Luis Fernando Wilder Zalazar nació en la localidad de San Ramón de la Nueva Orán, en Salta, el 22 de diciembre de 1976. Desde joven comenzó a vincularse al mundo del tráfico de drogas y fue detenido varias veces por este delito. Sus conocidos lo apodan Gavilán.
En el 2019, llegó a Mendoza luego de cerrar en Córdoba uno de los negocios más importantes de su vida delictiva: se asoció con el narco guaymallino Nelson Chirola Pizarro (54) para traer a nuestra provincia, escondidos en una camioneta, casi 50 kilos de cocaína.
Para tener una idea de lo importante que significaba la transacción, los detectives contaban por esos días que el kilo de la droga se comercializa por entre 10.000 y 15.000 dólares.
Pero la movida de traer los panes del polvo blanco desde el norte del país para distribuirla en Mendoza y también en Chile terminó mal para la organización: efectivos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones, quienes venían siguiendo a un grupo de sujetos dedicados a la venta de estupefacientes a gran escala en la zona metropolitana, les frenaron el paso al Gavilán y el Chirola y sus secuaces y todos terminaron presos en el Arco Desaguadero.
El 18 de agosto de este año, Zalazar y Pizarro fueron hallados culpables por la llamada operación Arco Blanco. Fueron los jueces del Tribunal Oral Federal Nº1 los que entendieron que debían pasar 8 años y medio de cárcel como coautores de las calificaciones de transporte y tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por la participación de tres o más personas organizadas para cometerlos, tal como había solicitado la fiscal de Cámara María Gloria André.
En los últimos días, el Gavilán volvió a estar frente a frente con los jueces Alberto Daniel Carelli, Daniel Alejandro Doffo y Héctor Fabián Cortés, en una audiencia desarrollada en los Tribunales de calles 9 de Julio y Pedro Molina de Ciudad.
El salteño había sido condenado a 5 años y 10 meses de cárcel por el TOF Nº1 de Salta el 30 de agosto del 2016 por otro secuestro de cocaína ocurrido el 30 de setiembre del 2014 y se encontraba en libertad condicional al momento de su detención en Mendoza. Al recibir una nueva sentencia condenatoria, correspondía la unificación de pena.
Debido a esto, los camaristas fijaron 9 años y siete meses de encierro para Zalazar. “Que respecto del monto de la pena única a imponer, entendemos que la fijación de una pena única de nueve años y siete meses de prisión con multa de trescientos cuarenta y dos mil pesos, atiende al límite establecido por el Ministerio Público Fiscal y resulta justa y proporcionada a sus delitos”, sostiene el fallo.
Y agrega: “A tales efectos, tenemos en cuenta la pluralidad de acciones delictivas desplegadas por Zalazar y la gravedad de los delitos cometidos. No debe perderse de vista que el condenado se dedicaba al tráfico de estupefacientes, es decir, su finalidad era la introducción de la droga en la sociedad con la consiguiente afectación de la salud que ello supone. Esas circunstancias mal pueden ser dejadas de lado en esta instancia, cuando de lo que se trata es de unificar dos penas impuestas justamente por una reiteración delictiva”.
Marcando punta
Los dos hechos que terminaron en condena ocurrieron en Salta y Mendoza.
El primero sucedió el 30 de setiembre del 2014 en el norte del país y tuvo como protagonista principal al Gavilán Zalazar. Personal de la Unidad Especial de Investigaciones y Procedimientos Salta de la Gendarmería Nacional comenzó a seguirlo cuando las sospechas de su vínculo con el comercio de drogas lo comprometían.
La mira estaba puesta en sus actividades y en abril de ese año supieron su identidad, el auto en el que se movilizaba, su teléfono celular y los lugares que frecuentaba.
Hubo escuchas telefónicas que permitieron saber que Zalazar tenía relación con un hombre llamado Andrés Capelli. Juntos planificaron transportar cocaína. El primero lo hacía como puntero –su especialidad– y el segundo, como camionero, en el vehículo donde transportaban la mercadería.
Así fue como se realizó un dispositivo de vigilancia en la ruta nacional 9/34, a la altura de la ciudad de Metán, con el objetivo de terminar con sus carreras delictivas.
