La escena en calle Las Heras y los policías que hallaron los celulares en zona de la Nave Cultural.

La ruta de la banda que robó 110 millones de pesos de una financiera empezó a reconstruirse con los tres celulares recuperados de las víctimas, un Toyota Etios blanco con una sola patente colocada y las cámaras de seguridad de distintos puntos del microcentro. Los investigadores policiales buscan seguir el recorrido de los delincuentes desde los minutos previos al asalto hasta la fuga, mientras el fiscal de Robos y Hurtos José Manuel García Mango analizaba las pruebas reunidas después del golpe perpetrado este miércoles por la noche, pasadas las 20.30.

Los asaltantes entraron al local de calle Las Heras 219 vestidos con ropa oscura, guantes y los rostros semicubiertos. Uno de ellos exhibió un arma de fuego para reducir a los tres empleados y luego obligó a la encargada a abrir la caja fuerte. Luego los encerraron en el baño. Antes de escapar, se llevaron el dinero y los teléfonos de las víctimas.

Pero la banda dejó una serie de rastros. Uno de los celulares permitió orientar un rastrillaje hacia calles España y Maza, a metros de la Nave Cultural, donde fueron encontrados los tres aparatos sustraídos, tal como reveló El Sol.

En paralelo, los detectives de Investigaciones comenzaron a reconstruir las imágenes captadas por cámaras del local, del sistema de monitoreo del CEO y de comercios de la zona, principalmente de una farmacia cercana a la escena.

En esa reconstrucción aparece otro dato que podría resultar clave en la pesquisa: el Toyota Etios blanco, con vidrios polarizados, que fue utilizado como vehículo de apoyo. El auto circulaba sin la patente delantera, aunque conservaba colocada la trasera. Los detectives determinaban por dónde se movió y quiénes viajaban en su interior.

Se sabe que uno de los integrantes de la gavilla hacía de campana” y de chofer, esperando a que el resto del grupo perpetrara el golpe, que ya había sido planeado, para escapar.

A eso se suma una característica aportada por las víctimas, que fue aportada a la policía una vez que lograron salir del sanitario: uno de los sujetos hablaba con un “acento riojano” y utilizaban radios portátiles para comunicarse.

Son datos que, aislados, no permiten identificar a los sujetos, pero que podrían adquirir un valor cuando sean cruzados con las imágenes, los teléfonos recuperados y el resto de las medidas que iban a desplegarse en la causa, destacaron las fuentes del caso.

Un golpe ejecutado durante el cierre

El asalto ocurrió cuando el local financiero se preparaba para cerrar. El único hombre de seguridad privada ya se había retirado y solamente permanecían tres empleados en el interior. Un dato no menor.

Ese momento fue aprovechado por los delincuentes. Dos hombres ingresaron al lugar con sus rostros cubiertos y guantes. Vestían prendas negras y rápidamente redujeron a los empleados.

Uno de los ladrones se levantó una de las prendas que llevaba puesta y mostró el arma de fuego que tenía a la altura de la cintura. No llegó a extraerla ni a apuntar directamente contra las víctimas, pero la exhibición del arma fue utilizada para imponerles que entregaran sus pertenencias y obedecieran las órdenes.

Primero reclamaron los teléfonos celulares. Los tres empleados debieron entregárselos. Después fueron directamente por el dinero. La encargada de la financiera, de 30 años, fue obligada a abrir una caja fuerte.

De su interior, los asaltantes sacaron una suma que, de acuerdo con la estimación inicial incorporada al expediente, ronda los 110 millones de pesos. Con el dinero en su poder, los dos hombres se retiraron del lugar sin golpear a nadie ni accionar el arma.

Los empleados consiguieron salir del baño una vez que los delincuentes se fueron y dieron aviso al 911. A partir de ese momento comenzó el despliegue policial y la intervención de los efectivos de Investigaciones.

El tercer hombre que esperaba afuera

Una de las primeras reconstrucciones realizadas permitió establecer que los dos hombres que ingresaron al local no actuaron solos. Las víctimas describieron un Toyota Etios blanco, con vidrios polarizados, que se encontraba en las inmediaciones y que fue utilizado para facilitar la huida. La principal sospecha es que el tercer integrante de la banda permaneció en el vehículo mientras sus cómplices ejecutaban el robo.

Uno de los detalles que los investigadores buscaban aprovechar era que el Etios no tenía colocada la patente delantera, aunque sí conservaba la trasera. Así lo notaron cuando vieron las primeras imágenes del CEO.

Esa característica permitió orientar la búsqueda sobre las cámaras que pudieron haber registrado al vehículo. La patente trasera, además, constituye un elemento que puede ser contrastado con las imágenes obtenidas y con bases de datos para establecer si corresponde efectivamente a ese automóvil o si, eventualmente, había sido adulterada o correspondía a otro vehículo. Por eso, una parte del trabajo de Investigaciones está concentrada en seguir el recorrido del Etios.

La geolocalización, una de las claves

Los teléfonos celulares de las víctimas se transformaron rápidamente en otra pieza de la pesquisa. A partir de la información de geolocalización de uno de los aparatos, los policías pudieron establecer un punto de interés en la zona de calles España y Maza.

Hasta allí se dirigió un rastrillaje que terminó con el hallazgo de tres teléfonos. Personal uniformado los encontró cerca de la Nave Cultural.

Los aparatos fueron preservados y posteriormente sometidos a la intervención de Policía Científica. El dato no fue menor. Buscaban establecer qué ocurrió con los celulares desde que fueron sustraídos en el local hasta que terminaron abandonados en ese sector. “Los descartaron porque sabían que era una prueba caliente para encontrar su escondite”, reveló una fuente policial a este diario.

De todas formas, la ubicación de los teléfonos iba a ser cruzada con los registros de cámaras y con el resto de los datos obtenidos durante las primeras horas de la investigación, para conocer el recorrido que realizaron los malvivientes luego de perpetrar el golpe.

Las cámaras detrás de las vías de escape

En paralelo, comenzaron a reunir y analizar imágenes de diferentes puntos. Entre los registros considerados de interés se encuentran las cámaras del propio local, las correspondientes al sistema de monitoreo del CEO ubicadas en las inmediaciones de calles España y Las Heras y las de una farmacia, que captó la llegada del vehículo.

El objetivo no es solamente encontrar el momento exacto en que los delincuentes ingresaron al local. Los investigadores querían reconstruir todo el recorrido.

Quieren saber cómo llegaron los sospechosos, si permanecieron durante algunos minutos en las inmediaciones antes de ingresar, dónde quedó estacionado el Toyota Etios, por qué calles escaparon y en qué momento se perdió su rastro.

Las imágenes también pueden aportar información sobre la vestimenta de los autores, sus movimientos y la participación del supuesto tercer integrante. El análisis de las cámaras se convirtió así en una de las principales líneas de trabajo de la causa.