A nivel mundial, uno de cada tres niños tiene anemia. Esta cifra, que representa un 33 por ciento, también se refleja en Argentina y aunque en algunas regiones hay una prevalencia superior a ese porcentaje, Mendoza se encuentra por debajo de la media nacional aunque el número sigue siendo preocupante. Según los profesionales, esta enfermedad es evitable y la lactancia durante los primeros 24 meses de vida es fundamental para prevenirla.
Según indica un informe del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (Cesni), la prevalencia de anemia en Argentina es alta: 1 de cada 2 lactantes, 1 de cada 2 mujeres gestantes y 1 de cada 5 mujeres en edad fértil. “En todos los casos, el análisis de dos o más indicadores confirma que el origen de la anemia es la deficiencia de hierro. En las mujeres embarazadas es posible que a la carencia de hierro se agregue la de vitamina A y ácido fólico”, precisa el estudio de esta organización argentina.
“Mendoza está un poco por debajo de la media nacional, la prevalencia sería de un 25 por ciento, es decir, que de 25 de cada 100 niños tiene anemia, el número sigue siendo alto. Este es un problema mundial y también existe en los países desarrollados a diferencia de los que muchos pensarían”, explicó Guillermo Arbesú, jefe de Hematología del hospital Humberto Notti.
La anemia en menores de dos años se llama carencial, es nutricional. Esto quiere decir que se genera por deficiencia de hierro. Por este motivo, es una preocupación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Unicef ya que puede prevenirse y aún así las cifras de casos son altas en todo el mundo.
Además de producir decaimiento, cansancio, falta de apetito y tendencia al sueño, la anemia en menores de dos años provoca dificultades en su desarrollo intelectual y neurológico. Esto no significa que en un futuro el niño será débil mental o que tendrá algún otro tipo de discapacidad sino que tendrá mayores dificultades para la resolución de problemas y consignas, además crecerá menos.
“La anemia por deficiencia de hierro es la enfermedad infantil más común en todo el mundo. De cada tres niños menores de dos años, uno tiene anemia. En un chico impacta en su desarrollo psicomotriz, compromete su crecimiento- crece menos- y va a tener mayor dificultad para adquirir destrezas intelectuales. Estas son capacidades que, aunque se traten más tarde, no se recuperarán nunca en su totalidad”, indicó Arbesú.
Según el profesional, el tratamiento ideal es la prevención. La primera herramienta es que el niño, en lo posible, tenga una mamá alimentada correctamente y que no padezca de anemia. Luego, la lactancia es el pilar fundamental para el bebé porque es la principal fuente de hierro que tiene el niño durante su primer año y medio de vida. Más tarde, llega el momento de la incorporación de carnes en el segundo semestre de vida del chico y que no puede suplirse completamente con otros vegetales.
“El hierro útil para ser absorbido está en las carnes rojas y blancas, el que está contenido en vegetales es muy dificultoso de absorber, por eso deben priorizarse las carnes a partir de los seis meses. También existe una recomendación medicamentosa que consiste en gotas de hierro de refuerzo hasta el año y medio cuando ya el chico tiene una alimentación mixta”, agregó Arbesú.
En cuanto a las frutas, son los cítricos los que favorecen la absorción de hierro. Acorde a las declaraciones de este profesional, el ser humano sólo absorbe el 10 por ciento del hierro que ingiere: “ por ejemplo, de un bife que tiene 100 miligramos, se puede absorber 10 miligramos, porque el organismo tiene sistemas de protección y el hierro en exceso es tóxico”, expresó.
Las embarazadas requieren, en promedio, 5 miligramos de hierro diarios mientras que los lactantes necesitan entre 3 y 4 miligramos. Por su parte, las mujeres en edad fértil y adolescentes, entre 2 y 3 miligramos. El resto de las personas, los hombres y post menopausicas, necesitan 1 y 2 miligramos.
“También existe la estrategia de fortificación de alimentos, es decir que el hierro esté incorporado, como en la leche en polvo que viene fortificada y ayuda mucho y es la que se entrega en centros de salud por lo que se puede acceder a esta”, expresó Arbesú.
La alimentación correcta es clave
Según Susana Armiñana y Florencia Sans- ambas licenciadas en Nutrición- el hierro es muy importante para la vida. Por este motivo, el organismo tiene depósitos en el hígado, bazo y otros tejidos ya que es necesario para disponer de éste en situaciones con elevada demanda como el embarazo, períodos rápidos de crecimiento o cuando existen hemorragias así como cuando la ingesta de los alimentos es transitoriamente baja.
Tenemos alimentos ricos en hierro de origen animal que son los que mejor se absorben como carnes rojas y blancas, vísceras y morcilla. También está presente en los alimentos de origen vegetal como legumbres y verduras de hojas verdes y, a su vez, se los encuentra en el huevo y leches fortificadas.
“Para una mejor absorción, existen alimentos que se denominan ‘facilitadores’ como jugos de frutas cítricas de naranja o pomelo y también frutas como mandarina, kiwi, frutillas; tomate, pimientos. Es importante no consumir con las comidas alimentos como té, mate, alimentos de salvados y cereales”, resaltó Armiñana.
La profesional, que también se desempeña como docente de la Facultad Ciencias de la Nutrición de la Universidad Juan Agustín Maza, agregó que cuando los niños tienen una alimentación adecuada, variada, van a incorporar el hierro necesario para su organismo.
“Es importante saber que en determinadas etapas de la vida el requerimiento de hierro aumenta, como por ejemplo en el embarazo, puerperio y períodos de mayor crecimiento en el niño”, precisó Sans.
