Todos los años se renueva un problema común que tenemos con Chile, ya sea en verano, ya sea en invierno, aunque por distintas razones. Se trata del paso internacional Cristo Redentor, que de los corredores fronterizos con destino al Pacífico es el más importante, ya sea por la cantidad de transporte de carga que circula, como por la de turistas.
En invierno, se cierra por la nieve. En época estival, porque las lluvias en alta montaña generan aludes que cortan la ruta. Quien asegura la transitabilidad en esa ruta es la Coordinación, cuyo funcionario a cargo ya fue designado.
Más allá de los nombres y de la experiencia, los problemas siguen siendo los mismos año tras año, a pesar de que muchos procesos se han simplificado por la tecnología y la cooperación. Con todo, los mendocinos que cruzaron la frontera a las playas chilenas tuvieron que esperar por lo menos cinco horas en la aduana. Ese es un escollo que todavía ninguno de los dos países puede resolver de manera eficiente.
Todavía resta por saber quién se hará cargo del mantenimiento de la ruta de alta montaña, castigada por las filtraciones y el peso de los camiones. Esa función la cubre Vialidad Nacional y desde la Casa Rosada aún no han definido quién estará al frente en la delegación de Mendoza.
Más allá de las inclemencias del tiempo, la economía y la seguridad requieren que las cosas se hagan bien, porque es un eje fundamental para la economía de la provincia.
