Un lector de El Sol logró captar un amanecer espectacular en Mendoza, donde el cielo otoñal parece prácticamente “incendiado”.

La imagen, tomada desde la perspectiva de un conductor en plena autopista, muestra un contraste fascinante entre la silueta oscura de la ciudad y el tránsito, frente a una explosión de color en el horizonte.

Un incendio visual

El cielo del amanecer de este jueves, dominado por una gama de rojos intensos y naranjas eléctricos. Las nubes (estratocúmulos), acentúan el dramatismo al captar la luz desde abajo, creando un efecto de relieve y profundidad. Hacia el centro del horizonte, se observa una franja de color amarillo dorado que marca el punto exacto por donde el sol está ganando altura.

¿Por qué se genera este fenómeno?

Ese color tan característico de los amaneceres y atardeceres mendocinos se debe a varios factores físicos y geográficos:

  • Dispersión de Rayleigh: al estar el sol muy bajo en el horizonte, la luz debe atravesar una capa de atmósfera mucho más gruesa. Las ondas de luz azul (más cortas) se dispersan en el camino, permitiendo que solo las ondas largas —los rojos y naranjas— lleguen a nuestros ojos.
  • Aerosoles y partículas en suspensión: en otoño, el aire en Mendoza suele ser más seco y contener partículas de polvo o polen en suspensión. Estas partículas actúan como pequeños espejos que reflejan y amplifican las longitudes de onda rojas, intensificando el tono del cielo.
  • Altitud y Cordillera: la cercanía de la montaña y la altitud de la región a menudo generan configuraciones de nubes que “atrapan” la luz del sol mucho antes de que este sea visible en el llano, produciendo este efecto de iluminación desde el reverso de la nube.