Ángel Leandro Fredes tiene 29 años y es oriundo del barrio Paraguay, de Guaymallén. Desde el miércoles 21 de setiembre se encuentra detenido e imputado por el asesinato durante un asalto del empresario Emilio César Giménez Girone (49), perpetrado en el citado departamento seis días antes. Un teléfono celular hallado en uno de los vehículos que utilizó la banda para la emboscada fatal motivó a los detectives a ordenar su detención.
En las últimas horas, el fiscal de Homicidios Carlos Torres le negó la libertad y la detención domiciliaria y solicitó la audiencia de prisión preventiva porque entiende que tanto él como el penitenciario Cristian Antonio Rivero (49), el primer capturado que tuvo la causa, tuvieron algún tipo de participación en el ataque cometido con fines de robo en la intersección de calles Jorge Newbery y Padre Manzano.
A pesar de este paso que evidenció el expediente, Fredes sostiene su inocencia y desde su entorno señalan que es el “perejil” de la causa. Debido a esto, su familia realizará este martes un corte de calles a metros de su domicilio para exigir que sea desvinculado de la instrucción.
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De acuerdo con fuentes judiciales, este joven nacido el 13 de setiembre de 1993 declaró dos veces en la causa y siempre mantuvo la versión de que el teléfono celular incautado durante los primeros peritajes no era suyo.
No sólo eso: en la última vez que compareció ante las partes, desde el Ministerio Público le entregaron su teléfono personal, el que fue incautado durante el allanamiento que permitió su detención, y colocó la clave de seguridad con la intención de demostrar que se encontraba trabajando en una obra cercana a su domicilio el día y la hora a la que se produjo el asalto contra el empresario frutihortícola.
En una de sus primeras manifestaciones, Fredes habló del teléfono que hallaron en una de las camionetas que usó la gavilla que dio el golpe fatal y aseguró ante el fiscal y sus abogados, Francisco Machuca y Sergio Salinas: “Ese celular no es mío, era un chip que yo tenía pero era reviejo”.
Acto seguido, dijo que en ese momento se encontraba trabajando. “Es un barrio semiprivado, de nombre Alto Tirasso. Yo entro a las 10 hasta las 18 todos los días; menos los sábados, que trabajo medio día, pero a veces los trabajo todo el día”, señaló.
En su segunda declaración, que se desarrolló la semana pasada –el miércoles 12 a las 15.15– , Fredes fue más contundente para sostener su inocencia. “Primero que nada, me quiero declarar inocente, yo no hice nada, ese día yo me encontraba trabajando y ahora yo lo voy a demostrar con mi celular. Me declaro inocente”, reiteró el albañil.

Momentos después, ingresó a WhatsApp e hizo escuchar un audio de una conversación que mantuvo con una hermana en la que le pedía ir a bañarse a su casa porque se había roto una cañería de agua en la suya. Ese diálogo fue el 15 de setiembre a las 7.57pm y mostraba al sospechoso totalmente tranquilo. “Danu, soy el Leo. ¿Me puedo ir a bañar a tu casa, por favor?, yo y el Chino –cuñado– y vamos con la Agus –pareja– a jugar un rato, porque se nos ha cortado el agua. El papi han (sic) hecho mal la conexión del agua, no puede ser que no tengamos agua a cada rato”.
También habló sobre las actividades que tuvo durante la mañana, la siesta y la tarde del jueves 15 de setiembre. Dijo que se levantó a las 9, como todos los días, y que a las 10 entró a trabajar.
Agregó que lo hizo como hasta las 17 y 17.30. Y hasta aportó la identidad de un ayudante que se encontraba con él desarrollando las labores. Contó que utilizó el teléfono celular para ingresar a redes y que se conectaba a internet con el wifi del lote en el que se encontraba desarrollando las tareas relacionadas con su profesión.
Por último, hizo un repaso de las comunicaciones que hizo a través de la aplicación WhatsApp durante toda la jornada (conversaciones con su suegra y una hermana, por ejemplo, y el envío de videos) y aportó las identidades de otras personas relacionadas con la obra del barrio cerrado, quienes podrían dar fe de que se encontraba en ese lugar cuando fue asesinado de un balazo el empresario Giménez.
Así las cosas, mientras el otro imputado, Cristian Antonio Rivero, también busca declarar en el expediente para despegarse –será el 26 de este mes a las 14–, el fiscal Torres solicitará la medida cautelar que afecta la libertad contra los dos sospechosos porque entiende, por las pruebas incorporadas en el expediente, que podrían mantenerlos en la cárcel. La última palabra la tendrá un juez de primera instancia.

Ejecutado
El crimen del empresario Giménez generó un fuerte impacto en la provincia. Ocurrió el 15 de setiembre en Villa Nueva y actuaron nueve malvivientes. Para el fiscal Torres, siete están identificados y dos son NN.
Entre los sospechosos están el citado Fredes y Rivero. Además, están con pedido de captura Maximiliano Andrés Martínez Llaneza; Walter Sebastián Corcho Sáez Olguín; los hermanos Ricardo Javier, alias Pica, y Juan Ángel Andrada Mercado y Gustavo Maximiliano Rivero Díaz, hijo del penitenciario.
La hipótesis fiscal sostiene que Giménez comenzó a ser seguido por la organización delictiva desde que salió de la Feria de Guaymallén, donde tenía algunos puestos.
Agrega que los Rivero y una tercera persona no identificada, marcaron todos sus movimientos mientras circulaban en un Fiat Tipo y le pasaron los datos al resto de la organización, que se movía en dos camionetas de alta gama robadas, una Jeep Renegade blanca y una Toyota Rav 4 gris.
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La víctima viajaba en su Amarok V6 blanca cuando sufrió una emboscada en Jorge Newbery y Padre Manzano: la Jeep se colocó delante y la Toyota detrás. Le cortaron el paso porque buscaban los más de 5 millones de pesos, dólares y cheques que transporaba en el asiento del acompañante.
Uno de los ladrones se bajó de una de las camionetas con una pistola calibre 22 y disparó en la parte delantera del capot de la Amarok. La víctima ofreció resistencia e hizo marcha atrás con toda la fuerza de su vehículo.
Destrozó la trompa de la Toyota para intentar escapar pero terminó incrustada en un domicilio de la intersección citada. En ese momento, uno de los malvivientes disparó por segunda vez: el plomo atravesó el brazo izquierdo de la víctima y se incrustó en su pecho.
Le provocó lesiones en los pulmones y en el corazón.
Giménez murió a los pocos minutos y la banda no robó el dinero. Escapó en la Jeep y la dejó abandonada en Colombia y Sarandí.

