Sara Rosales inauguró –en un espacio que considera como su casa– las salas de arte Libertad, en Villa Nueva, en el corazón de Guaymallén, su exposición de pinturas “Ellas, a mi manera“.

La artista ha sido dos veces directora de Cultura en Guaymallén y es una personalidad muy querida por el municipio. Pero, además, sus más de 50 años de trayectoria en las artes visuales, su sensibilidad, su profesionalismo, la belleza y dimensión humana de su obra, la consolidan como una de las más representantes más destacadas del arte mendocino a nivel nacional y mundial.

Dos obras representativas de la exposición, que ahonda en el universo femenino.

La obra está relacionada conmigo. Los rostros no son personas particulares. Es mi forma de expresar mi mundo. Es fruto de la acción, no del pensamiento. No quiero contar o decir algo. Dejo que surja, porque la pintura tiene un lenguaje propio, muy lejano de las palabras. El arte responde a otras leyes”, señaló Sara al hablar sobre esta exposición.

La inauguración se realizó el miércoles y la obra de Sara podrá visitarse hasta el 13 de marzo, de lunes a sábados, de 8 a 20, y domingos, de 9 a 13.

La inauguración

La ocasión reunió a muchas figuras de la cultura mendocina que acudieron a acompañar a la artista. Familiares, amigos, autoridades del municipio y gran cantidad de admiradores se hicieron presentes en el atardecer del miércoles que bendijo la velada con un clima agradable.

Tras las palabras de Sara y de Diego Gareca (secretario de Cultura de la provincia), de Evangelina Mayol (subsecretaria de Cultura de Guaymallén) y de Gabriela Moreno (directora de salas de arte Libertad), al aire libre, en el precioso patio de la casona que alberga la galería de arte, Guaymallén Coral (dirigida por Javier Rodríguez) regaló un ameno y cordial momento musical, que coronó la jornada artística y despertó la ovación de los presentes.

También hubo espacio para el brindis, el recorrido por el espacio y, en definitiva, como soñó Sara antes de que se concretara la muestra, “el reencuentro”.

Feliz, con la generosidad y humildad que siempre caracteriza a los virtuosos, Sara accedió a contestar unas preguntas en exclusiva para diario El Sol.

¿Por qué pintás?

Sin darme cuenta, como en una actitud lúdica, desde muy chiquita me gustaba hacer collage con retacitos de tela que le sobraban a mi mamá, que era modista. Yo los pegaba en el suelo con gotitas de agua, mientras ella trabajaba. Después, como a ella le gustaba el teatro, me llevaba a verlo. También me encantaba leer. Me interesaba todo lo artístico. Estudié Bellas Artes al terminar el secundario, pero al principio no estaba muy definida, me definí ahí, descubrí que era lo mío y me propuse ahondar en la alquimia de la materia para dominar el oficio y buscar la originalidad, tener mi propio estilo.

¿Cuáles son tus rituales cuando creas?

No tengo ninguno, pero creo que no existe la inspiración, no hay que esperar el momento de inspiración, hay que trabajar, la clave es la reiteración. Yo sostengo que es el amante más fiel que uno tiene. Siempre te está esperando. No existen rituales, sino las ganas, la necesidad, la predisposición de pintar. El trabajo, la rutina, la dedicación es lo que te va dando el perfeccionamiento y la seguridad.

¿Qué personas te ayudaron o influyeron en el camino?

Dos enormes profesores del color y del dibujo. Un colorista que era una lujuria en el color: Dardo Retamoza. En dibujo, Mario Vicente, que con el rigor que tenía me hizo incorporar tanto la figura humana que hoy yo puedo trabajar sin modelo. Nos hacía trabajar por ejemplo, un escorzo de una mano varias veces, abierta, cerrada, y de los pies, que son tan difíciles. Me enseñó que todo es trabajo e insistir. Muchos más me influyeron, pero ellos dos me marcaron. Admiro a muchos: Klimt,  Modigliani y Picasso (la época azul y rosa) pero también su etapa cubista, por supuesto. Admiro a un gran poeta popular latinoamericano: Armando Tejada Gómez, que es mendocino. Al gran Carlos Alonso, a Raúl Soldi. Todo lo que admirás te va dando imágenes, vas incorporando todo en tu obra.

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¿Quiénes son “ellas”, las mujeres que pueblan tu obra?

La obra está relacionada conmigo. Los rostros no son personas particulares. Es mi forma de expresar mi mundo. La obra es fruto de la acción, no del pensamiento. No quiero contar o decir algo. Dejo que surja, porque la pintura tiene un lenguaje propio, muy lejano de las palabras. El arte responde a otras leyes. Pienso que esas figuras que están dentro del cuadro se preguntan dónde estoy, por qué estoy, mirando hacia afuera para ver si alguien se los puede responder. Pero en esta muestra en particular, yo quería lograr algo que se cumplió: el reencuentro. Parece que el tiempo me ha regalado lo que pasó aquí, el reencuentro con rostros y amigos tan queridos. Con gente que se acercó y me dijo que me seguía por las redes sociales y quiso venir a conocerme en persona. Agradezco a la Municipalidad de Guaymallén por esta invitación, por la atención. Soy una agradecida de la vida. Un enorme abrazo por lo feliz que me han hecho.

Un fragmento de la presentación de Guaymallén Coral (dirigida por Javier Rodríguez) durante la inauguración.