Daniel Oldrá.

Daniel Gato Oldrá vuelve a Godoy Cruz. El club anunció este jueves en sus redes sociales que el histórico ídolo del Tomba asumirá como Director Deportivo, apenas un año después de haber partido entre lágrimas hacia Instituto de Córdoba. “Bienvenido a casa”, escribieron desde la cuenta oficial, con una imagen que no tardó en recorrer las redes.

La historia entre Oldrá y Godoy Cruz es de las que no necesitan presentación en Mendoza. Comenzó en las inferiores del club, cuando el Gato era apenas un chico. Debutó como jugador profesional en el Tomba en 1987, dio el salto a River Plate —donde compartió plantel con figuras como Daniel Passarella, su ídolo de la infancia— y volvió a Godoy Cruz en 1993, donde terminó su carrera como futbolista en 2002.

Pero su legado más profundo llegó después del retiro. Desde 2003, Oldrá recorrió prácticamente todos los roles posibles dentro del club: coordinador de inferiores, director deportivo, entrenador interino en múltiples ocasiones y director técnico en ciclos formales. Fue él quien detectó a Enzo Pérez jugando en Deportivo Maipú cuando era un juvenil desconocido y lo llevó al Tomba. Lo mismo hizo con Fabrizio Angileri, Carlos Sánchez y decenas de jugadores que luego alimentaron el fútbol argentino.

Como entrenador, acumuló nueve ciclos al frente del primer equipo, con un total de 157 partidos oficiales. Su marca más recordada es el ascenso a Primera División en 2008, cuando condujo a Godoy Cruz de manera directa desde la B Nacional. En su último ciclo, el más extenso, llevó al Tomba a clasificar a la Copa Sudamericana y disputar la fase preliminar de la Copa Libertadores 2024, donde enfrentó a Colo Colo.

Su partida, en noviembre de 2024, sacudió a todo Mendoza. Con la voz quebrada, Oldrá dijo que era “la decisión más difícil de su vida” y que por primera vez tendría que dirigir con la cabeza y no con el corazón. Su paso por Instituto de Córdoba duró apenas unos meses.

Ahora, el Tomba lo recupera en un momento delicado, peleando la Primera Nacional para regresar a la élite y sabiendo que no es fácil hacer pie en la segunda categoría. Y lo hace desde un rol que parece hecho a su medida: el de un hombre que conoce cada rincón del club, que sabe quién puede servir y quién no, y que durante décadas construyó en silencio buena parte de lo que Godoy Cruz es hoy.