El guardicárceles Rivero está cada vez más complicado en el expediente.

Cristian Antonio Rivero Gadea es uno de los dos detenidos que tiene la causa por el crimen en un asalto del empresario Emilio César Giménez (49) durante la siesta del jueves 15 de setiembre sobre calle Padre Manzano casi esquina Jorge Newbery, de Villa Nueva, Guaymallén.

Lo apodan Willy y es penitenciario. Estaba a pocos meses de jubilarse cuando un grupo de policías de Investigaciones le frenó el paso mientras circulaba de acompañante de su Fiat Tipo color perla sabbia o champangne el domingo 18, tres días después del conmocionante asesinato.

El lunes por la tarde decidió declarar en el expediente que lidera el fiscal de Homicidios Carlos Torres. Negó ser parte de la banda y haber participado en el intento de asalto fatal, igual que el otro sospechoso detenido que tiene el caso, Ángel Leandro Fredes Ponce.

Rivero agregó que se encontraba en su departamento de calle Paso de los Andes, de Godoy Cruz a la hora y el día en que se produjo el asalto fatal. Durante la declaración del imputado, la fiscalía no hizo ninguna pregunta.

Al momento de su detención, Rivero permanecía de licencia psiquiátrica desde hacía ocho meses y no concurría a realizar sus correspondientes labores para el Servicio Penitenciario.

Su mujer conducía el vehículo cuando los detectives de Homicidios apuntaron contra ellos. Lo imputaron por homicidios criminis causa en concurso ideal con robo agrado por el uso de arma de fuego apta para el disparo en grado de tentativa y en poblado y en banda. Luego de este acto procesal, lo mandaron a la cárcel.

Este hombre de 49 años es padre de dos reconocidos barras de una de las facciones de la hinchada de Independiente Rivadavia –la conocida como Los Encapuchados– y está sospechado de ser parte de la gavilla que emboscó a la víctima para robarle casi 6 millones de pesos, 800 dólares y 46 cheques que transportaba debajo del asiento del acompañante de su camioneta VW Amarok V6 blanca.

Para el fiscal Torres, el guardiacárcel realizó tareas de inteligencia junto con su hijo Gustavo Maximiliano, quien se encuentra prófugo en la causa, y otro hombre que todavía no está identificado, un par de horas antes del golpe.

El Sol reveló hace pocos días los fotogramas analizados por los detectives de la causa en la Feria de Guaymallén, donde el empresario frutihortícola permaneció algunas horas desarrollando tareas relacionadas a su actividad en los dos puestos que tenía, en los que se observa el auto de Rivero y también a su vástago caminando y corriendo por el predio mientras lleva un teléfono en la mano.

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Lo cierto es que Rivero padre, asistido por su defensa técnica, a cargo de Federico Ábalos, fue trasladado desde la penitenciaría de San Felipe para hablar ante las partes.

A las 16.30 de este lunes comenzó la declaración del imputado. “Me encontraba en mi domicilio, en Paso de los Andes…”, fue la primera respuesta que hizo ante la pregunta de dónde se encontraba en el día y el horario del crimen de Giménez, contaron fuentes de la causa.

Detalló que estuvo todo el día en su vivienda y que a las 14.20 se dirigió a buscar a la hija de su pareja al colegio donde concurre. “De ahí me fui a mi domicilio y a las 16.30 fui a llevar a la nena a la clase de apoyo, a la maestra particular”, dijo en referencia al horario que se produjo el asesinato del empresario.

El penitenciario explicó durante su exposición que le había prestado el auto a su hijo Gustavo y que se lo había traído unos minutos antes de salir de su hogar para ir a llevar a la niña hasta la profesora particular.

Justamente allí apunta la defensa de Rivero: sostuvo que le cedió el auto a Gustavo porque se lo había pedido para ir a buscar unas entradas para un evento relacionado con el club Independiente Rivadavia.

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Uno de los puntos más destacados de la declaración está relacionado con el teléfono celular de Rivero. En la fiscalía solicitaron informes y ubicaron el aparato en la zona de la feria de Guaymallén, justamente donde se observó gracias a cámaras de seguridad internas y externas la presencia de su auto y de quien sería Gustavo.

En uno de los tramos de su exposición, el guardiacárcel aseguró que le prestó el Fiat a su hijo y que se olvidó el aparato de telefonía móvil y también su billetera, objetos que luego le entregó al devolverle a las llaves, unos minutos antes de las 16.30. “Por lo general, me olvido objetos personales en el auto, me olvido la billetera”, respondió ante las preguntas de su abogado.

También explicó que vio las entradas que su hijo fue a buscar y las describió como “blancas, con letras negras al costado, que hacían un evento en el centro y en el medio salían los jugadores de Independiente abrazados”.

Por último, reiteró que no tenía nada que ver con los hechos que le endilga la fiscalía y que desconocía que existe una recompensa de 700.000 pesos para las personas que aporten datos que lleven a la detención de los prófugos de la causa.

Así las cosas, tanto Cristian Rivero como Ángel Fredes declararon en el expediente y se desvincularon de las imputaciones.

Fredes lo hizo dos veces y dijo que es inocente y que el teléfono que encontraron en una de las camionetas que utilizó la banda no era de él, agregando que se encontraba trabajando en una obra cercana a su domicilio del barrio Paraguay, de Guaymallén, cuando se produjo el homicidio de Giménez. “Ese celular no es mío, era un chip que yo tenía pero era reviejo”, dijo ante las partes.

En las últimas horas, varios testigos de la defensa de Fredes fueron citados a declarar y todos confirmaron que este joven de 29 años realizó trabajos de albañilería en una propiedad hasta pasadas las 17 de esa impactante jornada.

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A corta distancia

Emilio Giménez salió de la feria en su camioneta Amarok y después de las 16 del 15 de setiembre sufrió una emboscada fatal: dos camionetas de alta grama, una Jeep Renegade blanca y una Toyota Rav4 gris plomo con cinco malvivientes en su interior le cortaron el paso en el cruce de Padre Manzano y Jorge Newbery, de Guaymallén, buscando el dinero en efectivo que transportaba.

La víctima ofreció resistencia e hizo marcha atrás, chocó de lleno a la Toyota y siguió su camino hasta impactar en una casa.

Uno de los tres malvivientes que se bajaron de los rodados sacó un arma de fuego tipo pistola calibre 22 y la accionó dos veces: uno de los plomos impactó en el sector delantero izquierdo de la Amarok de Giménez y el otro le atravesó el brazo y le destrozó los pulmones y el corazón, por lo que sufrió un shock hipovolémico y falleció a los pocos minutos.

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La banda escapó en la Renegade y la dejó abandonada sobre calle Colombia, entre Sarandí e Yrigoyen. El caso generó fuerte impacto. Tanto es así que es considerado uno de los hechos de inseguridad más grave de los últimos años en la provincia.

Con el paso de las horas, trascendió que los rodados que transportaban a la banda eran robados y que los malvivientes venían cometiendo robos en distintas jurisdicciones del Gran Mendoza desde fines de agosto y principios de setiembre.

Además del citado Gustavo Rivero, están prófugos Walter Sebastián Sáez Ortiz, conocido como el Corcho, barra de la Lepra y uno de los primeros en ser marcado en la investigación; Maximiliano Andrés Martínez (22), también barra de Independiente, oriundo del barrio Parque Urquiza e identificado gracias a rastros de sangre que hallaron en una de las camionetas utilizadas para dar el golpe; y los hermanos Ricardo Javier y Juan Ángel Andrada Mercado, de 30 y 27 años, respectivamente, identificados gracias a rastros genéticos hallados en los vehículos.