Edith Colque y Gastón Retamales. Las fotos que le hallaron en su teléfono celular con armas y drogas.

La fiscal federal María Eugenia Abihaggle dio un paso importante en la investigación contra una organización narco y formuló la acusación contra Edith Yolanda Colque, Nella Aldana Arias Picón y Gastón Gabriel Retamales Barrios por transporte de estupefacientes agravado. En la instrucción, de acuerdo con información a la que accedió El Sol,solicitó penas de 7 años y 6 meses de prisión para Colque, y de 6 años y 6 meses para Arias y Retamales, al considerar acreditado que actuaron de manera organizada en una maniobra de traslado de cocaína desde Mendoza hacia San Juan.

Llamativamente, a pesar de sus antecedentes con el mundo de las drogas desde hace años, Colque se encuentra con prisión domiciliaria. Y recibió beneficios el mes pasado del juez federal Alberto Daniel Carelli para salir de su casa diariamente: puede salir e ir a buscar a sus hijos a la escuela mientras es controlada con pulsera de geoposicionamiento, una resolución que generó cuestionamientos del Ministerio Público Fiscal.

Más allá de eso, el expediente reconstruye una secuencia precisa: la noche del 5 de septiembre de 2025, tras una alerta y trabajos de inteligencia, personal de la Policía Contra el Narcotráfico (PCN) montó vigilancia sobre una casa del barrio Félix Aldao, en Guaymallén.

Horas más tarde, observaron el movimiento que terminaría en el operativo. Desde ese domicilio salió Colque, entregó una mochila a Arias -quien aguardaba en un auto blanco que habían contradado como remís- y luego partió en un Fiat Cronos que cumplía la misma función junto a Retamales. Ambos vehículos tomaron rumbo norte hasta la ruta 40.

La interceptación se produjo pasada la medianoche. En el primero de los rodados, donde viajaba Arias, los efectivos encontraron una mochila con tres ladrillos de cocaína que totalizaban casi tres kilos.

En paralelo, el Cronos, conducido por Retamales y con Colque como acompañante, se desprende de la acusación, fue alcanzado kilómetros más adelante. Para la fiscalía, la maniobra no era improvisada: mientras Arias transportaba la droga, los otros dos cumplían el rol de “punta”, adelantándose para detectar controles y asegurar el paso del cargamento.

Seguimientos y secuestros

Pero el caso no se limita a un solo traslado de la sustancia. La investigación de la PCN detectó al menos seis viajes previos con idéntica logística: salidas desde la zona de calles Mitre y Mariano Moreno, traslados nocturnos hacia la estación de servicio de Media Agua, en San Juan, pagos en efectivo o transferencias y el uso reiterado de choferes contactados por WhatsApp.

Los testimonios incorporados y los registros telefónicos permitieron ubicar a Arias y Colque como pasajeras frecuentes en esos recorridos, siempre con equipaje.

En ese esquema, Arias fue detectada como la pieza encargada de llevar la droga. Fue quien recibió la mochila en la noche del procedimiento y quien viajaba con el cargamento oculto. Sin antecedentes penales, su rol, sin embargo, fue considerado central en la ejecución material del delito, se destaca de la pesquisa.

Retamales, en cambio, surge como un actor con mayor grado de involucramiento en el entramado.

De su teléfono celular, secuestrado al momento de la detención, los peritos extrajeron conversaciones que lo vinculan con la comercialización de cocaína -referida como “merca”, “nieve” o “jabón”- y negociaciones por cantidades cercanas al kilo. En uno de esos intercambios, incluso consulta a Arias si conoce compradores para esa cantidad.

El análisis del dispositivo también reveló otro aspecto: en la galería del teléfono había fotografías donde se observan sustancias estupefacientes fraccionadas, balanzas de precisión y, además, imágenes del propio Retamales exhibiendo armas de fuego y municiones de distinto calibre.

Para los investigadores de la PCN y del Ministerio Público, ese material no solo reforzó su vinculación con el narcomenudeo y el tráfico, sino que evidenció un perfil de mayor peligrosidad dentro de la estructura.

Sin embargo, el foco principal de la acusación está puesto en Colque. Para la fiscalía, no solo integraba la maniobra, sino que cumplía un rol de organizadora. La investigación sostiene que era quien coordinaba los viajes, contactaba a los choferes y definía la logística de traslado.

A eso se suma un dato clave: al momento de su detención, Colque se encontraba cumpliendo una condena de nueve años de prisión en modalidad domiciliaria por delitos vinculados a la ley de drogas.

Su nombre, además, no es nuevo en los tribunales federales. Ya había sido parte de una estructura familiar dedicada al narcotráfico en el Gran Mendoza, con conexiones de provisión y distribución. En ese contexto, las fuentes consultadas sostuvieron que su participación en este nuevo expediente no fue circunstancial, sino la continuidad de una actividad que se mantuvo en el tiempo, adaptando métodos y roles.

El caso tuvo otra dimensión en el contexto reciente de la mujer, tal como reveló este diario el año pasado. Meses antes del operativo, había encabezado reclamos públicos por la desaparición de su pareja, Gustavo Ariel Sánchez Núñez, visto por última vez tras una discusión.

La acusación fue formalizada hace pocos días, el proceso se encamina a la etapa de juicio. La fiscalía sostiene que la prueba reunida -intervenciones telefónicas, pericias químicas, análisis de dispositivos y testimonios- permite afirmar que los tres imputados actuaron de manera coordinada en el transporte de droga, una de las fases clave del circuito narco.