“Qué bien que le hace a la Argentina dejar de lado la grieta y poder trabajar juntos en temas fundamentales”, reflexionaba este martes Rodolfo Suarez en un alto de la gira que comparte con siete gobernadores y el ministro del Interior, Wado de Pedro, por Israel. Se refería exactamente a lo que considera un punto estratégico, como  el del uso y aprovechamiento del agua, aunque seguida y rápidamente pareció corregirse para acotar que, “en definitiva, en todos los temas, porque para la gente todos los temas son fundamentales”.

Un día después de que De Pedro sorprendiera con un polémico proyecto de su gobierno, en estado embrionario, para nacionalizar la gestión del agua en todo el país emulando el sistema que utilizan los israelíes para proveer de agua a un territorio que tiene las dimensiones de la provincia de Tucumán –una iniciativa que puso en  alerta a los mendocinos y al Ejecutivo y también al titular de Irrigación que lo calificó lisa y llanamente de “inconstitucional”–, Suarez se mostró agradecido, sinceramente, por la invitación del Gobierno nacional a formar parte del viaje, y por compartir con una provincia de otro color político experiencias como estas. Fue en ese contexto y circunstancias en que bien se pudo haber dado el momento de reflexión que lo envolvió, quizás, el que permite la lejanía por unos días de la provincia, de la Argentina y de su clima tóxico, y en el que Suarez, precisamente, se refirió a la omnipresente grieta política e ideológica que se apoderó del país y que  domina todos, o casi todos, los asuntos que se ponen en discusión.

Pero, mientras eso sucedía en Suarez, sus colegas peronistas de las siete provincias representadas en la misión expresaban su inquietud y hartazgo por la crisis interna que agobia al gobierno de Alberto Fernández. Porque el ministro bonaerense de Desarrollo Social, Andrés el Cuervo Larroque, por segundo día consecutivo, había cargado contra la política económica del Gobierno, pero ahora directamente contra Martín Guzmán, de quien dijo, ninguneándolo, no haber tenido idea de él el 27  de octubre del 2019 (el día de las elecciones  generales): “Yo no lo conocía, pero quizás por ignorancia mía… Ahora creo que nadie lo votó”. La inquietud y molestia de los gobernadores peronistas en Israel fue descripta en una crónica publicada este martes por Infobae, de su enviada especial.

La interna no sólo es feroz en el Gobierno y si tiene hartos a los gobernadores, que no pueden creer, según dicen, que en la cúpula de la administración nacional no se le esté prestando atención a los problemas reales, sólo hay que imaginar lo que está sucediendo al nivel de los ciudadanos comunes. No hay que hacer demasiado esfuerzo, en verdad, para suponer lo que pasa y comprobarlo rápidamente.

En un día en el que la divisa norteamericana se disparó más de 5 pesos sumando casi 20 pesos en la semana, lo que multiplicó la tensión, la incertidumbre y la preocupación en los mercados, Larroque se permitió filosofar en una entrevista radial, concentrado pura y exclusivamente en la interna y hablando, así lo dio a entender, en nombre de la líder del espacio del que forma parte, Cristina Fernández de Kirchner. “Si la unidad es una emboscada contra Cristina, estamos en problemas”, dijo el secretario de La Cámpora. Pero se permitió más todavía. A su entender, describió tres modelos económicos: el liberal, el justicialista o peronista y un tercero que  identificó con el desarrollismo, “en el que se rescata la política productiva hacia determinados sectores, pero se atenúa la justicia social o la redistribución como valor  central de lo que puede ser la política económica del justicialismo”. Según Larroque, el Gobierno –su gobierno–, “está en esa fase en que no termina de comprender cuál es la dimensión de la justicia social. Eso es un problema y es lo que nos tiene en una situación de zozobra. Hay cosas para reivindicar, pero hay una sensación de que  faltan cosas. Acá hay un problema de concepción política”.

Hay un problema real y demostrable de divorcio claramente entre una buena parte de quienes protagonizan la política en la Argentina, no sólo con los problemas, sino que pareciera ser con las capacidades también que se puedan reunir para responder a lo que Larroque y otros tantos, desde el kirchnerismo, particularmente,  reclaman. El peronismo supo, históricamente, acomodarse a las adversidades. Hasta antes de la irrupción del kirchnerismo, el pragmatismo y el poder real parecían ser  la ideología peronista. Cuando tuvo que ajustar, lo hizo, al igual que cuando entendió que había que redistribuir –la mayoría de las veces cuando gobernó–, también lo  hizo. Esto último siempre con recursos a mano. Esos recursos hoy no existen, y el kirchnerismo, cristinismo para ser más precisos, presiona a Fernández a que le dé un  giro a una política económica con la que no concuerda. Pero, al mismo tiempo, Fernández, quizás por esa misma presión sofocante de su mentora a la presidencia,  ordena gastos extras y la profundización de la política de dádivas sin que ellas, a su vez, le proporcionen algo de calma. Por la sencilla razón de que quienes reciben la  asistencia son víctimas del principal problema argentino, la inflación.

Una encuesta conocida este martes de la Universidad de San Andrés da cuenta de que el kirchnerismo tiene una imagen negativa de 79 por ciento, mientras que el  peronismo, de 72 por ciento. Y pese a que toda la política en general arrastra una visión negativa de parte de la sociedad, quien está gobernado parece estar perdiendo  apoyos en los sectores que siempre le han sido afines. Un callejón que no muestra una salida, al menos por el momento, para la coalición gobernante. Claro que el  resto, la oposición, tampoco está bien. El Pro tiene una imagen negativa de 58 por ciento, y los radicales, de 50.

Son circunstancias que explican, en parte, el fenómeno de Javier Milei, por caso, y de todas las ideas antisistema que han comenzado a pulular y a crecer. Alfredo Cornejo, quien siguió ahondando la grieta al revés de Suarez, el que hace esfuerzos por mostrar todo lo contrario y está concentrado en la gestión, habló de Cristina Fernández de Kirchner y de su obstinación por dominar la Justicia, además de querer separarse del gobierno que gestó. Pero también tuvo tiempo de  manifestarse sobre Milei, de quien dijo que es un catalizador de la bronca social, pero que con el paso del tiempo se irá diluyendo, porque, según él, “las posiciones  extremas tienen un techo”.