El asesinato del empresario Emilio César Giménez (49) tiene tres sospechosos detenidos. Pero sostener con el paso de los días su estadía en la cárcel no será una tarea sencilla para el fiscal de Homicidios, Carlos Torres.
El crimen ocurrido durante un asalto en Villa Nueva, en la siesta del jueves 15 de setiembre, cuando una banda integrada por nueve ladrones –dos no están identificados– emboscó a la víctima en dos vehículos para robarle casi 6 millones de pesos y 800 dólares, sigue siendo uno de los casos que más preocupan a las autoridades del Ministerio de Seguridad.
El jueves fue capturado en la provincia de Chubut Walter Sebastián Corcho Sáez (31) y en las últimas horas llegó a nuestra provincia para ser imputado por el delito de homicidio criminis causa, tal como reveló El Sol.
Los otros dos son Cristian Willy Rivero y Ángel Leandro Fredes Ponce.
El primero fue sorprendido a pocas cuadras de su departamento de calle Paso de los Andes de Godoy Cruz, tres días después del asesinato. El otro, en el barrio Paraguay de Guaymallén, cuando los investigadores analizaron un teléfono celular hallado en una de las camionetas que utilizó la gavilla para dar el golpe y supieron que se encontraba a su nombre.
El fiscal Torres ya solicitó la prisión preventiva en su contra pero la Justicia se tomó unos días para resolver la medida cautelar. Antes de esto, le otorgó el beneficio de la detención domiciliaria a Fredes Ponce.
Ver también: Cómo se movió en la feria parte de la banda que habría matado al empresario Giménez
Mientras efectivos de la División Homicidios de Investigaciones trabajan en diversos puntos del país y también analizan datos en Chile para intentar capturar al resto de los delincuentes –creen que dejaron la provincia a las pocas horas que quedaron en la orden del día–, surgieron preguntas sobre cuáles son las pruebas que complican al trío de detenidos.
Uno por uno
El último detenido nació el 15 de enero de 1991. Tenía domicilio en la casa 14 de la manzana H del barrio Paraguay. Efectivos de Investigaciones allanaron esa propiedad el 26 de setiembre y secuestraron prendas de vestir y otros elementos, como una colilla de cigarrillos y máquinas de afeitar en busca de material genético.
El objetivo era cotejarlo con los levantados en las camionetas de alta gama Toyota RAV 4 gris y Jeep Renegade blanca que utilizó la banda para ubicarlo en la escena. El resultado de laboratorio, destacaron desde la fiscalía a este diario, no arrojó los resultados esperados.

Los detectives lo introdujeron en el expediente en un informe que le presentaron al fiscal Torres al otro día del asesinato del empresario. Detallaron que de una “fuente anónima” que colabora constantemente con personal de Investigaciones obtuvieron información sobre la participación de Sáez, Maximiliano Martínez Llaneza (uno de los prófugos con comparación genética positiva) y un NN en la gavilla delictiva.
Lo vincularon también porque, muchos de los sospechosos de esta causa, están relacionados con la hinchada de Independiente Rivadavia.
Sáez era de la facción conocida como Los Encapuchados, liderada por uno de los hijos de Cristian Rivero, Leandro, quien está preso por el asesinato de Gabriel Gabito Videla, ocurrido en enero del año pasado en medio de las peleas de poder por quedarse con los negocios de la barra brava.
Cristian Willy Rivero cayó el domingo 18 de setiembre, minutos después del mediodía. El penitenciario se encontraba con licencia por enfermedad desde enero por problemas psiquiátricos cuando fue acusado de participar en los seguimientos de más de una hora que le hicieron al empresario frutihortícola desde la Feria de Guaymallén hasta la zona de calles Padre Manzano y Jorge Newbery, donde, finalmente, lo emboscaron.
Lo ubicaron gracias a las cámaras de seguridad su auto, un Fiat Tipo color champagne (a nombre de un cuñado, policía retirado), en el mercado y también otras calles guaymallinas, las mismas por la que se dirigía Giménez con el dinero.
Rivero asegura que es inocente y así lo declaró. Dijo que le prestó el auto a su hijo Gustavo porque tenía que ir a buscar unas entradas por un festejo de la Lepra.
