El hombre de 42 años fue ultimado la madrugada de este domingo.

El llamado al 911 ingresó este domingo a la madrugada cuando en el barrio Sargento Cabral, de Las Heras, solo se escuchaban gritos, corridas y detonaciones. Habían pasado pocos minutos de las 2.30, y policías encontraron a un hombre tendido sobre un puente, con el rostro completamente cubierto de sangre y respirando con dificultad. A simple vista no pudieron identificarlo. La gravedad de las lesiones le había desfigurado la cara.

Con el correr de las horas, la investigación del fiscal de Homicidios Oscar Malla comenzó a reconstruir quién era esa víctima y qué había ocurrido en los minutos previos. El hombre terminó siendo identificado como Santiago Luis Ramírez, alias el Feo, un exconvicto de 42 años que había recuperado la libertad hacía poco años luego de cumplir una condena por dos homicidios y un robo agravado y otros delitos. Tenía tres hijos.

Nadie reclamó inicialmente su cuerpo y la instrucción apuntaba a un posible ajuste de cuentas. El motivo del ataque era lo que más preocupaba a los pesquisas, ya que podría estar relacionado con algunos hechos delictivos.

La secuencia comenzó a la hora citada. Una joven que vive a pocos metros del lugar declaró que estaba descansando cuando escuchó gritos, personas corriendo y, segundos más tarde, lo que interpretó como varios disparos de arma de fuego.

Al salir de su casa, observó dos escenas que llamaron su atención: un VW Gol blanco estacionado frente a su domicilio, vehículo que aseguró no reconocer, y un hombre tendido sobre la vereda de enfrente. Cuando arribó el primer móvil policial, los uniformados confirmaron que el cuadro de salud de la víctima era crítico.

Ramírez estaba en decúbito dorsal, prácticamente inmóvil. El rostro aparecía cubierto de sangre y los efectivos advirtieron que apenas podía respirar. En un primer momento, ni siquiera lograban determinar con precisión todas las lesiones que presentaba porque la cabeza estaba completamente ensangrentada.

Los médicos del Servicio de Emergencias Coordinado (SEC) confirmaron que presentaba una herida de arma de fuego en el abdomen y lo trasladaron de urgencia al Hospital Central. Ya en el nosocomio, los médicos detectaron además un disparo que había ingresado por la región frontal derecha y salido por el lado izquierdo del cráneo.

Mientras luchaban por salvarle la vida, personal de Homicidios intentó identificarlo mediante distintos sistemas, incluso biométricos, sin éxito. La violencia de las heridas complicaba cualquier reconocimiento. La muerte recién fue constatada a las 5.38.

Una escena con más preguntas que respuestas

A medida que avanzaron las pericias, la escena comenzó a revelar detalles que profundizaron el misterio.

Los investigadores establecieron que el cadáver había quedado tendido junto a un pequeño puente, muy cerca del VW Gol blanco que permanecía estacionado en el lugar y cuya relación con el homicidio todavía intentaba determinarse. El vehículo no presentaba medidas pendientes y figuraba registrado a nombre de otra persona, un joven que también comenzó a ser investigado.

Uno de los datos que más llamó la atención fue que a muy pocos metros de donde quedó el cuerpo reside una pareja de policías. De acuerdo con fuentes ligadas al caso, los efectivos permanecieron dentro de la propiedad y “jamás” salieron del domicilio.

Las pericias también permitieron secuestrar una vaina servida, elemento considerado clave para futuros cotejos balísticos. En paralelo, los detectives comenzaron un relevamiento puerta por puerta en busca de testigos que pudieran aportar información sobre los agresores o los movimientos previos al crimen. El trabajo no resultó sencillo.

La zona no presentaba cámaras de seguridad públicas y tampoco encontraron en un primer momento registros privados que hayan captado el ataque, por lo que la reconstrucción dependía casi exclusivamente de los testimonios vecinales.

La cocaína, el celular y las pertenencias intactas

Las inspecciones sobre el cuerpo aportaron otros elementos que inicialmente no formaron parte del expediente. Dentro de la campera que vestía Ramírez, encontraron una bolsa con una importante cantidad de un polvo blanco que, de acuerdo con las primeras apreciaciones, sería cocaína.

Además, llevaba consigo un teléfono Motorola verde, que fue secuestrado para ser sometido a peritajes y reconstruir sus últimas comunicaciones.

Las fuentes consultadas por El Sol remarcaron otro dato considerado relevante: no le robaron nada. El dinero, el teléfono y la sustancia permanecían entre sus pertenencias, situación que fortaleció la hipótesis de que el móvil del ataque no estuvo relacionado con un robo.

