El martes 7 de abril a las 20, en La Bancaria (España 1234, Ciudad), Andrés Cáceres presentará su nueva novela, “Mano a mano” (LEO Libros), una historia basada en un caso real, en la que una familia ve alterada su vida como consecuencia de un hecho de violencia.
Con ilustraciones de Andrés Casciani, esta historia de sangre se desarrolla en nuestra provincia, y su reconstrucción de la mano de Cáceres da como resultado una trama inquietante, en la que las tensiones mantienen a los lectores en permanente expectativa.
La estructura fragmentaria de “Mano a mano” hace que su lectura sea ágil e intensa, echando luces sobre los sucesos anteriores y posteriores a que dos hermanos, los Amprino, cambien para siempre la vida de los protagonistas.
En esta oportunidad, el escritor y periodista especializado en arte Andrés Cáceres nos ofrece una novela que atrapa desde la primera página y a la que las ilustraciones de Andrés Casciani dan el ambiente oscuro y sórdido que complementan el ambiente que se narra.
Sobre el autor y el ilustrador

Andrés Cáceres es escritor, periodista y crítico de arte. Ha publicado los libros Unicornio del ensueño (poesía 1985), Vértigo (poesía 1986), Singladuras (poesía 1994), La unidad secreta (cuentos 1998), Ritual de la memoria (poesía 2004), El gran ausente (novela 2013), Soliloquios divinos (ensayo 2014), Obediencia inde-vida (cuentos 2016), En su tinta (novela 2017), Ritual de la memoria (reedición 2018), Érase un paraíso (novela 2019), Vilma Rupolo (biografía 2022), Cuentos con moraleja (cuentos 2023) y los libros de arte Galería de artistas mendocinos (Bolsa Comercio 2010), Delhez inédito (2018) y Farkas, la maga del batik (2018).
Andrés Casciani nació en Mendoza en 1982. Es egresado de la Escuela Provincial de Bellas Artes Mendoza, con título de Bachiller con Orientación Artística, y de la carrera de Artes Visuales de la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina), con los títulos de profesor de Grado en Artes Visuales y licenciado en Artes Visuales. Su obra abarca dibujo, pintura y grabado. Como ilustrador, caricaturista e historietista, publica en diarios, revistas y libros. Ha realizado 35 exposiciones individuales y participado en 72 exposiciones colectivas en Mendoza, Buenos Aires y EEUU. Como ilustrador freelance, publica ilustraciones e historietas en diversos medios de Argentina, Chile, México, Brasil y España (diarios La Nación y El Sol, editoriales Sudamericana, Penguin Random House y Encontrándonos, revistas Zero, Fierro, Barcelona y H, entre otros…). Ilustró las proyecciones de la Fiesta Nacional de la Vendimia 2025 y diversas Vendimias departamentales.
Primer capítulo de la novela
La carta
Adolfo, hijo querido:
Vos sabés cuánto te quiero, cuánto los quiero a todos. Mi familia es mi vida. Los amo a todos y a cada uno. A cada uno. Sé cuánto han sufrido la pérdida de Florentina, mi Flor, mi Flor hermosa, sol de mi vida. Si alguna vez los descuidé fue por ocuparme de ella, por estar pegado a ella, por identificarme con ella. Te pido perdón, les pido perdón. Te escribo estas líneas y se me corren las lágrimas. Me resultan difíciles las despedidas. Y esta, la mía, todavía más. Porque los amo y no quisiera irme. Les vuelvo a pedir perdón. Sé que no merecen lo que hago, pero no puedo vivir sin mi Flor.
Cuando ella me leía poemas, hacía hincapié en ese verso de Neruda que dice «y de pronto entristeces como un viaje», y me acuerdo de la muerte de mis padres y se me patentiza el horror, no de la muerte, sino el del dolor de la ausencia, de ese nunca más. Y me resulta ridículo, superficial, porque es una tristeza que mañana no pasará y pasado tampoco, aunque será otra cosa. Y siempre quedará pegada al alma hasta que Nuestro Señor nos rescate y nos lleve a la vida eterna.
Ustedes han sido mi ancla, mi barca, mi brújula, pero ahora no hay marcha atrás. Lo que acabo de hacer no lo permite.
Ya hablé con Federico. Trató de convencerme. Vendrá en el vuelo más próximo. Te encargo que lo consueles.
Tengo devoción por tu madre. Me tiembla el pulso y trato de escribirte con letra clara. No quiero hacerlo en la computadora para no mancharla. Siempre imaginé que me iría antes. Me consolaba con la idea de que ella recostaba mi cabeza en su falda y me cerraba los ojos. Yo me entregaba a Dios, cuidándola desde arriba.
