La Justicia federal condenó la tarde de este jueves a 8 años de cárcel al penitenciario federal preso por abusar sexualmente de una detenida durante la Navidad del 2020 en los calabozos de la U-32, ubicados en el edificio del Poder Judicial de calle España y Pedro Molina. El Tribunal Oral Federal Nº1, presidido por María Paula Marisi e integrado por Alejandro Waldo Piña y Daniel Alberto Carelli, coincidió con los argumentos de la fiscalía y sentenció a Saúl Gonzalo Beterette a 8 años de cárcel.
Este guardiacárcel del Servicio Penitenciario Federal de 39 años y nacido en Formosa se encontraba complicado en la causa que lo mantuvo tras las rejas desde los primeros momentos de la instrucción por los delitos abuso sexual con acceso carnal agravado por ser integrante de una fuerza de seguridad. La fiscal de Cámara, María Gloria André, había solicitado 8 años y medio de encierro para ahora culpable durante los alegatos, que se desarrollaron esta misma jornada.
Además de sentenciar a Beterette a pasar 96 meses en cárcel de Cacheuta e inhabilitarlo de por vida para integrar fuerzas de seguridad, los camaristas declararon que la mujer abusada fue víctima de violencia de género en los hechos investigados en esta causa, también como había pedido la representante del Ministerio Público.
El fallo al que accedió El Sol agrega que, con relación al condenado, “deberá evaluarse a los fines del ingreso a las sucesivas fases del tratamiento penitenciario el cumplimiento de un tratamiento psicológico y socioeducativo tendente a lograr un reposicionamiento subjetivo frente a actos de violencia de género”.

En detalle
El caso que llegó a juicio se denunció el 25 de diciembre del 2020. Fue una hermana de la víctima la que alertó a las autoridades judiciales sobre un hecho que había sufrido su hermana mientras se encontraba detenida en la U-32.
La víctima, se reserva su identidad por tratarse de un caso de instancia privada, se encontraba detenida por haber violado el régimen de prisión domiciliaria un día después de haber sido condenada a seis años de cárcel en una megacausa por comercio de estupefacientes en el Este provincial que involucraba a los hermanos Malla y que presentaba a un par de policías que hacían de soplones y pasaban información a cambio de drogas.
A las 17.50 del 19 de diciembre del citado año, efectivos que realizaban tareas operativas en el departamento de San Martín descubrieron que quebró la disposición domiciliaria mientras circulaba como acompañante en una moto robada.
La mujer ofreció resistencia para evitar ser detenida: insultó y mordió a un efectivo y dijo que era portadora de VIH. Cuando la requisaron, hallaron entre sus pertenencias 10.000 pesos. Cuando declaró, dijo que había salido porque tenía un hijo internado y necesitaba ir con urgencia al hospital.


Lo cierto es que quedó encerrada preventivamente en la U-32. Mientras se definía si le revocaban el beneficio. Allí permaneció varios días a disposición del Tribunal Oral Federal Nº2. Durante la Navidad, minutos después de las 14.30, ocurrió el abuso.
Se comprobó en el debate que un hombre comenzó a caminar por el pasillo –Beterette– y que ese le llamó la atención. El penitenciario se había quitado la identificación correspondiente de la camisa. Tal como se desprendió de la declaración de la mujer, le pidió un cigarrillo y el uniformado le contestó que le iba a dar uno. Luego le dijo: “Vení, vení acá”
“Yo me bajé de la cucheta y él se bajó el cierre del pantalón y me hizo que le chupara el pene, yo le dije que no quería”, manifestó la denunciante en instrucción. Y describió: “Me dijo que me callara la boca porque tenía hijos y que le iba a pasar algo a mis hijos si yo decía algo, y que no me iban a poder hacer depósito mis hermanas y que me iban a empapelar para el lunes y que no me iba a ir a ningún lado”.
La mujer contó que la obligó a que le practicara sexo oral y que le pasó las manos por los pechos y la vagina “por adentro del pantalón”. Acto seguido, dijo que el guardia eyaculó sobre ella, su ropa y una almohada. “Me dijo que me quede callada, que no diga nada, que me iba a estar mirando y ahí esperé unos diez minutos más o menos y llamé a la celadora para que me saque al baño”, declaró.
Cuando se encontraba en el sanitario, la víctima contó que le dijo a una agente que necesitaba ayuda porque un penitenciario había abusado de ella. Previamente, le había escrito un papel alertándola.
Ante la gravedad de la denuncia, las autoridades penitenciarias y judiciales comenzaron a actuar. Secuestraron las prendas de vestir y también hallaron los rastros de semen sobre la cama, una prueba que terminó siendo fundamental porque se realizó un cotejo de ADN con muestras genéticas del sospechoso y terminó dando positivo.
Como las pruebas lo complicaban, Beterette confesó el encuentro con la detenida pero negó el abuso. Lo mismo hizo en el debate. “Decidí darle el cigarrillo y metí la mano en mi bolsillo para sacar el cigarrillo, ella me dijo, mientras se bajaba de la cama de arriba de la celda, estoy dispuesta a todo, sacó las manos por la reja, me agarró del pantalón y me acerco a la reja. En ese momento me bajé el cierre del pantalón y empezó a tocarme. Yo me sorprendí de la situación y, en vez de salirme, me quedé, no sé por qué. En ese momento eyaculé y cayó en la almohada de al lado de la reja, entre la cama y la reja, en el piso y en sus manos. Yo no decía nada, estaba como asustado, después se agachó en la celda y me dijo: ‘Yo también quiero’, creo que pretendía que yo ingresara a la celda. Como yo no decía nada ni hice nada, ella me dijo: ‘Quédate tranquilo, que no sos al único al que se lo hice’. Luego agarró un papel higiénico que tenía al lado del colchón y limpió lo que había quedado en la almohada y me lo pasó en la mano y lo tiré en el cesto de basura. En ese momento me asusté y me fui al baño”, se desprende de la declaración del imputado.
Trascendió que también dijo para defenderse: “Yo soy inocente de lo que me están acusando. Nunca fue un abuso, no hubo abuso. Consensuadamente, me masturbó, pero fue consensuado. Soy inocente de lo que me están acusando, no hubo abuso, no hubo sexo oral. Fue consensuadamente, pero no hubo sexo oral ni abuso”.
