La investigación federal que desbarató a la banda de los hermanos Chabarría Laime a mediados de junio no solo permitió secuestrar más de tres kilos de cocaína de máxima pureza y detener a los principales sospechosos de integrar una organización dedicada al tráfico de estupefacientes.
Durante uno de los allanamientos, los policías encontraron una pistola 9 milímetros que había sido robada dos años antes a un efectivo de la fuerza. Ese hallazgo derivó en una causa paralela que avanzó a toda velocidad en la Justicia provincial y terminó con una condena contra uno de los señalados integrantes del clan.
Se trata de Ángel Kevin Chabarría Laime, de 28 años, quien recibió una pena de dos años de prisión en suspenso por tenencia ilegal de arma de guerra y encubrimiento. La sentencia fue dictada por la conjueza María Paula Furque, luego de una investigación desarrollada en la Unidad Fiscal de Flagrancia, que tenía a la fiscal Florencia Díaz Peralta de turno.
La resolución puso punto final a la causa local iniciada tras el operativo antidrogas del 11 de junio, aunque el condenado continúa detenido y sometido a proceso en la investigación federal que intenta determinar el alcance de la estructura sospechada y dedicada a la distribución de cocaína en Mendoza y otras provincias de Cuyo, tal como reveló El Sol en un extenso informe.
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La pistola robada a un policía
El expediente reconstruyó que, en una fecha comprendida entre el 30 de mayo del 2024 y el día de las medidas federales, Ángel Kevin Chabarría Laime recibió una pistola Hi-Power calibre 9 milímetros, número de serie 449406, que había sido denunciada como robada por un policía de la Comisaría 31ª de Guaymallén en una causa que fue calificada como robo agravado.
El arma fue hallada en poder del acusado cuando los investigadores de la Policía contra el Narcotráfico (PCN) irrumpieron en la casa ubicada sobre calle Mathus Hoyos al 2100, en Guaymallén, durante una serie de allanamientos ordenados por el juez federal Alberto Daniel Carelli.
Los efectivos revisaron la habitación donde dormía Chabarría Laime y dieron con la pistola dentro de un armario. Tenía colocado un cargador con cinco cartuchos y, de acuerdo con las pericias posteriores, se encontraba apta para el disparo.
Además, los pesquisas constataron que el sujeto no contaba con autorización legal ni documentación para poseerla. También verificaron que se trataba de un arma de guerra de uso civil condicional que figuraba como sustraída desde hacía más de dos años, se desprende de la instrucción.
Con esos elementos, la fiscal de Flagrancia profundizó la instrucción por tenencia ilegal de arma de fuego de guerra en concurso real con encubrimiento, causa que concluyó con una condena en tiempo récord.




El operativo que destapó la causa
Este secuestro fue apenas una de las derivaciones del operativo que terminó con la caída de los hermanos Chabarría Laime, señalados por la Justicia federal como integrantes de una organización dedicada al transporte, almacenamiento y comercialización de cocaína.
La investigación fue desarrollada durante varios meses por la PCN y el Ministerio Público Fiscal Federal, bajo la conducción de la fiscal Patricia Santoni.
Las primeras sospechas surgieron alrededor de una finca ubicada en la zona de Carril Mathus Hoyos y El Limón, en El Bermejo. De esta forma, comenzaron con tareas de inteligencia, vigilancias discretas y seguimientos luego de recibir información sobre presuntas maniobras vinculadas al comercio de estupefacientes, siempre con personajes que ya habían sido investigados y tenían pasado carcelario por temas vinculados con tema de drogas.
Pronto detectaron un movimiento constante de vehículos que llegaban al lugar, permanecían pocos minutos y se retiraban. Algunos eran de alta gama. Por lo que detallaron las fuentes del procedimiento, aquella dinámica no respondía a la actividad habitual de una casa familiar.
Con el avance de la pesquisa identificaron como principales sospechosos a los hermanos Héctor Alfredo, de 39 años; Néstor “Negro” Fabián, de 40; y Ángel Kevin Chabarría Laime.
