso e inhabilitación especial por no impedir la agresión pese a encontrarse presente.
Una nueva denuncia por maltratos
Pero mientras el juicio llegaba a su fin, el nombre de Vega Agüero volvió a aparecer en otro expediente.
La semana pasada, apenas un día antes de conocerse la condena, el efectivo fue nuevamente denunciado tras un procedimiento realizado en Rodeo del Medio. Lo hizo una mujer por presuntas agresiones que sufrió su marido.
Según la denuncia a la que accedió este diario, el auxiliar primero Vega Agüero intervino junto a otro personal de la Unidad Especial de Patrullaje de Maipú en un operativo por resistencia a la autoridad luego de intentar secuestrar una moto durante un control sobre ruta 50.
La versión indicó que un joven conductor de la moto se resistió, golpeó a policías y dañó un móvil policial. En medio del forcejeo, Vega Agüero habría sufrido lesiones en ambas manos y una rodilla.
El motociclista terminó detenido y fue diagnosticado con politraumatismos faciales en el Hospital Paroissien. Esas lesiones habrían sido provocadas por el efectivo cuestionado, quien continuaba en actividad pese al proceso que estaba enfrentando.
Ese expediente también quedó bajo análisis de la fiscal Andrea Lazo: se encuentra en pleno proceso de incorporación de pruebas y deberá determinar en los próximos días si el procedimiento se ajustó a derecho o si existió un nuevo episodio de violencia policial; siempre protagonizado por el mismo efectivo que recibió una condena por golpear detenidos dentro de una comisaría.
