Gonzalo Ferreyra está prófugo desde hace seis meses. Debe responder por homicidio agravado.

La historia de Gonzalo Emanuel Ferreyra Domínguez (40) se mueve en dos carriles que terminaron cruzándose de la peor manera. Ex policía, condenado por colaborar con una banda narco del Este y desde hace medio año prófugo por un homicidio, su nombre volvió a escena esta semana cuando el Ministerio de Seguridad activó una recompensa millonaria para dar con su paradero.

El ofrecimiento es concreto: 6.250.000 pesos para quien aporte datos certeros que permitan su captura. La medida apunta a esclarecer el crimen de Rodrigo Federico Salafia Estela, ocurrido el 31 de octubre de 2025 en Chapanay, San Martín, un caso que dejó expuesta una secuencia de violencia que tuvo como protagonista central el accionar del ex uniformado.

Aquella tarde, a las 19, la escena se desarrolló sobre calle San Juan, a metros de Bonano. Salafia caminaba junto a su hermano cuando, al pasar frente a la casa de Ferreyra Domínguez, se desató el conflicto. La tensión venía de antes, pero ese día escaló. El detonante fue un perro suelto: el animal atacó a la víctima y la mordió. La reacción no tardó en llegar.

Salafia enfrentó la situación con un palo y se produjo un cruce físico. Hubo golpes, insultos y un clima que rápidamente se volvió incontrolable. En ese contexto, Ferreyra Domínguez dio el paso que marcaría el desenlace. Sacó un arma de fuego que llevaba en una riñonera y disparó.

Fueron varios tiros. Creen que tres. Uno de ellos impactó en el pecho del joven, que cayó gravemente herido. Los testigos lo identificaron rápidamente.

Los llamados al 911 activaron la respuesta policial. Cuando los efectivos de la Comisaría 19ª llegaron, encontraron a la víctima en el suelo. Una ambulancia lo trasladó al Hospital Perrupato, pero ya no había nada que hacer: ingresó sin vida. Mientras tanto, el agresor escapaba en bicicleta. Según la reconstrucción, pasó por la casa de sus padres junto a sus hijos y luego se perdió su rastro.

Desde entonces, la búsqueda no se detuvo. Personal de Investigaciones, Científica y canes trabajaron en la escena para recolectar pruebas, mientras que en paralelo se desplegaron operativos en toda la zona Este para intentar encontrarlo. No hubo resultados.

La causa liderada por el fiscal Gustavo Jadur avanzó con Ferreyra Domínguez en condición de prófugo, una situación que en los últimos días se intentó revertir con la recompensa oficial.

Salafia trabajaba como empleado de seguridad.

Un pasado complicado: la causa narco

Pero el nombre del acusado no era desconocido en el mundo judicial. Su pasado en la fuerza ya estaba marcado por un expediente federal. En 2018, una investigación de la Policía Contra el Narcotráfico (PCN) desarticuló a la banda de “Los Malla”, una organización que operaba en Palmira y Tres Porteñas con puntos de venta de droga.

Las escuchas telefónicas revelaron un dato clave: dos policías filtraban información.

Uno de ellos era Ferreyra Domínguez. El otro, Gastón Miranda. En ese momento, prestaba servicio en la Subcomisaría El Porvenir de Lavalle.

Su rol, según la causa, consistía en advertirle al líder de la banda sobre posibles intervenciones o movimientos policiales. En una de las conversaciones incorporadas al expediente, le aseguraba a Carlos Malla, hermano de Leonardo, otro de los referentes, que su teléfono no estaba intervenido y que podía hablar sin riesgos.

El juicio oral llegó dos años después. El 18 de diciembre de 2020, el Tribunal Oral Federal N°2 lo condenó a tres años de prisión en suspenso, una multa y cinco años de inhabilitación para ejercer funciones de seguridad.

Fue considerado partícipe secundario en la tenencia de estupefacientes con fines de comercialización por el hallazgo de sustancias en la casa de Carlos Malla. Para los jueces, su aporte no había sido determinante, pero sí evidenciaba una voluntad de colaboración con la estructura narco.

Esa condena significó su salida de la fuerza. A partir de entonces, Ferreyra Domínguez quedó fuera del sistema policial, aunque siguió residiendo en Chapanay, el mismo lugar donde años después protagonizaría el hecho que actualmente lo mantiene prófugo.

Con 40 años, nacido el 9 de noviembre de 1985 y casado con una mujer policía, volvió a entrar en escena, pero sin novedades. Por información a la que accedió El Sol, no se sumaron demasiadas pruebas en los últimos tiempos para intentar capturarlo y por eso se decidió solicitar colaboración a la ciudadanía para intentar avanzar en el esclarecimiento del caso.