María Fernanda Prado y Miguel Osvaldo Cardozo. Las capturas de video de las mecheras en Ciudad.

Este martes, minutos antes del mediodía, el movimiento en la zona bancaria de Mendoza se mezclaba con el murmullo de transeúntes y oficinistas. Frente a la plaza San Martín de Ciudad, dos mujeres nacidas en Córdoba y otras dos en Tucumán caminaban como si nada entre decenas de personas, cruzando miradas delictivas cómplices.

No sabían que personal policial de cámaras del CEO ya las tenía en la mira. Minutos después, quedaron detenidas en la intersección de Necochea y España: eran “mecheras”, especialistas en hurtos al descuido, acusadas de aprovechar aglomeraciones para vaciar bolsos y carteras con dinero, especialmente de las víctimas que marcaban de las entidades financieras. El modus operandi quedó al descubierto gracias a lo que registraron los aparatos.

Las cordobesas Melisa Andrea González y Fiamma Lobos, de 31 y 25 años, fueron las primeras identificadas. Luego le siguió Carolina Verónica Oliva (46), de Tucumán. La cuarta y útima fue María Fernanda Prado, de 36 años y también oriunda de esa provincia. Su nombre no resonaba hasta ese momento entre los uniformados porque no la tenían pedida por otra causa, pero para los efectivos que trabajan casos de robos y hurtos en Investigaciones no era una desconocida.

Prado es pareja -o esposa, según las primeras precisiones- de Miguel Ángel Cardozo, un tucumano de 47 años que el año pasado fue detenido junto a otros dos hombres, acusado de participar en un asalto domiciliario en Guaymallén. Actualmente se encuentra tras las rejas como miembro de una asociación ilícita que tiene a un policía con destino en la Comisaría 44ª del barrio Unimev como señalado líder.

Miguel Ángel Cardozo.

El hecho de inseguridad que permitió la captura de Cardozo ocurrió el 23 de agosto de 2024, pasadas las 21, en una propiedad de calle Nazarre. Según la denuncia, la dueña llegó a su casa con otras personas y encontró un Renault Logan rojo con vidrios polarizados estacionado en la puerta, el portón abierto y a un sujeto en el interior mirando por la ventana.

Al advertir la presencia de las víctimas, tres individuos -encapuchados, con guantes y aparentemente armados- huyeron en el vehículo. Sustrajeron dos notebooks HP, una mochila escolar, un celular Samsung A22 nuevo en caja, una plancha de pelo y otros elementos. Horas después, gracias al aviso de un vecino, personal policial interceptó el rodado (con patente adulterada) y detuvo al citado Cardozo, a su cuñado, Joaquín Ledesma Prado y Claudio Montoya Molina.

El Renault había sido robado dos meses antes, también en Guaymallén, durante otro golpe en el que sustrajeron computadoras, celulares y equipos de seguridad.

La historia que en estas horas vuelve a unir los nombres de Prado y Cardozo es vital para la megacausa que lidera el fiscal José Manuel García Mango.

En septiembre de 2024, durante un procedimiento realizado solicitado a raíz del golpe en calle Nazarre, a la señalada “mechera” María Fernanda Prado, que compartía domicilio con Cardozo, le secuestraron miles de dólares y tres teléfonos celulares, entre ellos, el que usaba cotidianamente. Lo que parecía un elemento más en una larga lista de incautaciones terminó siendo la llave para abrir la investigación mayor.

Efectivos de Investigaciones analizaron el aparato, marca Samsung, y recuperaron mensajes, fotos y audios que permitieron revelar el funcionamiento de una red de robos domiciliarios tipo escruche, entraderas y salideras con un miembro clave: el oficial inspector Sergio Joel Antúnez (33).

Con esa información, los detectives unieron las piezas: Cardozo y Prado tenían contacto frecuente mientras el hombre estaba en la cárcel. Y también hablaban de las causas. Lo hacían con otros sospechosos, coordinando horarios y ubicaciones y hasta pedidos de dinero. Por su parte, las pruebas sirvieron para terminar de cerrar las sospechas de que Antúnez presuntamente “liberaba la zona” para que la banda, que tenía a varios integrantes, actuara sin obstáculos.

Al mismo tiempo, también se analizaron escuchas que le habían realizado a la madre de Prado gracias a la causa del robo en calle Nazarre. El material obtenido permitió acceder a comunicaciones con su hija y otros miembros de la banda, revelando vínculos directos entre los detenidos y actividades delictivas. En los diálogos se discutían ingresos de celulares al penal (para Cardozo) y la participación y rol de Darío “Huevo” o “Hitman” Zuleta, quien mantenía contacto seguido con el policía Sergio Antúnez, se desprende de la instrucción policial y judicial.

Las comunicaciones interceptadas también revelaron que los implicados estaban al tanto de la intervención policial y buscaban proteger ciertos elementos, como notebooks, armas de fuego y dinero.

En los mensajes se mencionaba que los dispositivos celulares fueron parcialmente resguardados por una de las mujeres, mientras que otros bienes habían sido sustraídos y escondidos por los responsables, como la citada “planchita” de pelo sustraída.

