“Pinta tu aldea y pintarás el mundo” es una famosa frase atribuida al escritor ruso León Tolstoi. Las palabras no sólo encierran una buena máxima para cualquier artista de la mano de un gran maestro. En ellas se interpreta también que hay experiencias universales, que nos hermanan sin importar la latitud en la que existamos, porque, finalmente, compartimos la misma condición de humanidad.

Quienes escriben en Mendoza “pintan nuestra aldea” y, al hacerlo, nos proporcionan un espejo en donde se refleja –para bien o mal– nuestra imagen social, cultural, económica, política y emocional. Sólo basta asomarnos para descubrirla.

La literatura y el arte hechos aquí, desde todos los tiempos, desnudan nuestra historia, nuestro devenir en el tiempo. Son nuestro mejor oráculo y la custodia de nuestra identidad. Por eso, leer a los tantos y tan buenos escritores mendocinos, divulgarlos y apoyarlos, es preservar la cultura

Nuestra literatura necesita mayor propagación, para que la socialización de nuestras letras no dependa casi exclusivamente del esfuerzo de los artistas y las editoriales independientes que realizan todo a pulmón.

Mendoza tiene un prestigio literario a nivel nacional e internacional. Se lo debemos a los grandes autores de esta tierra que ya hicieron el camino, pero, hay muchos escritores en la actualidad que encuentran pocos sitios para dar a conocer su obra. Desde este espacio la intención es brindar a los lectores una oportunidad de encontrarse con las páginas de hacedores locales  y ofrecer a escritoras y escritores un sitio más para publicar su trabajo.

En estas tres microficciones, Jorge Aguiar indaga en la psiquis de los personajes con humor y profundidad. Sus protagonistas, por otro lado, aún con sus excentricidades, no dejan de ser peligrosamente familiares para el lector.

Sobre el autor

Jorge Aguiar nació en Buenos Aires en 1981 pero vive en Mendoza desde 1988. Es escritor, ingeniero en sistemas y fotógrafo. Sus microficciones han sido publicadas en revistas y antologías de Argentina, Perú, México y España. En mayo del 2020 editó su primer libro de microficciones: Lo que no se dice. Publica sus textos en instagram @j81a.

No dejes de leer

Por lo menos lo intentó

El doctor Frankenstein entró a su laboratorio y encontró a su monstruo hecho pedazos. Todas las partes se encontraban exactamente igual a como estaban antes de ser unidas. El doctor se horrorizó, ¿quién pudo hacerlo? Intentó buscar indicios del autor de la profanación de su laboratorio y del ultraje, pero no encontró ninguno. Nadie había entrado. De repente, se iluminó: el monstruo había escuchado la conversación entre él y su esposa la noche anterior; y tampoco había entendido lo que ella había querido decir con eso de deconstruirse.

Como se quiere a un gato

Ella entra a la casa, él está sentado enfrente del escritorio de espalda a la puerta. La silla se gira, lo ve, él tiene en su falda al gato y lo acaricia rítmicamente. Te estaba esperando, tenemos que hablar, dice el gato y salta a la mesa. Camina de punta a punta como si estuviera desfilando, pero sin quitarle los ojos de la mirada ni por un segundo. Él sigue sentado, acariciando al aire, como si estuviera en trance. El gato vuelve a monopolizar la palabra. Me parece que vamos a tener cambiar de novio, este no acaricia como el otro. Aparte, a este, lo tratás mejor que a mí. No es que esté celoso, pero no puede ser que cada vez que entrás le hagas una fiesta y lo llenes de besos. Te falta hacerle un monumento. Esto se tiene que acabar, así que anda procesándolo. El gato vuelve a saltar a la falda de él y acomoda su cuerpo bajo las caricias autónomas que no se habían detenido. Él vuelve a girar la silla en dirección al escritorio. El gato baja de la falda y se va a la pieza, sin dirigirle la mirada. Ella se acerca a su novio, lo abraza por la espalda y lo saluda como siempre, pero, esta vez, los besos tienen sabor a despedida.

Aprovechar el impulso

Che, qué bueno es estar en forma, cuando me mudé acá tuve que correr como cinco kilómetros y me la rebanqué. Por momentos, me podía ver desde afuera, como si me viera en una peli, ¡corría resexy! Pero los ladridos me hacían pensar en la choca. ¿Cómo se me va a escapar la perra? Se asustó cuando llegué a la casa, abrí y estaba detrás de la puerta. Salió a la vereda, la intenté hacer entrar, pero cruzó la calle, la San Martín, me recagué. Fui a buscarla, pero se metió al canal y se fue a la mierda. Ahí la empecé a correr. Llegamos hasta el barrio privado, la perra se metió y a mí no me dejaron entrar. Al rato avisaron a la garita que la perra había salido por la puerta del otro lado, fui corriendo, pero nunca la encontré. Ahí ya la di por perdida, así que llamé a la dueña. No era mía, era de la chabona con la que me estaba mudando. Cuando la llamo, ella estaba en una. Cayó al otro día, nunca me creyó que se me escapó, está convencida de que la pisaron y se lo estoy ocultando. La chabona me odia, pero es culpa de ella, cómo la va a dejar suelta si era la primera vez que yo venía a la casa, venía a traer mis cosas, por lo menos la hubiera dejado encerrada en su pieza. Por suerte, a la semana, se volvió a Lavalle. Pobre, se puso redepre, dejó el laburo y se volvió. La dueña de la casa, que es amiga de los dos, me dijo que no me haga la cabeza, que ya estaba muy mal. Escuchate esta, encima, al mes me llama la madre diciendo “estamos perdiendo a Sofi, mirá que la perdemos, decinos la verdad”. La señora también cree que pisaron a la perra y que yo la enterré en el patio de la casa. Vieja loca. Yo le dije “si la pierden, es su culpa, Sofía necesita ayuda, llévela al psicólogo”. Pero, imaginate, es una vieja de setenta años del campo, no debe creer en eso. Ojalá la haya hecho entrar en razón. Yo ni en pedo podría vivir con una persona así, yo soy pura joda y si ella estaba tan depre, no me la hubiera bancado, ni siquiera sé cómo se la aguantaba la perra. A veces elijo pensar que no se me escapó la perra, si no, que la liberé. Bueno, el tema es que desde ese día empecé a salir a correr y me anoté en una carrera de 12k para este finde, estoy remanija, ya quiero que sea el sábado.