La violencia extrema del ataque

Quienes participaron de las primeras actuaciones describieron una escena de una violencia inusual. La cabeza de Ramírez presentaba daños severos. Tenía el rostro completamente desfigurado, abundante sangre alrededor del cráneo, la nariz fracturada y los ojos sobresalidos producto de la gravedad de las lesiones.

Los investigadores también observaron que expulsaba sangre por la boca mientras agonizaba. Con esos elementos, la fiscalía intentaba establecer cuál fue la verdadera secuencia del ataque.

Una de las teorías sostiene que primero recibió los disparos y posteriormente fue golpeado de manera brutal hasta desfigurarle el rostro. Otra hipótesis plantea exactamente el recorrido inverso: que la feroz golpiza ocurrió antes de que le efectuaran los disparos.

Lo que sí está confirmado es que presentaba un balazo en la cabeza y otro en el abdomen. Vecinos aseguraron haber escuchado cuatro detonaciones, aunque solo fue localizado un casquillo en el teatro del hecho.

Un viejo conocido de la Justicia

La identificación de la víctima modificó por completo el escenario de la investigación.

Ramírez había nacido el 16 de marzo de 1984 y era conocido en el ambiente delictivo como el Feo. Oriundo del barrio Sargento Cabral y con último domicilio en el San Martín de Ciudad (también vivió en el La Gloria de Godoy Cruz y el Chavane de Guaymallén), acumulaba un extenso historial criminal y era considerado por investigadores como un hombre con importantes vínculos dentro del mundo del delito.

Acumulaba un extenso historial delictivo que se remontaba a principios de la década del 2000. Registraba antecedentes por robos agravados, tentativa de ese delito, abuso de armas, portación ilegal de arma de fuego y otros delitos contra la propiedad.

Su prontuario también incluía causas por homicidios agravados por el uso de arma de fuego, también tentativa, además de un expediente por encubrimiento por receptación dolosa en concurso real con uso de documento falso, iniciado en 2022. Presentaba reiterados ingresos al sistema penal.

El Feo fue condenado a 14 años de prisión

    La Justicia encontró culpable a Santiago Ramírez, alias el Feo, de haber matado a dos personas y de un robo agravado, y lo condenó a 14 años de prisión. En un juicio abreviado, desarrollado en la Tercera Cámara del Crimen,…

En un juicio abreviado desarrollado en la entonces Tercera Cámara del Crimen a principios de junio del 2010, fue condenado a 14 años de prisión por dos homicidios y un robo agravado, tal como publicó El Sol por aquellos días.

La sentencia lo encontró responsable del asesinato de Miguel Ángel Farías, cometido el 30 de marzo de 2009 en el barrio San Martín, el ambiente por donde actualmente se movía. La víctima fue hallada dentro de una acequia con disparos en el abdomen y en la cabeza.

El segundo crimen tuvo como víctima a Luis Torres en Las Heras: este joven de 19 años fue acribillado con ocho balazos el 15 de mayo de ese mismo año. Luego del ataque, el Feo escapó y generó una persecución policial llena de tensión durante varios minutos, chocando contra un árbol. Ese día terminó tras las rejas.

También acumuló detenciones, libertades y nuevas imputaciones por robos agravados, abuso de armas y otros delitos, convirtiéndose en un habitual conocido de la Justicia provincial.

Tras la sentencia, fue alojado en el complejo Boulogne Sur Mer y luego trasladado a Almafuerte, en Cacheuta.

Después de casi once años detenido, el Servicio Penitenciario comenzó a incorporarlo a un régimen de progresividad. En marzo del 2021 fue derivado a la Unidad XIV de Régimen Abierto y, el 24 de junio de ese año, obtuvo la libertad condicional por disposición del Juzgado Penal Colegiado N°2.

Sin embargo, un año más tarde volvió a ser detenido, esta vez en una causa por encubrimiento, relacionada con la presunta receptación de un vehículo, la adulteración de chasis y motor, la falsificación de la chapa patente y el uso de documentación falsa.

Ingresó nuevamente al sistema penitenciario en junio del 2022, aunque recuperó la libertad en octubre de ese mismo año luego de ser absuelto por el Tribunal Penal Colegiado N°1. Esa fue la última vez que pasó por una cárcel antes de ser asesinado.

La principal hipótesis

Por lo que detallaron las fuentes, no había sospechosos detenidos por el caso ocurrido este domingo.

La investigación que conduce el fiscal Malla se concentra en reconstruir las últimas horas de Ramírez, determinar con quién se encontraba antes del ataque, establecer si el Gol blanco tuvo alguna participación en el hecho y analizar la información que pueda extraerse del teléfono secuestrado.