Es increíble cómo puede cambiar una persona. Cuando eran bebés, yo sentía la obligación de cambiarles los pañales, al menos una vez a la semana. Era algo que me imponía como una prueba. No sé, una prueba a mí mismo. Desde chico sentí náuseas por la materia fecal. No lo podía soportar, y Flor me decía que el asco, al igual que la venganza, es algo puramente humano. También pensar es exclusivo de los humanos, y hablar, leer y escribir. Y traicionar a la Patria, le decía. ¿Acaso un animal traiciona? Obra por instinto, lleva una vida natural. Es lo que Dios dispuso para las bestias. Los seres humanos hemos cometido atrocidades. En ese sentido, yo me excluía. Flor me ponía un ejemplo de la estética, un bloque de mármol es algo natural, tallarle una escultura es convertirlo en un objeto cultural, pero buena parte de la cultura es perversa. Una bomba es un objeto cultural. Todas las armas.
Me pregunto si he actuado por instinto. Y sé que no, porque la venganza no es natural, no nace de un impulso, y aunque lo fuera, los animales no toman venganza. Lo que acabo de hacer me horroriza, y el horror me hace ver que ya no puedo seguir viviendo.
No puedo creer a lo que he llegado. Me olvidé de Dios, de la moral cristiana, del orden natural de las cosas. Me doy cuenta de que ya es tarde. Me desconozco, y si no soy yo, o si este soy yo, no merezco seguir vivo.
El único dolor que siento es el de la pérdida de Flor, y ya ni eso. Es como si estuviera anestesiado.
Cuando veas lo que hay sobre nuestra sagrada mesa, la mesa donde hemos compartido nuestra vida durante años, no podrás creer que el autor fue tu padre.
Me eximo de contarte pormenores. Perdoname, no puedo contener las lágrimas.
Una vez le dije a Vuksich que la venganza es un hecho puramente humano y que Caín era judío y me contestó que Jesús también y me tapó la boca. Yo quería decirle que el crimen y la delincuencia nacieron con el ser humano. Por eso el hombre inventó la cultura, solo que no le sirvió para detener el asesinato.
Ramírez quiso vengarse de mí por algo que ahora no tiene importancia que te cuente. No me queda mucho tiempo.
Ya dejé en orden los papeles de la casa, de la oficina, de los impuestos y de los servicios y mi colección de estampillas. ¡Cuánta vanidad! ¡Cuánta nadería frente a la muerte!
La muerte de Flor me había hecho bajar los brazos y disimulé. Cuando me decidí a escarmentar al infame, recobré las fuerzas y puse orden. Todo está en la biblioteca.
Los amo a todos. No me voy a cansar de repetirlo. Te dejo con el más profundo dolor de mi alma, aunque no sé si siento dolor, te repito, porque me alumbra la ilusión de ir a reunirme con Flor. Adiós, hijo querido. Perdón por la desprolijidad, lo que acabo de hacer es algo que me he hecho a mí mismo, me he igualado a él. Mi angustia es tan grande, que la letra sale temblorosa.
Acta est fabula. Creo en la piedad infinita de Dios. Como decía Flor, si Dios existe, no interviene, pero no puede ser un castigador, un condenador al fuego eterno, como dice la doctrina. Eso es para que la gente se abstenga de pecar. Flor decía que es para la gilada.
No soy digno de seguir viviendo. Se me vienen a la cabeza pensamientos que persisten, aunque los rechace, como ese de que la recompensa de los muertos es saber que no volverán a morir.
Quisiera pasar por cualquier castigo con tal de volver a verla. ¡Qué disparate! La muerte es un paso. Esta vida es pasajera y breve. ¿Con qué cara voy mirar a Nuestro Señor?
Quisiera desaparecer, volver atrás. Miro lo que hice y trato de sentir conmiseración, piedad cristiana. Me golpeo el pecho, pero me lo golpeo porque no me compadezco. No es humano, lo sé. ¿Por qué no tengo compasión si ya no odio? ¿Por qué este desprecio, esta indiferencia por otra criatura de Dios? Se me estremece el cuerpo, hijo. Siento desprecio por mí mismo.
Hago el esfuerzo y de inmediato surge la imagen que me impide toda piedad: el cuerpo inocente de Flor tan maltratado.
Estoy haciendo tiempo para ver si logro arrepentir me. Flor me repetía en latín faber est suae quisque fortunae. Cada cual es el forjador de su destino. Dios es misericordioso y me perdonará. Flor no creía, y seguro que ahora está, sorprendida, en el cielo.
Para agendar
Presentación de “Mano a mano”, de Andrés Cáceres
Fecha: martes 7 de abril.
Hora: a las 20.
Lugar: La Bancaria (España 1234, Ciudad).
