Terminó la investigación penal preparatoria contra el adiestrador de perros Marcos Herrero, preso e imputado desde principios de diciembre por plantar pruebas en el caso de la desaparición de Viviana Luna en Potrerillos.
El fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello elevó la causa a juicio este martes y notificó a la defensa para que se vaya preparando para lo que resta del proceso. Si bien se puede oponer, es más que probable que el expediente termine en un Tribunal Penal Colegiado.
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Ya no hay más pruebas para producir y el cuestionado hombre, que aseguró haber encontrado restos de la mujer en alta montaña y otros elementos reveladores cuando fue contratado por los hijos de Viviana Luna en setiembre a cambio de 150.000 pesos que fueron pedidos a modo de colecta social, está a un paso de sentarse en el banquillo.
Herrero, oriundo de Viedam, está en la cárcel aunque recibió el beneficio de la detención domiciliaria a mediados de enero.
Le fijaron una fianza real de casi medio millón de pesos pero no alcanzó a reunir el dinero, a pesar de las rifas que viene organizando la familia para recaudar el monto total.
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El “peritrucho”, como lo llaman, está acusado de una batería de delitos: falsa denuncia, falso testimonio, encubrimiento y usurpación de títulos y honores. Se encuentra con prisión preventiva (fijada por tres meses, a vencer en marzo) y pasa sus días en la cárcel de San Felipe, en Ciudad. Arriesga entre seis meses y 25 años de cárcel.
Hace unas semanas, uno de los hijos de Luna declaró a favor de Herrero en una causa de estafa que le había iniciado la fiscalía a raíz del dinero recolectado para abonar sus tareas de rastrillaje en Mendoza.
Esa calificación se cayó gracias a la defensa que hizo el joven. Prácticamente, aseguró que no se sintió estafado por el ex policía.
Lo cierto es que, desde que comenzó la investigación en su contra, Herrero no pudo contrarrestar ninguna de las pruebas presentadas por la fiscalía, que son demasiadas.
Es más, hasta quedó más complicado cuando analizaron las escuchas telefónicas que sirvieron como elemento para sostener que su trabajo estaba basado en un engaño.
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Herrero nunca dio su versión (no declaró) en el expediente y sólo buscó salir de la cárcel apuntando a que las calificaciones que pesaban sobre él eran excarcelables.
Tampoco habló durante las audiencias que se realizaron desde su detención en los Tribunales, siempre con la jueza Mariana Gardey controlando el proceso.
Este miércoles, inclusive, buscó nuevamente zafar de las acusaciones frente a la magistrada –aseguró a través de su abogada que su detención fue ilegal y también pidió la nulidad de la indagatoria “porque no le habían informado la prueba”, entendió– pero nada prosperó.
La magistrada de primera instancia rechazó todos los planteos y hasta le recomendó al imputado y a su representante que los exponga en el debate oral, ya que la causa fue elevada a juicio un día antes, tal como destacaron fuentes judiciales consultadas por El Sol.
El caso y su captura
Marcos Herrero está detenido por plantar pruebas durante el rastrillaje que ejecutó –sin la aprobación de la fiscal Claudia Ríos, que tiene la causa por la desaparición de Viviana Luna desde hace más de cinco años– en diversos sectores de Potrerillos.
La mujer dejó de ser vista en diciembre del 2016 y, en el expediente que instruye Ríos, la hipótesis más fuerte es la de suicidio, por unas cartas que dejó a cada uno de sus hijos.
A pesar de esto, los jóvenes apuntan a que pudo haber sufrido un atentado contra su vida y hasta hablaron de trata de personas (no existen pruebas que confirmen esa teoría).
A fines de setiembre del año pasado, el “peritrucho” contratado por la familia de Luna comenzó a trabajar en una casa abandonada ubicada en Potrerillos (lugar que ya había sido revisado por la Justicia) y aseguró haber encontrado restos óseos y unos papeles con anotaciones varias y nombres de personas del mundo político y judicial.
Desde ese momento, comenzaron las dudas. Y Pirrello, que estaba de turno por aquellos días, ordenó peritar esos rastros.
Los mismos fueron analizados en el Laboratorio de Genética de la provincia y el resultado fue esclarecedor: los huesos pertenecían a un varón y tenían ADN de Herrero en exceso, lo que evidenció que había manipulado la prueba.
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Pero, lo que terminó de hundirlo en la causa fue una comparación que se hizo con otros huesos “encontrados” por el adiestrador cuando desarrolló rastrillajes en Santa Cruz por la desaparición de una mujer llamada Marcela López.
El resultado fue positivo, es decir, los huesos “hallados” en Mendoza y los que estaban en el sur del país pertenecían al mismo cadáver.
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