Los tres detenidos durante el fin de semana.

La fuga terminó en los márgenes del desierto. Durante el fin de semana, personal de Policía Rural logró capturar a tres de los seis sospechosos que tenían pedido de captura por el crimen de Leandro David Ontivero, el joven asesinado el 17 de marzo en Las Heras. La clave estuvo en el conocimiento del terreno: los efectivos siguieron rastros, reconstruyeron movimientos y cerraron el cerco sobre un grupo que llevaba semanas desplazándose entre puestos aislados para evitar ser ubicado.

La investigación había detectado que los sospechosos no permanecían en un domicilio fijo. Por el contrario, cambiaban constantemente de ubicación, moviéndose entre zonas rurales de Las Heras y Lavalle. En ese recorrido, pernoctaban en puestos, donde pedían alimentos a los puesteros y, cuando no conseguían ayuda, recurrían a la caza o faena de animales para alimentarse. Esa lógica de supervivencia, en un entorno hostil y con escasos caminos formales, les permitió sostener la fuga durante varios días.

Los tres detenidos son hombres vinculados al mismo entorno barrial. Dos de ellos, de 43 y 34 años, fueron capturados el sábado tras ser ubicados en distintos puntos del circuito rural que venían recorriendo. El primero registraba domicilio en la zona de Nueva California, en San Martín, mientras que el segundo tenía domicilio en el barrio Nueva Vista, en Las Heras. Ambos realizaban trabajos informales vinculados a la construcción y changas, según los datos incorporados al expediente.

El operativo continuó el domingo, cuando cayó el tercer sospechoso, un hombre de 41 años con domicilio en el barrio Belgrano de Las Heras. Al igual que los otros dos, se movía entre puestos rurales, sin permanecer más de una noche en el mismo lugar. La modalidad era idéntica: desplazamientos cortos, pedidos de alimentos y reubicación constante para evitar ser detectados por los rastrillajes. Siguieron su rastro luego de escapar el sábado y esto permitió que lo encontraron.

Por pedido de los investigadores judiciales (la causa está en manos de la fiscal de Homicidios Florencia Díaz Peralta), la identidad de los sospechosos se reserva.

El expediente ya había avanzado con la imputación de una mujer como coautora del homicidio, Camila Ortiz, y la liberación de otro sospechoso que no fue reconocido por testigos. A partir de esas medidas, se enfocó en al menos seis personas señaladas como partícipes del ataque. Tres de ellas ahora están detenidas, mientras que el resto continúa prófugo y es buscado.

¿Por una chancha?

El crimen de Ontivero se inscribe en un conflicto barrial que escaló de manera violenta. Según la reconstrucción, todo comenzó por la desaparición de una chancha perteneciente a la familia del joven, lo que derivó en un reclamo directo y en una tensión creciente entre grupos enfrentados. Esa disputa se trasladó a la noche del 17 de marzo, cuando se produjo la balacera en el barrio Buena Vista, en El Borbollón.

Las versiones sobre cómo se desató el ataque presentan diferencias. La pareja de la víctima sostuvo que caminaban hacia la casa de un familiar cuando comenzaron los disparos, en medio de advertencias sobre la posibilidad de que Ontivero estuviera armado.

Según ese relato, el joven pidió que no dispararan porque estaba acompañado, mientras ella se refugiaba debajo de un camión. El disparo que lo alcanzó ingresó por la espalda y tuvo salida en el cuello, provocándole la muerte minutos después.

Otra reconstrucción, aportada por el hermano de la víctima, señaló que Ontivero se acercó al grupo para intentar resolver el conflicto por el animal desaparecido y que, tras una respuesta negativa, comenzaron los tiros.

Esa diferencia de versiones es uno de los puntos que la fiscalía profundizó en los primeros días de instrucción, que buscó determinar la secuencia exacta y el rol de cada uno de los involucrados.