Sergio Joel Antúnez, el oficial principal detenido e imputado.

“Que yo estuve mucho tiempo peleado con él. Entre la pelea mía con Antúnez y que él consiguió el servicio del barrio, pasó bastante tiempo y en ese transcurso hubo un montón de hechos de robos y hurtos y un montón de hechos en la jurisdicción, de hechos grandes, robaban millones, roban joyas. Bueno, el tema es que viene este hombre, Antúnez, encuentra el servicio del barrio y como necesitaba personal para sacar servicio, nos empieza a hablar a todos en la comisaría, a los policías, como no nos alcanzaba el sueldo. Así que yo le digo ‘gordo, me querés meter en el barrio para sacar servicio’. Bueno, me dice. Así que sacábamos un montón de policías de ahí de la base 44, sacábamos servicio en ese barrio que queda en Bandera de Los Andes y Urquiza hacia el norte, una media cuadra hacia el norte”.

La investigación reservada desnudó el costado más oscuro de la Policía de Mendoza: Sergio Joel Antúnez (33), un oficial inspector que trabajaba en la Comisaría 44ª de Guaymallén, fue imputado y está preso como presunto jefe de una banda delictiva que operaba desde las entrañas mismas de la fuerza. En total, son siete los detenidos. El fiscal de Robos y Hurtos José Manuel García lo acusó de encabezar una asociación ilícita dedicada a perpetrar entraderas, escruches y asaltos domiciliarios con familias como víctimas, valiéndose de su uniforme, de información interna y de relaciones con delincuentes reincidentes, tal como reveló El Sol.

El caso comenzó a tomar forma en marzo, cuando una información llegó a las máximas autoridades de Investigaciones y a Asuntos Internos de la Inspección General de Seguridad (IGS). Mencionaba a un efectivo de apellido Antúnez, conocido como el “Gordo Joel” o “Cachi“, y detallaba que usaba dos celulares, poseía un dron robado y que hasta planeaba un golpe contra una empresaria trans de la noche mendocina, además de contactarse con personajes del hampa local y de otras provincias, entre otros accionares vinculados con el mundo delictivo.

El dato fue corroborado por un testigo fundamental: un auxiliar policial de 36 años de la misma dependencia que decidió romper el silencio y que conocía los movimientos del principal sospechoso. Se transformó en un especie de informante de los investigadores con el paso de las semanas.

Su declaración, realizada el 5 de junio y registrada con soporte de audio y video, quedó guardada en un pen drive en la caja de seguridad de la Unidad Fiscal durante varios días mientras se analizaban los informes de la división Robos y Hurtos de Investigaciones, encargada de recolectar todas las pruebas.

Finalmente, se incorporó en el expediente y este diario accedió al testimonio, que fue determinante para capturar a señalado policía a principios de junio y al resto de la banda días después, acusada de perpetrar los hechos luego de recibir el dato.

Habló detalladamente de cómo actuaba, de que lo grabó cuando empezó a ser una especie de “topo” cuando el caso iniciaba la instrucción en proceso secreto y de los personajes que se contactaban con él, destacando a Darío “Huevo” o “Hitman” Zuleta, un ex convicto e hijo de policía vinculado con hechos de gravedad en el Gran Mendoza desde 20 años.

Según su testimonial, cuando llegó a la comisaría del barrio Unimev, hace más de tres años, recibió advertencias inmediatas de sus propios colegas sobre Antúnez: “Yo cuando llegué todos me decían ‘cuidado con ese, que es bastante QRJ’. Sería en el código (policial) de que es medio delincuente. Todos me decían cuidado con el que viene de familia, el padre, los tíos, que son todos bastante delincuentes”.

El testigo describió ante el fiscal García Mango y la jefa de Robos y Hurtos, Paula Quiroga, entre otros presentes, cómo, a pesar de las advertencias, el señalado organizador de la gavilla tenía una personalidad manipuladora: “Antúnez, es un tipo que tiene mucha labia, empieza a hablar y te termina cayendo bien. Empezamos a agarrar confianza con este hombre”.

Explicó cómo Antúnez cultivaba relaciones con los detenidos en la comisaría, particularmente con un grupo de cordobeses que cayó en 2023 y luego fue abriendo el juego con demás hombres relacionados con el delito. “Cuando cae esta banda de cordobeses, entre ellos estaba uno que se llama Claudio Montoya y uno que lo conocemos de antes, que le dicen Chingolo, y que es de apellido Salinas”. Hacía referencia a Leonardo Darío Salinas, quien terminó detenido e imputado en esta causa a mediados de junio.

