Los restos hallados enterrados el 23 de de mayo: creen que podrían ser de Juan Manuel Araujo.

Durante más de tres años, la investigación por la desaparición de Juan Manuel Martínez Araujo avanzó entre testimonios contradictorios, llamados extorsivos, allanamientos sin resultados concluyentes y una certeza que, puertas adentro de la pesquisa, nunca dejó de estar presente: que el hombre de Perdriel no se había ido por sus propios medios y que detrás de su ausencia se escondía un crimen.

En los últimos días, un hallazgo ocurrido en Luján de Cuyo amenaza con cambiar por completo el rumbo del expediente y podría convertirse en la prueba que los detectives buscaron durante todo este tiempo.

El 23 de mayo, obreros que realizaban una excavación para la instalación de una red cloacal encontraron restos óseos humanos enterrados sobre calle Moldes, entre Cochabamba y ruta 15, tal como reveló este diario.

La novedad activó de inmediato un procedimiento judicial y científico de máxima relevancia. Lo que inicialmente apareció como un hallazgo aislado comenzó rápidamente a cruzarse con una de las causas de desaparición más resonantes de los últimos años en Mendoza. Todo comenzó a trabajarse con total reserva.

A pesar de esto, de acuerdo con la información reunida por El Sol, los investigadores policiales y judiciales comenzaron a sospechar seriamente la posibilidad de que esos restos pertenezcan a Martínez Araujo, el hombre de 32 años que fue visto por última vez el 3 de enero del 2023 y cuyo paradero continúa siendo un misterio.

La causa por el hallazgo quedó inicialmente en manos de la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta. Sin embargo, tras su reciente traslado a la Unidad Fiscal de Flagrancia, la instrucción pasó a ser encabezada por el fiscal Oscar Malla.

Paralelamente, el expediente principal por la desaparición continúa bajo la órbita de la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos, quien desde hace más de 36 meses dirige la compleja causa que nunca logró establecer qué ocurrió con el joven.

Fuentes con acceso directo a la investigación explicaron que el hallazgo es considerado de extrema importancia y que existe una expectativa concreta respecto de los resultados de las pericias que actualmente desarrollan especialistas en antropología forense. El objetivo principal es determinar la identidad de los restos, pero también establecer las circunstancias y las posibles causas de la muerte.

Las mismas fuentes fueron aún más contundentes al describir el escenario encontrado. Según señalaron en las últimas horas, la disposición de los huesos y las condiciones en que fueron encontrados permiten presumir que se trata de una persona que fue asesinada y posteriormente enterrada en ese lugar. Esa hipótesis deberá ser ratificada o descartada por los estudios científicos que se encuentran en marcha.

Los trabajos son realizados por antropólogos forenses y especialistas del Ministerio Público Fiscal. Una de las ventajas con las que cuentan los investigadores es que el perfil genético de Martínez Araujo ya se encontraba incorporado a las bases de datos oficiales debido a que había estado imputado en otra causa judicial antes de su desaparición, una golpiza que hubo en Chacras de Coria en setiembre del 2021.

Esa circunstancia podría acelerar los cotejos de ADN necesarios para establecer si existe correspondencia entre los restos encontrados y su perfil genético, siempre y cuando puedan extraerlo.

De todas maneras, las fuentes agregaron que el proceso demandará tiempo. Los análisis de laboratorio, la reconstrucción antropológica y las pruebas genéticas podrían extenderse durante varias semanas antes de arrojar resultados definitivos.

Mientras tanto, otro dato alimenta las sospechas de los sabuesos policiales y judiciales. El lugar donde descubrieron los restos se encuentra en una zona que ya había aparecido mencionada durante la pesquisa y, según trascendió, cerca de allí reside uno de los sospechosos que fue apuntado en distintas líneas investigativas desarrolladas a lo largo de estos años, conocido como el “Gordo Matías”.