A las 4.30 del día citado, el Gavilán Zalazar fue apresado. Viajaba al mando de un VW Bora hacia el sur de la ruta. Venía unos metros delante del camión Scania que conducía Capelli, quien iba acompañado por otro sujeto. Le secuestraron casi 7.500 pesos, teléfonos y documentación relevante para la causa.
Por su parte, momentos después, fue el turno del camionero: el pesado rodado se desplazaba por la ruta Nº16, empalme con la 9/34, cuando lo detuvieron en un control. El conductor se paró a la vera de la calzada y los gendarmes iniciaron la requisa. Así fue como secuestraron siete paquetes rectangulares de cocaína envueltos en una bolsa de nailon transparente.
Zalazar, Capelli y otro hombre llamado Miguel Roberto Lizarraga, acompañante del camión, fueron condenados a 5 años y 10 meses de cárcel en el 2016. Poco tiempo después, en abril del 2017, el Gavilán recibió el beneficio de las salidas transitorias.
En agosto del 2019, mientras se encontraba en libertad condicional, el oriundo de San Ramón de la Nueva Orán volvió a caer en las redes policiales.
Esta vez fueron policías de Investigaciones mendocinos quienes lo venían siguiendo en una causa que apuntaba directamente contra Nelson Chirola Pizarro, otro conocido narco por ser empresario de la noche tropical local.
Pizarro comenzó a tener contactos con Zalazar y sus números de teléfono terminaron en manos de los detectives de Robos y Hurtos (RyH). Hubo escuchas que se desarrollaron durante meses y permitieron descifrar que organizaban un tráfico récord de droga a Mendoza. La provincia que habían elegido para encontrarse cara a cara fue Córdoba.
El 26 de junio, es decir, un mes y pocos días antes de que la pata local se dirigiera a Córdoba para realizar el traspaso de la droga, Zalazar y otro hombre viajaron desde el norte del país para encontrarse con Pizarro en la zona donde se movía, en Guaymallén.
Todos los movimientos fueron registrados por los policías de RyH. Se montó un operativo en el Gran Mendoza porque sabían que el Gavilán iba a ser recibido por Pizarro. Los proveedores venían desde Salta e iban a estar algunas horas en la provincia.
Zalazar arribó en un BMW y se encontró con el Chirola en la estación de calle Pascual Segura de Las Heras. A las 11 arribó el jefe narco mendocino en un Citroën C4 negro coupé y a las 11.11 lo hizo el salteño con su hombre de confianza.
Se marcharon y los policías realizaron un seguimiento “discreto” para evitar ser detectados, tal como reveló El Sol en un extenso informe sobre la organización.
Finalmente, luego de días de negociación, la banda narco se juntó en un hotel cordobés a principios de agosto. Acondicionaron una VW Saveiro y escondieron 43 ladrillos de cocaína entre el cobertor plástico de la cajuela y la chapería.
Salieron hacia Mendoza en tres vehículos. El Gavilán lo hacía como su especialidad lo marcaba, con otro hombre de confianza, Ernesto Guerrero, en su BMW, custodiando el cargamento desde atrás. Y Pizarro lo hacía adelante, en un Toyota Avenis, junto a otro hombre, como el barra de Gimnasia Edgardo Cabezón Sánchez.
El Chirola marcaba punta y terminó detenido en el Arco Desaguadero. Zalazar, que venía último en el convoy, desvió su recorrido cuando no tuvo más comunicación con el resto de la banda, por lo que escapó para otro lado. Por su parte, la Saveiro, que iba entre el Toyota y el BMW, también “se perdió” en el límite entre Mendoza y San Luis.
Los policías supieron que Zalazar intentó ingresar a Mendoza por el cruce El Encón, provincia de San Juan. Y hasta ese lugar se dirigieron. Una comisión policial partió hacia Lavalle y fue capturado con Guerrero.
Todos llegaron a juicio a tres años de la incautación. Pizarro, Zalazar y Guerrero recibieron 8 años y medio de cárcel. El resto de la banda también fue condenada.
Como el Gavilán ya tenía condena, la Justicia federal local, que impuso la pena más alta, realizó la unificación de pena correspondiente.