La hipótesis de la fiscalía era que los tres integraban una organización que distribuía cocaína de máxima pureza en Mendoza y abastecía también a compradores de otras provincias, principalmente San Luis.
El seguimiento que confirmó las sospechas
Uno de los episodios que terminó de consolidar la investigación ocurrió cuando los policías siguieron a Cristian David Pereira, un celador domiciliado en el barrio San Martín. Observaron cómo el hombre ingresó a una de las propiedades vinculadas con los hermanos Chabarría Laime y permaneció allí varios minutos.
Cuando abandonó el lugar, comenzó un seguimiento que terminó con su detención antes de llegar a su domicilio. Pereira descendió del rodado e intentó escapar corriendo, aunque fue reducido a pocos metros.
Durante la requisa, los efectivos encontraron cocaína oculta dentro de uno de los filtros de aire del motor de su Ford Focus. La droga llevaba el denominado “sello del delfín”, una marca que suele aparecer en cargamentos de máxima pureza que ingresan desde el norte del país.
La captura aceleró la etapa final de la pesquisa. Con las pruebas reunidas, autorizaron una serie de allanamientos simultáneos que permitieron detener al resto de los sospechosos.
También fueron arrestados Javier Justo Ontiveros y Diego Javier Lucero, ambos con domicilio en San Luis, quienes, según la acusación, habían viajado a Mendoza para adquirir cocaína y trasladarla posteriormente a esa provincia.
En total, los procedimientos permitieron secuestrar 3,3 kilogramos de cocaína, teléfonos celulares, documentación considerada de interés para la causa, tres vehículos y la pistola 9 milímetros robada al efectivo policial.
Durante la audiencia de formalización, el auxiliar fiscal federal Juan Manuel González sostuvo que la organización actuaba de manera coordinada y con funciones diferenciadas para almacenar, distribuir y comercializar estupefacientes, motivo por el cual todos quedaron imputados por delitos vinculados al narcotráfico agravado por la participación organizada de tres o más personas.
Posteriormente, el juez federal Marcelo Garnica ordenó la prisión preventiva de los seis detenidos.
Un apellido conocido en el ambiente narco
La causa también volvió a poner sobre la mesa un apellido que ya había aparecido años atrás en una importante causa federal. Uno de los hermanos, Néstor Fabián “el Negro” Chabarría Laime, había sido condenado en el 2017 por integrar una organización dedicada al tráfico internacional de marihuana y cocaína.
Los trabajos investigativos, desarrollados por Gendarmería Nacional durante casi un año, permitieron reconstruir una maniobra destinada a trasladar cerca de 80 kilos de marihuana hacia Chile.
Las escuchas telefónicas incorporadas al expediente revelaron conversaciones en clave entre Chabarría Laime y un ciudadano chileno identificado como Frank. Para quienes trabajaron el caso, cuando hablaban de un supuesto departamento de “80 metros cuadrados”, en realidad hacían referencia a un cargamento de 80 kilos de droga.
El operativo finalizó con allanamientos en el barrio San Martín y otros puntos del Gran Mendoza. En la casa del Negro Chabarría encontraron casi 80 kilos de marihuana ocultos en un vehículo, más de un kilo de cocaína escondido en el cielo raso de un baño, dinero en distintas monedas, celulares y varios vehículos utilizados por la organización.
El Tribunal Oral Federal Nº2 terminó condenándolo a siete años y seis meses de prisión por comercio de estupefacientes agravado por la participación organizada de tres o más personas y por tenencia de cocaína con fines de comercialización.
El vínculo con el “Oso” Argumedo
Aquella investigación también permitió reconstruir los contactos que la organización mantenía con el ambiente narco chileno. Los detectives establecieron que los compradores trasandinos respondían a Enrique “el Oso” Argumedo, un histórico delincuente mendocino condenado décadas atrás por el asalto al Banco Nación de Medrano y posteriormente vinculado con el tráfico internacional de drogas.
De acuerdo con la instrucción federal, Argumedo coordinaba desde la cárcel distintos contactos para acondicionar vehículos y facilitar el traslado de estupefacientes entre Argentina y Chile.
Ese antecedente convirtió al apellido Chabarría Laime en un nombre conocido para los investigadores.