Y agregó que, durante las estadías de estos personajes privados de la libertad en la comisaría, “Antúnez se hizo como muy amigo, los hablaba mucho ‘bueno, dale, ya te vamos a venir a visitar cuando vengamos'”. Explicó que, una vez que volvían a la calle, algunos malvivientes, “empiezan a venir a la comisaria a visitarlo, siempre le traían termitos Stanley regalitos, relojes y diferentes elementos.”

El comportamiento de Antúnez era claramente anómalo para un policía y así lo destacaron las fuentes que hablaron con este diario. Tanto es así que, al momento de su captura, había sido trasladado a una dependencia del Sur provincial -la Comisaría 26º de Villa Atuel, en San Rafael- porque había sido sancionado por insultar a las autoridades del Ministerio de Seguridad en redes.

El testigo que reveló los movimientos de su colega dijo que “llegaba el Antúnez en la mañana ‘chicos, qué desayunamos’; sacaba plata y ponía para el desayuno. ‘Eh, che, algún datito? ¿Algo?’ dice ‘¿Una casa o algo, que tenga mucha plata?’, y todos los mirábamos, y se empezaba a reír”.

El testigo sostuvo ante los representantes del Ministerio Público que “el gordo siempre llegaba con regalito, llegaba con autos diferentes o llegaba siempre raro. No es igual a cualquier policía que haya visto, es diferente, totalmente diferente.”

Una de las primeras evidencias de la presunta actividad criminal de Antúnez surgió cuando ofreció en venta un Volkswagen Vento gris oscuro en la misma dependencia donde desarrollaba tareas. Sin embargo, después reveló la verdadera naturaleza del negocio: “Después viene el gordo este, Antúnez, me dice ‘Che, no lo ofrezcas tanto al auto porque hay una movida que hacer con el auto’; la movida consistía, en vender, el dueño el titular lo iba a denunciar como robado para cobrar como doble plata”.

Cuando el testigo informó sobre esto al subcomisario titular de la dependencia, recibió una advertencia reveladora: “Me dice: ‘¡No! ¿Sabés la fama que tiene Antúnez? No te metas, no te metas con él'”.

La investigación de Robos y Hurtos sostiene que el oficial principal había desarrollado un sistema para obtener información privilegiada sobre los delitos que ocurrían en la jurisdicción. Hablaron de zona liberada con el uso de tecnología. Para facilitar su actividad criminal, “cuando él empezó a sacar servicio, se llevaba una de las radios que no tenía GPS, como que se le olvida de traerla a la base y se la llevaba al servicio y él estaba toda la noche con la radio en el servicio escuchando“, se desprende a la testimonial.

Los robos: de la planificación a la acción

“Bueno, me comenta un compañero, ‘che, sabes qué largo el Antúnez?’. Estaban varios en la mesa. ‘Largó el Antúnez que le quiere dar a la…(cita a una empresaria trans de Mendoza). Quería cometer un hecho, que es el travesti este que yo le menciono…le quiere dar, con unos muchachos, nos dijo, nos manifestó mi compañero”, relató el auxiliar con respecto a uno de los golpes que planificaba el sospechoso este año. Pero no sólo habló de ese asalto, que ya había sido informado a los investigadores y trabajaron en prevención y seguimientos, también de otros que terminaron por complicarlo.

Otro caso que conectó directamente a Antúnez con los robos fue el de un dron DJI: “Hubo un hecho en particular, donde se roban un dron. Es muy particular un dron. Nadie tiene un dron en la casa. Se roban un dron. Antúnez lo andaba ofreciendo“, relató el testigo.

Justamente, ese hecho ocurrió el 27 de junio del año pasado, cuando una familia denunció el robo de 12 mil dólares y un dron DJI. Días después, Antúnez fue visto ofreciendo el aparato a sus colegas de la 44 con esas mismas características a precio vil.

Cuando se le preguntó por el origen del dron, las respuestas eran llamativas: “¿De dónde sacaste un dron gordo?’, le decíamos. ‘No, me lo dio un amigo’, decía. Era muy particular porque el hecho había sido cerca de la comisaría”, agregó el auxiliar en la extensa declaración.

También fue destacada un hecho delictivo domiciliario derivado de la información de un detenido por violencia de género. Mientras el sujeto estaba alojado en la 44ª, le habría confiado a Antúnez que su expareja guardaba dinero y joyas en una caja fuerte. Esa vivienda fue blanco de un robo días más tarde, en un hecho que la fiscalía consideró producto directo del acceso privilegiado del uniformado a datos sensibles.

