El flan casero es un postre clásico y muy popular. Tanto que en muchas partes del mundo se consume, en diferentes formatos y con variantes. Con pocos ingredientes, pero con algunos aspectos técnicos importantes a tener en cuenta, es una de esas recetas que, a través de la práctica, se va perfeccionando.
Origen e historia del flan casero
Este postre llegó a América como parte de la colonización española. Pero el primer registro formal de su receta apareció en un poema del escritor romano Venancio Fortunato, quien mencionaba el “Tyropatinam“, una comida que se servía en las mesas de la realeza romana. Este nombre proviene de la antigua Grecia, de donde los romanos seguramente se inspiraron para su preparación. Los griegos lo preparaban con leche, huevos y miel y al servirlo lo espolvoreaban con pimienta.
Pero fue durante la Edad Media que se originó el nombre “flan“, ya que en esa época se le llamaba “flado“, que significa torta plana en latín. Durante ese periodo, se utilizaba tanto en recetas saladas como dulces, para acompañar pescados, vegetales, pero también con quesos y miel.

La evolución del flan
En España y Francia, años más tarde, se comenzó a servir como una torta invertida, como hoy, junto a una salsa de caramelo. En el país galo se lo conoce como crème caramel, pero siempre quedó en relegado por el postre preferido de los franceses: la crème brûlée.
Actualmente, el flan se convirtió clásico de la gastronomía argentina. Es infaltable en la carta de postres de los restaurantes, especialmente en los bodegones, donde tradicionalmente se lo sirve con crema y dulce de leche.
¿Con o sin burbujas?
La respuesta técnica es: sin burbujas, pero la realidad es que es más bien una cuestión de gustos personales. En general, si no hay burbujas, el flan resulta más cremoso; si tiene burbujas, se vuelve un poco más texturado y con algo más de gusto a huevo.
La clave para el correcto manejo técnico es saber qué deseamos obtener y trabajar en función de ello.

Receta definitiva del flan casero
Ingredientes
Para el flan:
– 1 litro de leche
– 10 huevos (8 si son grandes)
– 200 gramos de azúcar
– 1 cucharadita de esencia/extracto de vainilla
– 200 gramos de azúcar para el caramelo
Preparación
1- Calentar el horno a 160°C antes de comenzar con la preparación.
2- Preparar el caramelo con los 200 gramos de azúcar en una olla o directamente en el molde. A fuego bajo y dejando que se funda suavemente sin revolver, hasta que obtenga un color dorado.
3- Batir todos los huevos junto a los otros 200 gramos de azúcar hasta que se integren. Luego, agregar la leche y la esencia de vainilla.
4- Una vez integrados los ingredientes, pasar la mezcla por un tamiz fino para evitar grumos en la preparación e impedir la formación de burbujas durante la cocción.

