Las devociones populares surgidas en torno a personajes históricos o contemporáneos  constituyen un fenómeno de fe ajeno a cualquier institución religiosa.

La Difunta Correa, el Gauchito Gil y hasta la cantante Gilda, entre otros, se transformaron en leyendas tras sus trágicas muertes y con el tiempo se convirtieron en unas de las mayores devociones de fe pagana de Argentina y de nuestra provincia.

En Mendoza, año tras año, Juan Bautista Bairoletto y el Ánima Parada ganan más adeptos, quienes les piden favores relacionados con el trabajo, la salud y hasta el amor.

¿Quiénes eran estos personajes? ¿Por qué generan devoción? ¿Por qué miles los consideran santos? ¿Es cierto que realizan milagros?

Andrés tiene 50 años, es de Buenos Aires y hace 30 años vino de vacaciones a la casa de unos parientes que viven en Godoy Cruz. Llegó a la provincia desilusionado porque no lograba recibirse de veterinario. Su tía le dijo que fuera al cementerio de Rivadavia y le pidiera al Ánima Parada que lo ayudara a terminar la carrera universitaria. Desde entonces, cada tanto vuelve a ese departamento para agradecerle el hecho de que ya es un médico veterinario reconocido en su lugar de origen.

Creer en un poder sobrenatural es algo frecuente en todas poblaciones, culturas y épocas. Sin embargo, sabemos poco sobre qué hace que el procesamiento cerebral relacionado al funcionamiento del mundo incluya en muchas personas estas creencias. La causa de esta búsqueda de un sentido superior depende de muchos factores y, entre ellos, está la personalidad. La mayoría de los neurocientíficos y psicólogos que han trabajado en el tema coinciden en que las creencias en lo sobrenatural están enraizadas en los procesos cognitivos normales”, explicó la médica Graciela Casé, especializada en Medicina del Estrés y Neurociencia.

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Al recorrer las rutas de Mendoza, se puede observar que hay cada vez más “santuarios” con las que se venera a diferentes personajes: “Y cada vez habrá más porque tiene que ver con un contexto mundial”, aseguró el fotógrafo César Panella, quien ha pasado años haciendo un relevamiento de las ermitas del Gauchito Gil en nuestra provincia.

“En el ámbito urbano vas a encontrar menos ermitas porque a la gente le da vergüenza reconocer que le pide favores a estos personajes. Pero en las zonas rurales o de mayor vulnerabilidad, vas a ver que hay varias y cada vez más”, detalló Panella, quien aclaró que no se les llama devoto sino promeseros: “Seguramente escucharon la frase ‘más cobradora que la Difunta Correa’. A estos personajes se los llama santos cobradores. Las personas hacen una especie de contratos con ellos. Cuando lo que pidieron se cumple, tiene que concretar la promesa que hicieron”, indicó.

¿Realmente realizan milagros? Según los promeseros, sí. La ciencia aún no ha podido comprobarlo.

Estudios de neuroimagen muestran que cuando una persona piensa en su dios o reza, se activan las mismas regiones encefálicas que en los procesos asociados a la teoría de la mente. “Esta teoría trata del estudio de la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas. Estudios demuestran que durante el rezo se produce un aumento significativo de la respuesta en el núcleo caudado. En otras palabras: se activaba el sistema de recompensa”, afirmó la doctora Casé y señaló que lo que dice la Neurociencia es que la activación cerebral en estas regiones es similar a la que se produce cuando hablamos con un amigo: “Se produce una sensación de bienestar”. 

La Difunta Correa

Su nombre era Deolinda Correa y falleció en 1840. Estaba casada con  Clemente Bustos, quien fue reclutado por la fuerza por los grupos montoneros para participar de las guerras civiles y llevado a La Rioja. Deolinda intentó ir tras él con su bebé recién nacido. En un viaje a pie por el desierto sanjuanino, falleció de agotamiento, sin alimentos ni agua, y fue hallada al día siguiente por unos arrieros, quienes comprobaron que el niño seguía vivo.

El pequeño se había amamantado del cuerpo muerto de su madre, lo que dio origen a la leyenda y a la posterior devoción de fe en esa provincia y en todo el país. Los camioneros fueron los principales difusores del culto a la Difunta Correa.

Así, se fueron creando más altares y en los que se expone una escultura de la mujer rendida de sed. Es costumbre que los seguidores dejen botellas de agua como un símbolo de cuidado y piedad. 

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El Gauchito Gil

Cristianos o no, muchos le rezan a Antonio Mamerto Gil Núñez, más conocido como el Gauchito Gil. Sobre su biografía no hay datos certeros, pero algunos estudiosos de su historia afirman que nació un 12 de agosto de 1847, en Mercedes, Corrientes.

Luego de participar en la guerra de la Triple Alianza fue reclutado por el Partido Autonomista para pelear en la guerra civil correntina contra el opositor Partido Liberal, pero desertó. Dado que la deserción era delito, fue capturado, colgado en un árbol y lo mataron tras producirle un corte en la garganta.

