La investigación por la muerte de un cartonero que fue hallado desmembrado hace más de dos meses en Las Heras parece haber llegado a un callejón sin salida.
Se trata del caso de Oscar Osvaldo Balmaceda Pedernera, de 62 años, cuyo cadáver fue encontrado a mediados de julio en la zona de El Algarrobal.
Durante las últimas semanas, los detectives del caso esperaban por los análisis anatomopatológicos, ya que la necropsia realizada por el Cuerpo Médico Forense (CMF) no pudo establecer la causa del deceso.
Finalmente, los resultados llegaron la semana pasada y no fueron los esperados: una vez más, fue indeterminado.
Con ese contexto, la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, que se encuentra a cargo del expediente caratulado como “averiguación muerte”, deberá definir en los próximos días los pasos a seguir.

En pesquisas con similares características, las autoridades judiciales debieron optar por el archivo de las actuaciones por la imposibilidad de proceder, explicaron fuentes consultadas.
En caso de que eso suceda, será porque no surgió del resto de las averiguaciones practicadas que el hombre pudo haber sido víctima de un ataque que terminara con su vida.
Es más, durante los días posteriores al hallazgo una testigo aportó la identidad de un potencial sospechoso relacionado a un posible crimen, pero esa versión, hasta estos días, tampoco prosperó.
Así las cosas, en caso de que no incorporen nuevos elementos que apunten hacia otra dirección, el expediente podría tener su destino en el archivo.
La mujer que denunció a su hijo
A las pocas horas del cadáver de Balmaceda, una mujer se presentó en la Comisaría 56ª del citado distrito lasherino y aseguró que su hijo podía ser responsable de la muerte del sexagenario.
De acuerdo con su relato, su hijo solía frecuentar al fallecido porque salían a “cartonear” juntos y habían desarrollado cierta afinidad.
Pero el joven es un paciente esquizofrénico y la progenitora sostuvo frente a las autoridades que había protagonizado anteriormente episodios violentos.

La mujer explicó que su hijo no residía junto a ella y aportó el domicilio para que los detectives lo investigaran.
Ante eso, se realizó una encuesta ambiental en el sector donde vivía el muchacho, pero los diferentes vecinos y allegados que fueron entrevistados no pudieron avalar la hipótesis aportada por la mujer.
Incluso, tampoco se pudo establecer que el posible sospechoso tuviese actitudes violentas y mucho menos que haya tenido algún tipo de problema o enfrentamiento con Balmaceda.
Un brazo y un cuerpo
Corría el mediodía del miércoles 21 de julio cuando un albañil fue a descartar escombros a un descampado, en las cercanías del cruce de calle General Paz y el callejón Barrionuevo.
El trabajador se vio sorprendido por una mano y un antebrazo que estaba sobre un montículo de tierra y trozos de cemento, donde acostumbraba a tirar los residuos.
Tras dar aviso al 911, policías se desplazaron hasta la zona y constataron que se trataba de restos humanos “frescos”, por lo que se le dio intervención al personal de Investigaciones.
Ante la posibilidad de que las otras partes del cuerpo estuviesen en las cercanías, el predio fue rastrillado con perros de la policía. Sin embargo, el resultado de la medida fue negativo.

Más allá de eso, a través del uso del aparato biométrico de la Policía, se escaneó una huella digital de la mano encontrada y lograron determinar que los restos pertenecían a Balmaceda, quien residía no muy lejos de allí.
Horas más tarde, cerca de las 19, un vecino se topó con el resto del cadáver, detrás de la villa Junín, a unos 300 metros del lugar donde se produjo el primer hallazgo.
A pesar de que había sido desmembrado, jamás se pudo determinar cómo fue separado el brazo del resto del cuerpo.
Los peritos que trabajaron en la escena, así como los encargados de la necropsia, no pudieron determinar si fue por la acción de animales callejeros de la zona o de una persona.