El encuentro grabado

Uno de los momentos decisivos de la investigación policial llegó cuando el testigo decidió grabar una conversación con Antúnez. “Me junto con Antúnez, y viene y me cuenta. A todo esto yo lo grabo con el teléfono, lo grabo y me cuenta”, contó en la causa. “En la grabación viene Antúnez y me dice ‘eh, gordito, le quiero meter a la… (cita a la empresaria), quiero hacer así’, que tiene una casa en jurisdicción”, contó en relación en que el blanco del golpe vivía en un domicilio cercano a la Comisaría 44.

En la grabación de 12 a 20 minutos, Antúnez detalló planes específicos que tenía la organización: “Me cuenta que le quería cometer un hecho a la estación de servicio San Sergio. Después de Semana Santa para sacarle la recaudación”. También reveló sus intenciones de enriquecimiento: “‘No te hagas problema gordito, que nosotros nos hacemos millonarios’, me dice ‘si vos me haces el aguante nos hacemos millonarios'”.

De acuerdo con la instrucción, la grabación fue escuchada por efectivos de Robos y Hurtos que ya trabajan en el caso y parte de ese material se borró. Es más, los sabuesos de Investigaciones hasta habían quedado en contacto con el policía/testigo para que les consiguiera información mientras profundizaban los trabajos para la incorporación de pruebas.

“Él (por Antúnez) manifestándome también en esa grabación, que después de esos hechos él se quiere retirar, ya no quiere hacer más nada, como confirmándome que él ya venía cometiendo los hechos con anterioridad”, dijo ante los pesquisas el auxiliar.

Mientras oficiaba de “topo”, durante la grabación, se reveló una conexión de Antúnez con un reconocido malviviente mendocino. Dijo que cuando le pregunta “‘gordo, ¿con quién estás trabajando vos?, me dice ‘estoy con unos indios de aca’. Agarró el teléfono, yo veo que decía Hitman“. Justamente, ese contacto, sería de Darío Zuleta, conocido también como Huevo.

El declarante aseguró presenció cómo Antúnez prometía conseguir elementos policiales para la comisión de los hechos al Hitman: ‘No te hagas problema, mañana te consigo los insumos’, tengo que conseguir una ropa de policía, un chaleco de investigación”, describió el testigo. Y contó que tenían un modus operandi planeado para asaltar a la empresaria: “Dice que iban a hacer como que hacían un control policial”.

Entre los señalados como miembros de la banda se encuentran varios personajes, algunos conocidos: el citado Darío Emiliano “Huevo o Hitman” Zuleta Sosa (42), Leonardo Darío Salinas Pedroza (37), Jesús Sebastián Rodríguez Quiroga (41), Claudio Daniel Montoya (40), Miguel Osvaldo Cardozo (47, oriundo de Tucumán) y Lucas Antonio “Chicho” Hernández Leyes (38). Algunos ya estaban detenidos por otros hechos vinculados a la pesquisa y fueron imputados también en esta megacausa.

El testimonio reveló que las actividades de Antúnez no eran un secreto total en la comisaría: “Nosotros, yo y varios compañeros ya sabíamos más o menos que él se manejaba así. Que él hacía este tipo de cosas”, declaró el auxiliar de la fuerza. Incluso dijo, que otros colegas le habían advertido sobre planes específicos.

En una conversación tensa con Antúnez, el testigo dijo que le había advertido: “Le digo a Antúnez, cuando tengo la pelea con él le digo ‘Tené ojo con juntarte mucho con delincuentes porque te vas a convertir en uno’.”

Arriba: el oficial principal Joel Antúnez. Abajo: Darío “Huevo” Zuleta, Jesús Rodríguez, Leonardo Darío Salinas y Lucas Antonio Hernández, alias Chicho.

La caída

Algunos de los hechos denunciados fueron respaldados con pruebas en la causa, que se mantuvo secreta hasta hace pocos días. La grabación de audio entregada a Investigaciones y el testimonio detallado del auxiliar policial fueron fundamentales para capturar al señalado policía que está imputado como jefe de una asociación ilícita y al resto de la banda. Así lo detallaron las fuentes a este diario.

En todos los casos investigados, Antúnez se habría beneficiado de complicidades dentro de la propia estructura policial, utilizando su rango para facilitar los movimientos de la banda, liberar zonas y facilitar chalecos policiales con la intención de simular ser efectivos de Investigaciones en allanamientos.