A medida que se va acercando el electoral 2023, un sueño crece entre los aspirantes a suceder a Rodolfo Suarez. Por supuesto que la ansiedad es más visible en el oficialismo, que se ve con serias chances de mantener en sus manos la Gobernación. El peronismo, en cambio, también observa aquello que para los anotados de Cambia Mendoza no sólo bien puede ser un sueño, sino, más que nada, una oportunidad histórica. Aunque para la primera oposición, que sabe que llega al turno de recambio en mal estado y lejos de su potencial tradicional, aquello que deja en estado de gracia al equipo de gobierno más bien se podría convertir en una pesadilla con el mal pronóstico, para colmo, de extenderse largamente en el tiempo. Dependerá de cómo se gestione y administre lo que se avecina.

Los recursos para construir Portezuelo del Viento, sin Portezuelo; la elaboración de un plan específico y focalizado en Malargüe o bien extendido para todo el Sur mendocino –lo que pasaría a convertirse en una necesaria reparación histórica para la región– y la reconfiguración del proyecto San Jorge, en Uspallata, para la explotación de cobre planificado desde cero y dentro de los límites de la 7.722 dan cuerpo a una coyuntura especial para Mendoza, tanto que podría marcar el fin de un proceso de retraso de más diez años que ha afectado su economía y, por supuesto, el crecimiento. El efecto de todo lo que ha venido ocurriendo se ha traducido en una Mendoza que luce disminuida, gris y que a duras penas parece mantenerse de pie con lo que poco que produce.

A esta altura de los hechos, en el oficialismo son pocos los que quieren mantener con vida Portezuelo en esta etapa. Mejor dicho, esperan que el presidente Alberto Fernández lo termine avalando, aunque pidiendo nuevos estudios de impacto ambiental. Con ello, se abriría una nueva ventana de tiempo que postergaría el inicio de las obras, con lo que el gobierno de Suarez activaría el famoso Plan B para usar los recursos en otras obras. Aunque Portezuelo, atención, seguiría latiendo, porque la idea que va cobrando cuerpo es salir a buscar financiamiento para cuando se pueda concretar, más adelante, y quizás con un proyecto adaptado a las nuevas circunstancias.

El Consejo Económico, Ambiental y Social (CEAS) acaba de aprobar una serie de proyectos de crecimiento y desarrollo a mediano y largo plazo que podrían ser financiados con los recursos que se están acumulando para Portezuelo, cuando menos para el plan de Gestión Hídrica que elaboró Irrigación y que requiere de unos 200 millones de dólares. Pero, si avanza la adenda al pacto que firmaron en el 2019 Mauricio Macri y Alfredo Cornejo ampliando el destino de los fondos para financiar otras obras que no sólo sean hídricas, el plan del CEAS se anotaría para tomar parte de los recursos.

El esquema que se está elaborando en el Gobierno prevé una atención especial con Malargüe o bien para todo el Sur. Son sólo ideas, bosquejos. Quizás, como adelantándose a lo que se le pude abrir como oportunidad, el intendente Juan Ojeda ha dicho que sigue en pie su plan para que el departamento se exceptúe de los condicionamientos de la ley 7.722, conocida como la Ley Antiminera de la provincia. No sólo en el Gobierno o en el oficialismo, sino también en buena parte de la oposición tradicional de Mendoza ve razonable el pedido de los malargüinos para ser ejecutado de inmediato.

Las oportunidades que dan los recursos para Portezuelo funcionarían para la provincia como nuevas “joyas de la abuela” recientemente descubiertas. Inesperadamente descubiertas, para ser claros. Esos 1.023 millones de dólares acumulados en pocos años equivalen, incluso, a casi el endeudamiento que en la misma moneda tiene la Provincia a pagar en casi 30 años. Podrían financiar no sólo el plan de Irrigación, sino otros emprendimientos largamente postergados, además de ese par de presas previstas como Uspallata, aguas arriba de Potrerillos, y el Baqueano, sobre el Diamante, en el Sur.

Todo es parte de un grupo de obras y emprendimientos que pocos años atrás eran sólo un sueño. En el Gobierno y en el oficialismo ven hoy que pueden gestionar la concreción del mismo. En particular, la gestión que suceda a la de Suarez. Para el peronismo, es un escenario amargo en lo provincial, aunque promisorio en aquellos departamentos que todavía administra y que apuesta a seguir controlando y ratificando en las elecciones del 2023.

Y, el proyecto San Jorge no sólo sigue latiendo, sino que sus dueños le han expresado a Suarez la decisión de volver a presentarlo, quizás renombrado, pero absolutamente reconfigurado, de cero, insistiendo en la explotación de cobre en ese yacimiento que se extiende en Uspallata. De lo que ha trascendido, se sabe que podría ver la luz luego del proceso electoral del 2023, casi para el inicio de la gestión que suceda a Suarez.

La llave de un posible despegue provincial tiene tres patas, independientemente de lo que ocurra con la macroeconomía. Por eso apuestan quienes hoy conducen la Provincia, como los que se preparan para jugar una chance, más en el oficialismo que en la oposición, pero ambos por igual ven lo mismo. Dependerá de cómo la administren y de cómo gestionen una oportunidad inesperada poco tiempo atrás, pero que puede diluirse, como todo, cuando las decisiones no son atinadas. Se sabe.