Diego Alejandro Barrera se transformó desde el lunes por la noche en el principal sospechoso de la desaparición de su socio, el empresario Diego Alfredo Aliaga.

Su mujer y los dos hijastros también quedaron a disposición de la Justicia federal por el delito de secuestro extorsivo. Todos fueron imputados por el fiscal Fernando Alcaraz y, por recomendación de su abogado, se abstuvieron de declarar durante la indagatoria.

El miércoles por la noche, luego de reconocer la decisión del Ministerio Público, supieron que la causa estará secreta hasta el martes 18.

Ante esto, no tendrán acceso al expediente que se inició después de un presunto secuestro con fines económicos que sufrió Aliaga el martes 28 de julio. Mientras esto sucede en los Tribunales, la preocupación sigue reinando en los investigadores policiales y también en la familia Aliaga: este jueves se cumplieron nueve días desde que dejaron de verlo.

Barrera es el principal apuntado por los detectives. Su declaración como testigo lo complicó –presentó muchas contradicciones con respecto a las pruebas incorporadas– y una serie de negocios que llevaba con Aliaga desde hace tiempo.

En eso se han enfocado los pesquisas, en desentrañar qué tipo de relación empresarial los unía, más allá de una amistad de poco tiempo: un año.

Para eso fueron a buscar los antecedentes comerciales que tuvieron en los últimos tiempos. Emprendimientos de transporte y también préstamos, además de compra de bienes muebles e inmuebles en conjunto, tal como contaron fuentes policiales y judiciales, forman parte de su mundo de negocios.

Tanto es así que el predio que habían adquirido en Rodeo de la Cruz para levantar un centro de rehabilitación fue el punto inicial del conflicto.

En esa sector se habrían encontrado Barrera y Aliaga la tarde del martes 28 de julio para una inspección municipal y todo terminó en un camino empantanado con un presunto secuestro extorsivo por un millón de dólares a cambio de su liberación, tal como denunció la familia el jueves 30.

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Mientras continúa la búsqueda de Aliaga, quien está divorciado y es padre de dos hijos, Barrera se transformó en uno de los focos de la instrucción.

Supieron que tenía como suyos varios vehículos de alta gama y de transporte –en la AFIP figura su actividad registrada como Servicio de Transporte Automotor de Pasajeros– pero la mayoría no estaba a su nombre.

De acuerdo con lo secuestrado por Investigaciones, tres vehículos utilitarios –la mayoría Renault Kangoo grises–, un VW de los 80 y una moto Honda están a su nombre. Pero uno de los autos más costosos, como un Chevrolet Camaro negro que puede llegar a costar, en promedio, 8 millones de pesos, está radicado en Santa Fe y el titular es un hombre oriundo de Buenos Aires.

Más allá de los autos, la vivienda donde vive Barrera en el exclusivo barrio Dalvian también fue motivo de análisis: de acuerdo con fuentes judiciales y policiales, pertenecía a su socio desaparecido.

De tres plantas y valuada en medio millón de dólares, la propiedad cuenta con una “piscina enorme” y “está ubicada cerca de donde también vive la ex mujer de Aliaga”, agregaron.

También fue motivo de estudio sus roces con la ley. Le hallaron, al menos, tres en el archivo policial (por amenazas y falsa denuncia y también un robo agravado denunciado el año pasado en Guaymallén) pero sin fallos condenatorios en su contra.

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Por su parte, Bibiana Sacolle, quien también fue acusada por el fiscal Alcaraz, estaba más vinculada a una empresa de transportes escolares. Por esa actividad fue escrachada en las redes y en internet por presuntas estafas en el 2015.

A su nombre tiene 21 vehículos, la mayoría utilitarios, y sin hacerlo en el expediente, se desligó de todas las acusaciones cuando fue llevada a la U-32, los calabozos de los Tribunales Federales.

Es más, detallaron fuentes judiciales, no paraba de llorar mientras era transportada. Sus hijos, Gastón (28) y Lucas (26) Curi, también forman parte de las imputaciones como coautores.

El primero figura con dos vehículos, una moto Ducati y un Mini Cooper y el segundo, con tres rodados, entre ellos, un VW Golf.

Todos los bienes son materia de análisis en la Justicia debido a que, se sospecha, podrían estar relacionados con los negocios que montaron con Aliaga en los últimos meses.

Juntos horas antes

Además de las propiedades y los bienes, en la Justicia están investigando las últimas horas de Aliaga y Barrera.

Si bien se conoció que pactaron encontrarse el martes 28 de julio por la tarde, un día antes también estuvieron juntos en la casa de Aliaga.

La reconstrucción sostiene que ambos permanecieron la noche del lunes y la madrugada del martes con un par de mujeres en la vivienda del barrio Palmares y el primero en retirarse fue Barrera.

A las 8 lo hizo Aliaga en una camioneta BMW x6 que le prestó un amigo-vecino y abogado oriundo de Buenos Aires, quien, a su vez, está en pareja con una relatora de la Justicia federal, porque la suya –una Porsche Cayenne–estaba rota, detallaron fuentes de la investigación.

Las cámaras de seguridad captaron a Aliaga saliendo del complejo y luego desayunando con la mujer minutos después.

Luego se dirigió hasta el predio de Rodeo de la Cruz, donde iba a reunirse con su socio. A partir de ese momento, todo es confuso para los detectives.

Desconocen qué pudo sucederle al ex despachante de aduana e iniciaron la investigación como un secuestro extorsivo porque el hermano de la víctima recibió un llamado en el cual le exigían dinero.