Hace pocos días, la Justicia federal condenó a una banda que intentó ingresar casi 50 kilos de cocaína a Mendoza en agosto del 2019.

Nelson Chirola Pizarro (54), un reconocido empresario de la noche tropical local con antecedentes por tráfico de estupefacientes a grandes escalas, se transformó en el hombre a seguir por los efectivos de la División Robos y Hurtos de Investigaciones, quienes lideraron los trabajos para de frenar los movimientos de la organización desde principios de ese año.

Pizarro no actuó solo: pactó la compra de la droga con un salteño y su socio con experiencia en el mundo narco –ambos proveedores– y lo acompañaron tres mendocinos: un amigo “de toda la vida”, un barra del club Gimnasia y Esgrima y el llamado “fletero”, encargado de llevar los panes del polvo blanco ocultos en el vehículo que conducía.

Desde un principio, se sabía que Pizarro estaba complicado en la causa y que no tenía escapatoria: recibió 8 años y medio de cárcel y se le declaró la reincidencia. Misma pena les impusieron a los salteños Luis Wilder Gavilán Zalazar (45) y su socio, Ernesto Guerrero (48), quienes también deberán cumplir la totalidad de la condena en la cárcel, sin acceso a beneficios porque no era la primera vez que eran hallados culpables por este tipo de delitos.

Por último, los hombres que respondían al “Hombre del Camping”, como bautizaron los policías a Pizarro mientras desarrollaban los trabajos de campo, es decir, Edgardo Cabezón Sánchez (de 49 años y barra del Lobo), Claudio Marcelo Olivera (38 años y conductor del vehículo donde acondicionaron la droga para su transporte) y Alejandro Daniel González (de 55 años y amigo de Pizarro), fueron sentenciados a 6 años –los primeros dos– y a 3 años y medio de prisión.

El secuestro total de la droga alcanzó los 47,604 kilogramos. Para los detectives, se trató de una de las incautaciones más importantes de la historia local, superada sólo por los 221 kilos detectados por la Gendarmería el 27 de noviembre del 2016 en un colectivo que había ingresado a la provincia por Chile.

Ese día, dieron con 200 panes y se detuvo a los dos choferes del vehículo en el que los transportaban, Luis Antonio Collahua y Geremías Lisario López, quienes terminaron siendo condenados a 10 años de cárcel el 8 de octubre del 2018.

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Lo cierto que es que desarticular la organización del Chirola Pizarro no fue una tarea sencilla. Los efectivos de RyH trabajaron una serie de escuchas de las que se desprendieron varias organizaciones delictivas vinculadas al comercio de drogas en Mendoza. Descubrieron que había bandas narcopoliciales y otras como la que lideraba César Alberto Montiveros, conocido en Guaymallén como el Cafiso.

Todas esas causas se trabajaron y terminaron con detenidos. En marzo del 2019, los detectives tenían marcado al Chirola Pizarro. Supieron, gracias a que “espiaban sus teléfonos”, que ese mes coordinaba el transporte y el comercio de estupefacientes.

Con el paso de los días, el resto de los integrantes de la banda fue identificado. Zalazar también tenía “pinchado” el celular y sus diálogos con Pizarro confirmaron las sospechas. Existía un plan para comprar una importante cantidad de cocaína. Y la llegada de los nexos salteños a Mendoza para cerrar el trato fue una de las claves de la pesquisa.

El 26 de junio, es decir, un mes y pocos días antes de que la pata local se dirigiera a Córdoba para realizar el traspaso de la droga, Zalazar y otro hombre viajaron desde el norte del país para encontrarse con Pizarro.

Todos los movimientos fueron registrados por los policías de RyH. Se montó un operativo en el Gran Mendoza porque sabían que el Gavilán iba a ser recibido por Pizarro. Los proveedores venían desde Salta e iban a estar algunas horas en la provincia.

Zalazar arribó en un BMW y se encontró con el Chirola en la estación de calle Pascual Segura de Las Heras. A las 11 arribó el jefe narco mendocino en un Citroën C4 negro coupé y a las 11.11 lo hizo el salteño con su hombre de confianza. Se marcharon y los policías realizaron un seguimiento “discreto” para evitar ser detectados.

Ambos vehículos se dirigieron al camping Los Tilos, ubicado sobre calle Buenos Vecinos 1121, de Guaymallén, donde vivía Pizarro. Todos estuvieron en esa propiedad hasta las 19.50, cuando se retiraron con dirección a la ruta 24 hacia el norte.

Esto motivó un operativo de control sorpresa en la zona de El Encón, debido a que sospechaban que los vehículos saldrían de la provincia.

A las 21 detectaron la llegada del BMW. Le frenaron el paso y confirmaron que Zalazar se encontraba en el interior. Lo dejaron continuar con el viaje porque las escuchas permitieron conocer que en ese momento sólo se estaba aceitando la logística para cerrar el trato semanas después.

Para principios de agosto, los trabajos investigativos continuaron. Y los pesquisas supieron que un vehículo VW Saveiro había partido a Córdoba al mando de Claudio Marcelo Olivera. También Pizarro y sus dos hombres de confianza, González y Sánchez, lo hacían en otro rodado, un Toyota Avensis.

El 5 de ese mes, la organización iba a reunirse en un hotel de esa provincia para concretar la operación. Una parte de la banda venía de Mendoza y la otra desde Salta. Zalazar –trascendió de la pesquisa– proveía un poco más de la mitad del cargamento; mientras el que el resto lo comercializaba su socio, Ernesto Guerrero.

Después de terminar con el negocio y preparar la Saveiro con los panes de cocaína, una caravana de tres rodados partió la noche del 6 con destino a la propiedad de Pizarro en Guaymallén. En el camping habían acondicionado un sector para acopiar los estupefacientes.

Una comisión policial seguía todos sus movimientos. Debido a esto, se montó un operativo –bautizado Arco Blanco– en Desagüadero.

Ya durante la madrugada del 7, notaron que el Toyota iba marcando punta y llegó primero. Le frenaron el paso y confirmaron que conducía González y que, a su lado, viajaba Pizarro. En el asiento trasero lo hacía Sánchez.

Mientras requisaban ese auto, los detectives tomaron conocimiento de que otro de los vehículos había ingresado a Mendoza por el Arco Desaguadero. Se trataba de una camioneta VW Saveiro que era conducida por Olivera.

Al requisarla, descubrieron que en la parte posterior, sobre la caja de carga, los tornillos de sujeción del cobertor plástico habían sido removidos, por lo que fue extraído y advirtieron que en el sector de los guardabarros habían escondido 43 panes enteros y 6 medios ladrillos envueltos en papel metalizado y goma tipo globo amarilla que contenían 47,316 kilogramos de cocaína.

Ver también: Condenaron al “Chirola” Pizarro y a su banda por traficar 50 kilos de cocaína

El caso tardó casi tres años en llegar a debate. Finalmente, la semana pasada, los seis procesados fueron hallados culpables.

Para la fiscalía, a cargo de María Gloria André, no hubo dudas acerca de la participación de los detenidos en las maniobras delictivas. Por eso realizó un extenso alegato con pedido de penas para todos.

De esta forma, los jueces Alberto Daniel Carelli, Daniel Alejandro Doffo y Héctor Fabián Cortés entendieron que las pruebas fueron contundentes y dieron a conocer el fallo condenatorio con penas de entre 3 años y medio hasta 8 años y 6 meses de cárcel.