Justamente, el teléfono de Prado contenía 2.416 contactos, incluyendo a Cardozo y otros presuntos miembros de la red. Los investigadores lograron identificar comunicaciones con uno agendado con el alias de “Mendocino 2” y también con “Don Chingolo” (sería Leonardo Darío Salinas Pedroza), vinculados directamente a la banda que al parecer tenía como máximo referente a a Antúnez.

La mujer solicitaba dinero y coordinaba movimientos de bienes. Casi todos los mensajes enviados a esas personas fueron eliminados del dispositivo. María: “Buenas noches, don. Me pasó me pasó su número Gabriel. Me dijo que había dejado no sé si en su casa, o le había dejado a ud la camioneta de mi marido y las pertenencias de ellos”, señala una de las conversaciones con el contacto Mendocino 2.

La mujer realizó varios llamados al contacto Don Chingolo, que sería Salinas Pedroza. De todos los mensajes recuperados o que se pudieron transcribir, por lo general, la señalada “mechera” hablaba de los detenidos Ledesma (hermano), Montoya y Cardozo.

En uno de los diálogos, del 3 de setiembre, Prado le pidió a Chingolo dinero. “Hola señora. ¿Cómo le va? Buenas tardes. Eh, ahí le pregunto al chico si tiene Mercado (Pago), el que anda conmigo y el puede transferir con éxito. ¿Cuánto necesita?”, le respondió.

Según las pruebas recolectadas después de que se inició la investigación contra la banda, en marzo, Antúnez habría facilitado protección y apoyo logístico. Las escuchas y los teléfonos secuestrados permitieron avanzar en la identificación de los integrantes y comprender el modus operandi de esta organización que operaba en Mendoza.

Zona liberada en Guaymallén

La investigación policial y judicial reveló una presunta organización criminal con base en la Comisaría 44ª liderada por el oficial inspector Sergio Antúnez, de 33 años y conocido como “Gordo Joel” o “Cachi”.

Según los trabajos de los pesquisas, Antúnez utilizaba su cargo para facilitar robos domiciliarios y entraderas, compartiendo información privilegiada con integrantes de la banda y coordinando la logística de los golpes, incluso proporcionando chalecos policiales para simular procedimientos.

Hasta esta semana, se encontraban detenidos varios sospechosos de integrar la organización, mientras otros permanecen prófugos. Policías retirados están en la mira.

El caso, revelado por El Sol, comenzó a raíz de un aviso recibido en Investigaciones a mediados de marzo, cuando un auxiliar de la citada dependencia del barrio Unimev de Guaymallén contó que Antúnez estaba implicado en actividades delictivas desde hace años.

Entre la información que aportó se mencionaba que el oficial inspector tenía en su poder un dron robado y planeaba un robo contra una empresaria trans de la noche mendocina. Posteriormente, aportó detalles sobre cómo Antúnez establecía vínculos con los detenidos y les proporcionaba datos de objetivos, consolidando la existencia de la banda.

Lo hizo también en sede judicial frente al fiscal García Mango y hasta se transformó en una especie de “topo” de los policías de la División Robos y Hurtos (RyH) de Investigaciones, debido a que hasta grabó con su teléfono al oficial inspector para intentar confirmar el modus operandi.

La causa tiene a varios imputados por asociación ilícita. Algunos cayeron el año pasado luego de los golpes y otros hace pocos meses, cuando el caso se profundizó en RyH.

Están los citados Claudio Daniel Montoya, alias “Cordobés” (40), Miguel Osvaldo Cardozo (47), Leonardo Darío Salinas Pedroza (37), Jesús Sebastián Rodríguez Quiroga (41) y Lucas Antonio Hernández Leyes, además del reconocido Darío Emiliano Zuleta Sosa (42), quien ya contaba con antecedentes por robos violentos.

Algunos ya se encuentran detenidos, mientras que otros siguen siendo buscados por la Justicia. También está sospechado Joaquín Héctor Ledesma Prado. Creen que cometieron, en un par de años, una veintena de golpes.

El expediente habla de varios robos facilitados por Antúnez, como el cometido el 27 de junio de 2024 en calle Darwin, Guaymallén, donde se sustrajeron 12 mil dólares, una computadora, cámaras, relojes y un dron DJI.

También se investigó el asalto para sustraer la recaudación de una estación de servicio YPF el pasado 21 de abril y un asalto a un domicilio donde la víctima había sido vinculada por un caso de violencia de género, lo que permitió corroborar que Antúnez utilizaba su posición para ganarse la confianza de detenidos que pasaban algunas horas en la Comisaría 44ª y coordinar los delitos desde dentro de la fuerza.

El 30 de mayo se iniciaron formalmente los allanamientos, que incluyeron el domicilio de Antúnez en Maipú y varias comisarías. Luego de las capturas, el caso estuvo secreto. Durante los procedimientos se secuestraron celulares, cámaras, dinero en efectivo y otros elementos vinculados a los delitos investigados.