El guardia con una mochila, llevando al baño a la presa, tocándose la zona pélvica y luego de ser denunciado en Es.Tra.D.A.

El expediente por el presunto abuso sexual contra una mujer detenida en la Estación Transitoria de Detenidos y Aprehendidos (Es.Tra.D.A.) sumó una prueba considerada determinante: el análisis de las cámaras de seguridad realizado por la División Tecnología Aplicada de Investigaciones.

El informe, incorporado por pedido de la fiscal de Homicidios y Violencia Institucional María Florencia Díaz Peralta, reconstruyó en detalle la secuencia de movimientos dentro del sector y colocó en una posición comprometida al suboficial ayudante del Servicio Penitenciario que permanece detenido e imputado, tal como detallaron fuentes policiales y judiciales a El Sol.

El material fílmico fue recolectado en el complejo penitenciario Boulogne Sur Mer, almacenado en un dispositivo digital y procesado en un archivo comprimido. A partir de allí, los peritos analizaron registros de 13 cámaras de seguridad en una franja horaria clave: entre las 9.30 y las 10.30 del 7 de abril, el día en que, según la denuncia y estiman los investigadores judiciales, se produjo el hecho.

La reconstrucción comienza a las 9.40, cuando la mujer -detenida por un hurto simple y luego denunciante- ingresó a Es.Tra.D.A. escoltada por una uniformada policial. Provenía trasladada desde la Comisaría Séptima de Godoy Cruz.

La denunciante siendo llevada al baño, que sería de varones, por el penitenciario denunciado.

El informe describe sus características físicas y vestimenta con precisión. Dos minutos después, fue llevada por dos penitenciarias al sector de Requisa 1. Permaneció allí más de veinte minutos y salió con una prenda adicional: una remera blanca de mangas cortas colocada sobre la que ya llevaba.

En paralelo, las cámaras captaron movimientos clave en el sector de celdas y sanitarios. A las 9.43, la mujer fue llevada por una penitenciaria hasta un baño ubicado en esa área.

Minutos después, a las 9.51, se registró una interacción indirecta, se desprende del informe de Investigaciones: desde una celda cercana, otro interno arrojó un cigarrillo en dirección a la denunciante. El penitenciario, luego acusado, se acercó al lugar y se lo entregó, quedando así ubicado en la escena.

La secuencia central del informe se inicia a las 9.55. En ese momento, el guardia abrió la celda donde se encontraba la mujer y fue captado dirigiéndose junto a ella hacia el baño. Ambos ingresaron.

El penitenciario en Es.Tra.D.A.

Un minuto después, el penitenciario salió del sanitario. Sin embargo, a las 9.56.43, las cámaras lo registraron reingresando. Permaneció en el interior hasta las 9.59.53, cuando volvió a salir. Estos tres minutos son considerados “fundamentales” en la causa, detallaron fuentes judiciales.

En ese instante, según el análisis técnico, realizó movimientos “compatibles con el ajuste o acomodamiento de su vestimenta en la zona pélvica/genital”, una observación que los investigadores consideran relevante en función de la denuncia.

La cronología continúa con otro dato significativo. A las 10.00.17, el suboficial regresó al baño con una mochila oscura (se cree que allí llevaba dinero en efectivo que luego le entregó a la mujer).

Un minuto después, tanto él como la mujer salieron del lugar. El agente la acompañó nuevamente hasta la celda y luego volvió al sanitario, que al parecer estaba destinado para varones, para retirar el bolso. Pero la dinámica no terminó allí: a las 10.02.22, ambos fueron captados ingresando otra vez al baño. Treinta segundos después, el penitenciario salió solo.

El informe también consigna otros movimientos que son analizados en el contexto general: a las 9.56, el guardia fue registrado manipulando un “objeto color claro” entre sus manos. Todos estos elementos forman parte de una reconstrucción que busca establecer qué ocurrió en el interior del baño, un espacio sin cámaras.

La secuencia documentada por los registros fílmicos se alinea temporalmente con el relato de la denunciante, quien aseguró que fue llevada al baño con la excusa de recibir comida y que allí, tras un primer contacto, el penitenciario regresó minutos después y la sometió sexualmente.

La mujer en el momento que denunció el abuso sexual ante dos mujeres penitenciarias.

Según su testimonio, el agente la amenazó para que no hablara y le entregó dinero en efectivo, el cual posteriormente fue hallado en sus zapatillas durante una requisa posterior, ya en otro destino de detención, antes de ingresar al penal.

El expediente ya contaba con otros elementos de peso: informes médicos que detectaron lesiones compatibles con presión en el cuello, estudios que confirmaron la presencia de material biológico en su cuerpo (podría ser semen) y ropa, y testimoniales de personal penitenciario.

A eso se suma este análisis técnico al que accedió este diario, que no registra lo ocurrido dentro del baño pero sí establece con precisión los ingresos, egresos y permanencias del imputado junto a la detenida en ese espacio.

La defensa del penitenciario sostiene que existió una relación consentida. Sin embargo, la fiscalía puso el foco en la situación de vulnerabilidad de la mujer -privada de la libertad y bajo custodia-, el rol funcional del agente y la secuencia de movimientos captada por las cámaras, que refuerza la hipótesis acusatoria.

Con el informe de Investigaciones incorporado, la causa avanza hacia nuevas medidas, entre ellas el cotejo genético del material biológico recolectado, el cual podría incorporarse en el expediente los próximos días.