El hallazgo sin vida de Daniel Alejandro Portillo Colque en el fondo de un pozo de agua de 12 metros de profundidad abrió una investigación que durante las primeras horas estuvo rodeada de interrogantes y sospechas de un posible homicidio. Ocurrió el viernes en una propiedad ubicada sobre calle Ángel Rodríguez, en el distrito Kilómetro 8 de Guaymallén, y movilizó a fiscales, peritos y detectives policiales que buscaron reconstruir qué había ocurrido con el hombre de 44 años.
La pesquisa quedó inicialmente bajo la órbita de la fiscal de Homicidios Andrea Lazo, quien se encontraba de turno, junto a su par Oscar Malla, que intervino como subrogante.
Ambos ordenaron una batería de medidas para preservar la escena y esclarecer las circunstancias de la muerte. En el lugar trabajó personal de Policía Científica realizando peritajes técnicos, mientras que efectivos de la División Homicidios de Investigaciones comenzaron a relevar testimonios y a reconstruir los movimientos de la víctima durante las horas previas a su desaparición.
Las sospechas iniciales no eran menores. El cuerpo presentaba diversas lesiones como cortes o similares a las provocadas con disparos y fracturas, por lo que una de las hipótesis que se manejó desde el comienzo fue la de un posible asesinato.
Sin embargo, con el avance de las actuaciones y los primeros resultados de la necropsia, el escenario empezó a modificarse en las últimas horas, tal como sostiene la información a la que accedió El Sol.

Los análisis preliminares descartaron la presencia de heridas compatibles con disparos de arma de fuego y también lesiones provocadas por arma blanca.
En paralelo, en el Ministerio Público tomaron declaraciones a familiares, allegados y personas que habían compartido las últimas horas con Portillo Colque.
En ese contexto, uno de los testimonios adquirió relevancia. Un amigo relató que el hombre había participado de un partido de fútbol y que, cuando lo dejó en las inmediaciones de su casa, lo observó caminando con dificultades y tambaleándose. Esa versión reforzó la posibilidad de que hubiera consumido bebidas alcohólicas antes del desenlace.
La reconstrucción de los hechos indica que Portillo Colque salió de su casa el miércoles por la noche para jugar al fútbol en una cancha ubicada cerca de Carril Nacional y Ángel Rodríguez.
Después de eso, sus familiares perdieron contacto con él. Los llamados telefónicos no fueron respondidos y tampoco sus amigos podían precisar dónde se encontraba.
Horas después, una hermana encontró una mochila y un par de zapatillas junto a una antigua sala de bombeo de agua del predio familiar, situación que le llamó la atención. La búsqueda continuó hasta que el viernes decidió iluminar el interior del pozo y observó un cuerpo en el fondo.
Con los elementos reunidos hasta este domingo, la hipótesis de una caída accidental comenzó a ganar fuerza. Las fracturas detectadas en el cadáver serían compatibles con una precipitación desde gran altura hacia el interior del pozo y no necesariamente con una agresión previa.
De todas formas, el expediente continúa abierto esperando más informes para llegar a una conclusión final. Se solicitaron estudios toxicológicos y otras pericias complementarias que permitirán determinar si la víctima había consumido alcohol antes de caer y establecer con mayor precisión la mecánica de la muerte.