Según cuenta su leyenda, Gil le dijo a su verdugo que debería rezar en su nombre por la vida de su hijo, que estaba muy enfermo. Luego de matarlo, el hombre llegó a su casa y encontró a su hijo al borde de la muerte.

El verdugo rezó al Gauchito Gil y su hijo sanó milagrosamente. Todos los 8 de enero en cada rincón del país se enciende una vela roja para venerar al Gauchito. Sus promeseros suelen llevarles trapos rojos, velas, cigarrillos y vino a sus altares edificados en las banquinas de las rutas. Sin olvidarse de tocar bocina cuando pasan por el frente de una de sus ermitas.

El Ánima Parada

“Diógenes Recuero nació el 6 de marzo de 1861. Era hijo de Ramón Recuero y Filomena Santander. Nacido en una cuna antirosista, su familia padeció fuertemente la oposición al caudillo federal y sus seguidores en Mendoza. Se casó con Fabiana Gatica, heredera directa de una tradicional familia rivadaviense oriunda de La Reducción, quien antes de casarse con Diógenes había enviudado muy joven”, contó el historiador Gustavo Capone, autor del libro “Rivadavia, las historias de su Historia. Huellas, tertulias y memoria”.

De acuerdo con Capone, Recuero vivió un tiempo en Buenos Aires pero regresó a Rivadavia para quedarse definitivamente, atraído por la agricultura y seducido por quien fue su esposa. Hombre de mundo, pionero aviador, deportista, con fama de galante y muy culto. Algunas versiones también dan cuenta, que la vida porteña le trajo algunos sinsabores afectivos y comerciales, lo que lo empujó invitado por un grupo de amigos a regresar a Mendoza.

Murió a los 42 años y fue enterrado en el viejo cementerio municipal de la calle Brandsen. Sus restos permanecieron allí hasta 1914, cuando por ordenanza municipal pidieron que los parientes de los difuntos exhumaran los restos de sus familiares y los trasladaran al nuevo cementerio departamental.

“A partir de ese momento, se abre otra historia plagada de dudas, misterios y beneficios milagrosos. Conjeturas sobre su muerte existen muchas, y más allá del certificado de defunción oficial, era fuerte el rumor sobre su envenenamiento, donde se pudieron conjugar intereses económicos, políticos y pasionales. Ante el nulo reclamo de su féretro para ser trasladado al nuevo cementerio, los empleados municipales abieron el ataúd para depositarlos en una fosa, percibieron el poco estado de descomposición de su cuerpo. Había trascurrido casi 8 años de su muerte y probablemente las sustancias usadas para el supuesto envenenamiento, hayan actuado como conservante del tejido visceral y epidérmico, dilatando la normal descomposición del cuerpo. Otra versión sostiene que durante años tuvo que padecer sífilis. El tratamiento para dicha enfermedad venérea por ese tiempo era el mercurio y el bismuto lo que actúan como conservantes de los tejidos”, detalló Capone.

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Más allá de la sorpresa causada por el poco estado de descomposición del cuerpo, lo arrojaron a la fosa y quedó de pie contra una pared. “De acuerdo con el relato de los lugareños, dicen que el cuerpo fue depositado en una urna de vidrio para que pudiera ser contemplado. Ahí nace la leyenda del Ánima Parada. Se comenta también que, Diógenes Recuero era una especie de curandero sumamente milagroso que atendía a personas y a animales. Esto agigantó el mito, convocando gran cantidad de seguidores que se arriman a la tumba para solicitar favores”, dijo el historiador.

Después de mucho tiempo se le construyó un gran mausoleo de mármol negro, como “pago del favor”.  Un devoto le prometió que si obtenía el primer premio de la lotería lo compartiría con el “Ánima Parada”. “Así fue como Carlos Di Fabio, rivadaviense residente en San Rafael, pagó su prenda el 31 de octubre de 1963 al obtener el premio mayor de la Lotería de Mendoza, construyendo la actual tumba de Diógenes Recuero”, indicó Capone.

Juan Bautista Bailoretto

Es considerado el “Robin Hood de las pampas”. Muchas crónicas lo muestran como un bandido que se suicidó cuando la policía lo cercó en una finca mendocina, donde estaba con su mujer y sus hijas. El hecho ocurrió el 14 de septiembre de 1941.

Nacido un 11 de noviembre de 1894, en Santa Fe, Bailoretto era hijo de italianos. Según cuentan algunos relatos era “bueno para los pobres” y “malo para los ricos”. Sus restos están General Alvear, donde vivió en una chacra hasta su muerte.

Según contó su mujer en una entrevista, Bailoretto se suicidó para evitar un tiroteo con la policía y poner en peligro a ella y sus dos hijas. Para cobrar una recompensa su amigo, Vicente Gascón, habría sido el entregador.

En la fecha de su fallecimiento, los devotos le encienden velas en su tumba y le piden trabajo, salud, aprobar materias y hasta la solución para problemas sentimentales.