Su teléfono lo complica: las antenas posicionaron el apartado por los lugares donde se desplazó la víctima. Cuando habló antes las partes, dijo que se lo había olvidado en el auto y que no estuvo en el lugar.
Ver también: El penitenciario detenido por el crimen del empresario negó haber estado en la escena
Por último, Ángel Fredes, de 29 años y oriundo del barrio Paraguay, fue imputado pero recibió el beneficio de la detención domiciliaria. Cuando los policías trabajaron sobre los vehículos de la banda, encontraron elementos de importancia para la identificación de sospechosos.
Ver también: Uno de los detenidos del crimen del empresario clama por su inocencia
Además de un par de guantes y un barbijo, que sirvieron para obtener material genético de otro sospechoso, dieron con un teléfono celular marca Huawei con carcasa de plástico transparente.
En un principio desconocían su número, pero el jefe de la División Homicidios, Ariel Yanzón, realizó una prueba llamando al 911 y así lo identificaron. Obtuvieron que se encontraba a nombre de Fredes y que había sido activado el 5 de agosto de este año.
Pero el imputado asegura que esa tarjeta SIM era vieja y que no estaba en su poder. Declaró que se encontraba trabajando en la construcción, el día y la hora cuando el empresario fue acribillado, y presentó varios testigos que así lo confirmaron.
Hace algunos días recibió la domiciliaria.
El resto de la banda, de acuerdo con la instrucción, está integrada por Gustavo Rivero, detectado al aparecer en cámaras de seguridad de la Feria de Guaymallén; los hermanos Ricardo y Juan Ángel Andrada Mercado, de 30 y 27 años, respectivamente y el citado Maximiliano Martínez (hallaron sangre en la Jeep Renegade y, como la Justicia ya contaba con su ADN, se hizo un cotejo con la base de datos y el resultado fue positivo). Todo están prófugos.
Ver también: La banda que asesinó al empresario Giménez venía perpetrando robos en el Gran Mendoza
Los hermanos Andrada también están complicados en la causa por el material genético. Del volante y la palanca de cambios de una de las camionetas levantaron rastros de un perfil a comparar. Como también tenían pasado carcelario, el banco de ADN sirvió para identificar a Ricardo.
Por su parte, también dieron con material genético de un par de guantes y un barbijo negro que dejaron en uno de los vehículos. El cotejo marcó a Juan Ángel como presente en al ataque.

Más cámaras
Tal como reveló El Sol hace algunos días, las cámaras de seguridad del CEO y también de la feria fueron determinantes para conocer los momentos previos al crimen. Se sabe que Giménez dejó la Feria de Guaymallén en su camioneta Amarok blanca pasadas las 16 con el dinero y algunos cheques. Tenía la intención de dirigirse a su casa.
Primero habrían marcado sus ubicaciones los tres personajes que, se sospecha, circulaban en el Fiat Tipo (Rivero padre e hijo) y luego entraron en escena los que se movían en las camionetas Jeep y Toyota.
Las cámaras del Ministerio mostraron que el Fiat Tipo se estacionó a las 14.40 del 15 de setiembre sobre calle Sarmiento, detrás de un camión. Luego de permanecer más de una hora en el lugar, se adelantó unos metros y se estacionó definitivamente a metros de la feria.
Gracias a las grabaciones, se detectó que tres personas circulaban en el Fiat. Las cámaras internas del mercado cooperativo muestran a un hombre, que sería Gustavo Rivero, siguiendo los movimientos de Giménez.
El sospechoso lo hacía a pie con un teléfono en la mano. Este diario accedió a las imágenes de video, que fueron fundamentales para la investigación de Torres, que se registraron después de las 16.
El sujeto camina cerca la Amarok que utilizaba Giménez y realizaba un seguimiento a pie. Por los movimientos que hacía, estiman que hablaba o mandaba mensajes a otra persona para describir los lugares por donde se movía la víctima, datos que fueron clave para la organización, debido a que unos minutos después lograron frenarle el paso para intentar sustraerle el dinero.
La banda no robó nada. La víctima ofreció resistencia cuando le frenaron el paso los dos vehículos y terminó recibiendo un balazo calibre 22 que destrozó su corazón en pocos minutos.

