Hernández tiene ahora 19 años.

A lo largo de casi un año, Nicolás Adrián Hernández Albares (19) se mantuvo en la clandestinidad, después de fugarse junto a dos menores del ex Cose. El joven se encontraba cumpliendo una pena de 11 años por el asesinato de Marcos David Figueroa (30) durante un asalto a un prostíbulo de Ciudad, ocurrido en 2020.

A comienzos de este mes, Hernández fue recapturado por policías en el barrio San Martín, donde tiene domicilio. Durante algunos días permaneció alojado en la Comisaría del Menor, a la espera que la Justicia Penal de Menores definiera su situación.

Recientemente, un Tribunal de ese fuero decidió reenviarlo a la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil (DRPJ), ya que no se registró que haya cometido algún nuevo delito mientras se encontraba prófugo.

Debido a que no le impusieron años de cárcel después de cumplir la mayoría de edad, deberá quedar internado hasta los 29 años en el ex Cose. Por ahora, permanecerá en el sector de máxima seguridad de esa institución, aunque luego pasará al pabellón para condenados, que comenzará a construirse en 2024.

En caso de que su situación no se modifique y quede alojado hasta esa edad en el DRPJ, se transformará en un caso inédito. Fuentes consultadas indicaron que años atrás hubo un caso de un joven al que mantuvieron internado hasta los 24 años, pero jamás se superó esa edad.

No es ninguna novedad que haya mayores de edad en el ex Cose -actualmente hay más de una decena-, ya que la ley provincial señala que deben cumplir la pena en ese centro correccional, en caso de que hayan cometido un delito de gravedad siendo menores de edad. No obstante, en algunos casos, la Justicia de Menores puede llegar a imponerles años de prisión luego de que cumplan los 18 años.

Por su parte, fuentes de la DRPJ informaron que los otros dos adolescentes, que tenían 17 años cuando escaparon junto a Hernández el 24 de julio del año pasado, fueron un mes después de la fuga.

Asalto fatal en Ciudad

Corría el 31 de mayo de 2020 y gran parte de la sociedad mendocina permanecía encerrada en sus casas, debido a la cuarentena impuesta por el Gobierno Nacional luego del estallido de la pandemia del Covid-19 en Argentina y el resto del mundo.

Pese a que violar las restricciones podía ser penado por la ley, muchos ciudadanos se las arreglaban para salir a la calle, arriesgándose a terminar aprehendidos, ya sea para continuar con su vida normal o, en otros casos, para delinquir.

El citado día, Hernández se encontraba la casa de su abuela del barrio San Martín junto a su tía, María Fernanda Albares, y un grupo de amigos: Sofía Camila Ibarra, alias la Camilita; Martín Ezequiel Saravia y otros dos menores de edad (eran inimputables en ese momento).

De acuerdo con la reconstrucción que realizaron los detectives del caso, los jóvenes planearon asaltar un departamento cerca del microcentro, que funcionaba como prostíbulo.

Debido a que la Camilita -actualmente conocida por vender contenido erótico desde la cárcel- había ejercido el trabajo sexual meses atrás en ese lugar, conocían los movimientos y sabían que, por lo general, había dinero en efectivo para robar, surge de la investigación.

A través del celular de una familiar de Albares, contactaron por WhatsApp a dos remises truchos y les pidieron que los llevaran hasta un complejo de departamentos ubicado en calle Patricias Mendocinas 743, a escasos metros de los Tribunales mendocinos.

Pasadas las 15, los seis jóvenes llegaron en ambos rodados y les pidieron a los choferes que los esperaran. De los vehículos bajaron los cuatro varones y las dos mujeres se quedaron afuera, haciendo de campana.

Seguidamente, entraron al complejo y se dirigieron hasta un departamento ubicado al fondo del pasillo, donde funcionaba el bulo. Allí abordaron con armas de fuego a tres meretrices y a Figueroa, quien regenteaba el lugar.

Los malvivientes les exigieron a las víctimas el dinero, pero, debido a la falta de clientes por la cuarentena, no contaban con efectivo. Ante eso, cargaron algunos bolsos con ropa y otros elementos de valor.

Con ese modesto botín, los autores emprendieron la fuga, pero al salir del complejo se encontraron con la inesperada resistencia de Figueroa, quien interceptó a Hernández mientras atravesaba el pasillo.

El presunto proxeneta tomó al adolescente por la espalda y lo sujetó del cuello. Allí se inició un forcejeo en el que Hernández alcanzó a sacar una pistola calibre 22 que tenía guardada en el tobillo, debajo del pantalón, y le dio un balazo a quemarropa en la cabeza a Figueroa.

A raíz del disparo a corta distancia, Figueroa perdió masa encefálica e ingresó con muerte cerebral al Hospital Central, donde falleció pasadas las 20 de ese día.

Luego del inicio de la investigación a cargo de la fiscal de Homicidios Claudia Ríos, los asaltantes fueron identificados mediante declaraciones testimoniales y las imágenes del hecho que captó una cámara de seguridad del complejo de departamentos.

En ese video, que fue publicado por El Sol, se observa con detalles a los autores dándose a la fuga y la secuencia del forcejeo que desembocó en la muerte de Figueroa.

Los sospechosos fueron cayendo, aunque sólo tres de ellos pasaron a la cárcel: Saravia, Ibarra y Albares. Los dos menores inimputables fueron restituidos a sus progenitores y Hernández fue alojado en el ex Cose, debido a la gravedad del delito que cometió.

El año pasado, Saravia se transformó en el primer condenado de la causa, a 15 años de prisión, después de admitir la autoría en un juicio abreviado, en mayo del año pasado. En tanto, Ibarra y Albares (permanece con domiciliaria por problemas de salud) fueron al juicio oral y público, donde las condenaron a 13 años y 4 meses encierro.