Kim en el interior del penal San Felipe.

El último Informe de Gestión del Servicio Penitenciario Provincial -de fines de 2021- sostenía que en las cárceles mendocinas había 112 presos de nacionalidad extrajera. Más de un 50 por ciento eran oriundos de Bolivia, un 30 por ciento de Chile y un 5 por ciento de Perú. El resto se repartía entre internos colombianos, estadounidenses, paraguayos, dominicanos y había un brasileño, un venezolano y un israelí.

Las estadísticas demuestran que, en gran parte, los reos que nacieron en otras latitudes son de países de habla hispana o de culturas similares a la argentina.

Por eso, cuando en los últimos días las autoridades carcelarias supieron que iban a recibir a un detenido de origen asiático en el Complejo San Felipe, sabían que estaban ante una situación inédita.

Seong Jin Kim cayó hace casi dos semanas por el femicidio de su pareja, con quien residía y trabajaba dentro de una comunidad surcoreana que se estableció hace más de una década en el distrito de Nueva California, San Martín.

Pese a llevar varios años en el país, el confeso autor del crimen de Yoo Kyunga (49) prácticamente no mantuvo contacto con la sociedad que lo rodeaba, no sabe hablar español y mucho menos tiene experiencia moviéndose dentro del mundo “tumbero”.

Cuando el surcoreano, de 64 años, llegó hace tres días al complejo penitenciario de calles Ciudad de San Felipe y Plantamura de Ciudad, quedó alojado en el módulo 1-A, destinado para los acusados por delitos de integridad sexual y violencia de género.

Antes de pasar a su celda -la 12- pasó por el sector de Judiciales, ubicado en la Estación Transitoria de Detenidos y Aprehendidos (Es.Tra.Da), donde le tomaron la foto para el prontuario penitenciario y verificaron sus antecedentes.

Luego de quedar un par de días alojado allí, lo incorporaron con el resto de la población carcelaria, en el mencionado pabellón de San Felipe, dentro del sector de Admisión, a donde van a parar los internos que ingresan por primera vez a una prisión.

Desde el comienzo, Kim se valió del celular que le permiten registrar a los reos mendocinos para comunicarse con sus compañeros, utilizando la aplicación Google Traductor.

Más allá de que se muestra retraído y solitario, describieron fuentes carcelarias, necesita hablar con sus tres compañeros de celda por cuestiones de convivencia. También suele utilizar el inglés para entenderse con algún que otro preso que tiene conocimientos básicos del idioma anglosajón.

Por momentos, se lo ve practicando una serie de movimientos que parecen ser de artes marciales. Aunque los internos desconocen si lo hace porque realmente conoce alguna disciplina, o si se trata de una estrategia para ganar respeto.

Lo cierto es que a Kim le puede esperar un largo tiempo en la cárcel, ya que se encuentra imputado por homicidio triplemente agravado por el vínculo, por la alevosía -aprovecharse del estado de indefensión de la víctima- y por mediar violencia de género (femicidio).

Con esa dura calificación arriesga como única pena la prisión perpetua y podría enfrentar a un jurado popular, en caso de que llegue al juicio oral.

En ese sentido, las pruebas en su contra son contundentes, cámaras de seguridad del lugar donde residía captaron el momento del ataque y también lo tomaron cuando trasladaba el cadáver de la mujer, para luego enterrarlo.

Asimismo, el surcoreano le confesó el hecho a un compañero de trabajo, quien se encargó de llamar a la línea de emergencias 911 y alertar a las autoridades sobre el asesinato.

Con ese material, el fiscal de San Martín-La Colonia Martín Scattareggi, quien lidera la investigación, buscará en las próximas semanas que la Justicia le dicte a Kim la prisión preventiva.

Femicidio en San Martín

El caso se registró durante la madrugada del lunes 13, cuando una comunicación al 911 alertó sobre el crimen de una mujer en una finca de la Zona Este.

Un testigo detalló que la víctima era de origen surcoreano y que había sido vista por última vez el viernes por los habitantes de la finca, todos oriundos del mismo país.

Con el paso de las horas, Kyungja empezó a ser buscada por los alrededores y sus coterráneos recorrieron la zona enseñando una foto de ella a los vecinos.

Pero no había rastros sobre la mujer y nadie parecía haberla visto, por lo que las sospechosas se dirigieron hacia su pareja (Kim). Si bien no convivían, pasaban mucho tiempo juntos y habían tenido fuertes discusiones en los días anteriores.

Finalmente, el hombre le terminó reconociendo a un colega que mató a su novia y luego intentó suicidarse tomando glisofato, un herbicida utilizado para las tareas rurales que llevaban a cabo en la finca.

Por eso, Kim terminó siendo internado en Hospital Perrupato, donde lo desintoxicaron y luego pasó a una comisaría departamental.

Al mismo tiempo, los detectives del caso rastrillaron la propiedad rural y encontraron el cadáver de la víctima enterrado a unos 3 kilómetros de su vivienda, hacia el oeste de una plantación de nogales.