Aunque hasta no existen imputaciones vinculadas a la causa, la coincidencia geográfica es observada con atención por los pesquisas de la División Homicidios de Investigaciones. Es más, fueron los policías los que insistieron con la teoría de los huesos y la relación con que podría tratarse de Martínez Araujo.

Si los estudios científicos confirman que los restos pertenecen al hombre desaparecido, la causa podría experimentar un giro de 180 grados.

No solo porque permitiría cerrar una larga búsqueda marcada por la incertidumbre, sino porque fortalecería una hipótesis que sostuvieron desde prácticamente el inicio: que el joven fue víctima de un ataque y que posteriormente su cuerpo fue ocultado para evitar el esclarecimiento del hecho.

Policía Científica trabajando en el lugar donde encontraron los restos.

Una desaparición rodeada de interrogantes

La noche del 3 de enero de 2023 fue la última vez que Martínez Araujo fue visto con vida. Su padre, Manuel Domingo, declaró que salió de la casa familiar ubicada en el barrio Jardines de Brandsen, en Perdriel, acompañado por un amigo conocido como Richard, con quien realizaba changas y trabajos vinculados a la mecánica automotor.

Vestía una remera gris clara, bermuda y zapatillas blancas. Un detalle que llamó la atención desde el primer momento fue que dejó en su casa documentación personal y otros elementos de uso cotidiano, una circunstancia poco compatible con una desaparición voluntaria.

A partir de allí comenzó una pesquisa interminable. Declararon familiares, amigos, vecinos, conocidos y personas que aseguraban haber tenido algún tipo de información sobre su paradero. Se realizaron careos, intervenciones telefónicas, análisis de teléfonos celulares y allanamientos en distintos puntos de Luján, siempre también con la participación de los abogados querellantes Franco Migliavacca y Emiliano Marlia.

Una de las principales líneas investigativas apuntó hacia conflictos vinculados al entorno personal de Martínez Araujo. En el expediente aparecieron referencias a discusiones previas, amenazas y posibles disputas relacionadas con drogas y dinero. También se buscó determinar la participación de personas que integraban su círculo más cercano.

Los pesquisas incluso llegaron a secuestrar teléfonos y analizar rastros hemáticos hallados durante procedimientos, incluso en la casa del Gordo Matías. En un momento creyeron estar cerca de una prueba decisiva, pero los resultados genéticos descartaron que aquellas manchas correspondieran al joven desaparecido.

A medida que transcurrían los meses, el caso se fue poblando de episodios extraños. Hubo personas que aseguraron haberlo visto con vida en distintos lugares de la provincia. Otras dijeron conocer quién lo había secuestrado. Algunas intentaron cobrar dinero a cambio de información. Ninguna de esas pistas permitió avanzar hacia una respuesta concreta.

La familia fue una de las principales víctimas de esa situación. El padre de Martínez Araujo denunció llamadas anónimas de individuos que afirmaban saber dónde estaba su hijo y exigían dinero para brindar datos.

También dieron con mensajes en redes sociales donde desconocidos reclamaban cifras millonarias a cambio de supuesta información sobre su paradero. Nada de eso condujo a una prueba real.

Una recompensa millonaria que sigue vigente

La trascendencia que alcanzó el caso llevó incluso al Ministerio de Seguridad a ofrecer una recompensa de 12,5 millones de pesos para quienes aportaran datos que permitieran establecer qué ocurrió con Martínez Araujo o identificar a los responsables de su desaparición.

La medida continúa vigente y refleja la relevancia que adquirió el expediente dentro de las investigaciones por desapariciones de personas. Es más, se ha ido actualizando con el paso de los meses.

Paradójicamente, mientras los antropólogos forenses trabajan sobre los restos encontrados en Luján y fiscales analizan cada una de las novedades surgidas tras el hallazgo, la familia de Martínez Araujo desconoce por completo los movimientos que actualmente se desarrollan en el Ministerio Público.

La recompensa ofrecida por el Ministerio de Seguridad.