Que si tengo mucho frío es lo que se pregunta mi familia o amigos constantemente. Y yo siempre respondo que si bien estoy abrigada, lo más difícil es acostumbrarse a las pocas horas de luz. En Estocolmo todo es a media luz, durante el día tampoco podemos considerar que la luz brille en su presencia, y el celeste del cielo la mayoría de los días se vuelve un gris metalizado. Una amiga pintora me dijo recientemente: “En hora buena, estas disfrutando otra paleta de colores”.

Pero el proceso ya se invierte, y aunque todavía resulta casi imperceptible está oscureciendo cada vez más tarde. Quizás a las tres y media.

Dicen que esto influye de manera radical en el estado de ánimo, aunque yo creo que la seriedad de los suecos se debe más al color del cielo. Pero después de tantos meses la ausencia de luz sigue siendo el tema por excelencia, y me gustaría dedicar este pequeño post a contarles sobre los rituales para sobrevivir al invierno escandinavo que profesa el saber popular.

Comer saludable, dormir ocho horas, hacer ejercicio y salir a caminar, aunque sea una vuelta de cinco minutos, durante las horas de luz. Lo que me gusta de estos consejos es que son cosas que ya sabemos, o quizás cosas que creemos saber. Pero el otoño/invierno es tan intenso aquí que estas recomendaciones aparecen por todos lados. Diarios, medios, etc. Y la mayoría de los suecos son tan obedientes que lo cumplen a rajatabla.

En este sentido hay una palabra que ayuda a entender la seriedad con que los suecos se toman este asunto, y es: Friskvårdsbidrag. Esta palabra tan larga e impronunciable es por definición un “sueldo” que las empresas suecas pagan a sus trabajadores anualmente para realizar actividades físicas. Es decir, que cubre las mensualidades de un gimnasio, un bono anual para la piscina, o incluso para hacerse masajes. La premisa para las empresas es que si sus empleados hacen ejercicio, se van a encontrar mejor físicamente, van a rendir más en el trabajo, y no van a caer enfermos. Sumado a que es una de las mejores opciones ir en bicicleta a trabajar.

Este año, aunque tardó en llegar la nieve, a esta altura ya lo ha cubierto todo. Los nostalgiosos colores otoñales ya no son parte del paisaje. Lo más lindo es que la nieve refleja más luz con la nueva paleta de colores, volviendo azulada la luz que entra por la mañana.

Con las bajas temperaturas también se pone a prueba el funcionamiento de la ciudad, porque el gasto energético para mantener la calefacción en la ciudad es muy alto, pero así de grandes dimensiones son las soluciones que los escandinavos proponen.

La última innovación sueca en este respecto es la calefacción humana. La empresa (pública) que gestiona las estaciones de ferrocarril del país, decidió que no se podía dejar que se gastara en vano el calor que producen los cuerpos de los pasajeros que transitan por la Estación Central de Estocolmo, así que implementaron un edificio anexo a la instalación ferroviaria: el Kungsbrohuset.

*Kungsbrohuset

La solución tecnológica está basada en tuberías y una serie de pequeñas bombas situadas en el sistema de ventilación que aspiran el aire proveniente de la transpiración de los viajeros y el personal de la estación y lo canalizan a través de conducciones subterráneas, lo que permite calentar agua y, de este modo, proporcionar calefacción al edificio.

Pero además, ni la nieve ni el frío bajo cero disuade a los suecos de acatar las recomendaciones: no es raro ver gente corriendo aun sobre el suelo nevado. Las madres pasean a sus bebés en cochecitos y a sus pequeños en trineos plásticos, y estos se divierten mucho jugando al aire libre.

Incluso en las escuelas hay una reglamentación que indica que todos los niños deben pasar un momento del día al aire libre. Así que eso de que “hace frío, no salir” aquí no existe. Con la nieve, además, surgen nuevas actividades para hacer en la ciudad. El lago ya está congelándose y será pronto una pista de patinaje pública y gratuita.

Y en los alrededores de la ciudad, cerca de los bosques, pronto será posible hacer actividades como caminatas con bastones sobre la nieve o esquí.

Para tranquilidad de los que preguntan, puedo asegurar que no se siente el frío (todos los ambientes y transportes públicos están perfectamente calefacionados). Y -siguiendo un dicho sueco-: “No existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada”. La verdad es que se puede estar muy a gusto paseando por la ciudad.

Y lo más encantador es que este clima también es motivo para comenzar una actividad física, una recreación al aire libre, y además investigar sobre las resoluciones energéticas más ecológicas y sustentables que propone Estocolmo.

Espero que les hayan sonado familiar las sugerencias para pasar el invierno, e intenten seguirlas, incluso en tiempos de calor, porque sabemos que no son solo para una estación, sino para todos los días.