A la izquierda, Kevin Muñoz, la víctima. El imputado, Juan José Piña Marín, en el banquillo.

Hasta el momento de su captura en noviembre del año pasado, Juan José Piña Marín vendía estupefacientes en pequeñas cantidades en una casa de la manzana Ñ del asentamiento Campo Papa de Godoy Cruz. Era su medio de vida desde hacía algunos años y lo hacía para una organización narco que mantiene a los habitantes del sector atemorizados desde hace más de una década y media: la banda de la Yaqui, Sandra Jaquelina Vargas. Los investigadores lo bautizaron como el “patrón del barrio” porque se movía con un grupo de soldaditos de la organización criminal, entre ellos, el hijo de la citada mujer que pasa sus días en prisión desde el 2014.

Este albañil nacido el 3 de mayo de 1979 compartía domicilio con su pareja, siete años mayor, su hijastra de 23 años y seis pequeños de diferentes edades, cuando efectivos de la División Homicidios de Investigaciones lo sorprendieron escondido adentro de un placard la madrugada del 19 de noviembre porque lo tenían sindicado como el principal sospechoso de perpetrar un asesinato.

La víctima fatal de la balacera fue identificada como Kevin Nicolás Muñoz Bustamante (27), quien supo vivir en el barrio La Gloria del citado departamento y presentaba una larga lista de antecedentes por robo agravado, tenencia de arma de guerra, hurto, amenazas, desobediencia y hasta por Ley 23.737 (drogas). Recibió cinco balazos que terminaron con su vida en cuestión de minutos después de las 23 del sábado 18 de noviembre. Al momento del ataque, se encontraba armado.

El caso, investigado por el fiscal de Homicidios Carlos Torres, llegó hasta semana a juicio por jurado con el único imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Si bien no se lograron determinar las causas principales del ataque contra Muñoz, por el análisis de las declaraciones testimoniales, una serie de informes preventivos policiales y la vida que llevaban los protagonistas de la historia, se cree que hubo un conflicto por territorialidad en el comercio de estupefacientes, entre otros problemas personales.

En el inicio del proceso, el fiscal Torres aseguró que la materialidad del hecho de sangre estaba probada. Sostuvo ante el juez técnico Mariano Juan y los doce integrantes del jurado, que el llamado “patrón del barrio” había disparado un arma calibre 9 milímetros Luger contra Muñoz y luego se ocultó en su domicilio.

Si bien la pistola no fue encontrada en la escena durante el allanamiento que se ordenó minutos después de confirmado el deceso de la víctima, se levantaron vainas de diferentes calibres (9mm, 22, 40) y 13 salieron de la misma arma: doce fueron halladas en el exterior de la vivienda de Piña y la restante en el interior. La División Balística Forense de Policía Científica realizó un cotejo con los plomos rescatados durante la necropsia y el resultado fue positivo con los citados casquillos.

Al momento de argumentar su teoría, el abogado defensor Eduardo Annibaldi confirmó lo que ya estaba plasmado en el expediente, es decir, que su cliente había disparado contra Muñoz. Pero dijo que lo hizo en un contexto legítima defensa. La estrategia quedó más que clara en el inicio del proceso: intentar convencer al jurado de que Piña vació el cargador del arma de fuego porque la víctima había llegado hasta su domicilio para atacarlo.

La instrucción del caso permitió profundizar en detalle que la presencia de la Yaqui y su gente todavía es fuerte en los barrios del oeste godoicruceño. Varios testigos revelaron que Piña se juntaba y estuvo la noche del crimen con Mauro Gelvez (el único hijo varón de la Yaqui, baleado a fines de enero de este año ), Nehuen “Tatotito” Martínez (íntimo amigo de Mauro y capturado en mayo por el asesinato del narco Miguel “Pollo Valdivia”, ocurrido el 6 de marzo) y Pablo Andrés Luca Vargas (conocido como Perita, familiar de la Yaqui y capturado en abril por la guerra narco de los barrios del oeste), entre otros.

Por eso creen que no sólo Piña Marín fue el autor de los disparos que terminaron con la vida de Muñoz. Al único imputado que está en el banquillo le realizaron un barrio electrónico y el resultado fue positivo con restos de pólvora en sus manos y prendas de vestir, por eso su defensa terminó reconociendo que había accionado un arma de fuego la noche del asesinato, pero fuentes consultadas por este diario aseguraron en la barriada que hubo otros coautores.

Contaron que el Perita y Mauro Gelvez también habrían accionado armas de fuego y que eso quedó en evidencia con la cantidad de vainas de diversos calibres que se levantaron en la escena. Más allá de eso, no hubo testigos que los ubicaran como homicidas. Sí declararon otros que sostuvieron que Piña Marín y los soldaditos estaban juntos en la casa que funcionaba como quiosquito de venta de estupefacientes la noche del crimen.

Una de las testigos más importantes de la instrucción es quien era la pareja de la víctima, Sofía Belén Barroso Gelvez. La joven era una de las sobrinas del esposo de la Yaqui Vargas, Cristian Mauricio Gelvez, quien asesinado a balazos a principios del 2014 en el Campo Papa.

La joven detalló que Kevin Muñoz salió de su casa para comprar pan porque estaban por cenar cuando se escucharon una serie de detonaciones de arma de fuego a pocos metros de su vivienda. En ese momento encontró a su pareja herida y un hermano la ayudó para trasladarla hasta el Hospital El Carmen.

Con el paso de los días, la joven volvió a declarar ante los investigadores judiciales y dijo que recibió amenazas de muerte de Silvina y Karen Gelvez y de la madre de ellas, la Yaqui. La novia de Muñoz aseguró que iban a matarla si no retiraba la denuncia contra Mauro. Es más, amplió que la jefa narco la llamó desde el celular de su suegra, Nora Gatto (madre de Mauricio Gelvez) y le dijo que iba a terminar mal si no modificaba sus dichos que ubicaban a Mauro Gelvez en la escena.

También declaró una hermana de la víctima y señaló que la cuadra donde se produjo el asesinato era “manejada” por la Yaqui, sus hijos y uno de sus yernos, Patricio “Negro” Garrido, quien actualmente está preso purgando una pena de 15 años de encierro sin acceso a beneficios tras confesar en agosto del año pasado que mató a un joven llamado Lucas Ariel Torres el 17 de diciembre del 2020 en el Campo Papa y atacó a tiros a otros rivales en la zona.

Así las cosas, está previsto que el debate que comenzó este lunes termine el jueves, luego de que el fiscal Torres inicie los alegatos de clausura. También argumentará su teoría el defensor del imputado y luego el jurado popular definirá si Piña Marín tuvo intención de matar a Muñoz o si defendió de un ataque.