La cantidad de horas de trabajo semanal que las personas realizan su labor diaria no debería superar las treinta y seis semanales o, como máximo, las 40. La jubilación obligatoria y automática debería ser al cumplir los 50 años de edad. Así, la persona podría disfrutar en plenitud de su salud para viajar, pasear, conocer y vivir el resto de su existencia. Una vez jubilada, no debería pagar pasajes de transporte urbano y sólo 30% el interurbano. De los remedios se pagaría sólo 30%. Dispondría de un bono anual que le permitiría la compra de alimento en los supermercados a sólo 30% de su valor.
El Gobierno debe ser el encargado de producir la suficiente riqueza para financiar estas operaciones. Hoy es una verdadera trampa: te jubilan a la edad de los mayores trastornos físicos y transitás de hospital en hospital, de farmacia en farmacia, de médico en médico. Así se va la poca vida que queda sin poder disfrutar de nada más que de los sufrimientos producidos por los achaques y la miserable situación económica. Es una producción masiva de personas útiles para la ganancia de los laboratorios. Es algo cruel, inhumano, criminal. Esto no va a cambiar mientras existan gobiernos corruptos.
