La figura del “Ben 10” empezó a circular desde hace años en los pasillos de las dependencias policiales y judiciales de Maipú. No como un apodo pintoresco, sino como una referencia incómoda para los efectivos que patrullaban zonas calientes del departamento. Cansados de estar en la mira por diversos hechos de inseguridad, se plantearon el objetivo de capturarlo. Y lo lograron.
Lejos del héroe de la caricatura –ese niño capaz de transformarse con un reloj alienígena-, el hombre al que señalaban en la calle acumulaba denuncias por robos, corridas y episodios de violencia que lo habían convertido en un problema recurrente para la seguridad barrial.
Su nombre es José Miguel Gómez Reinoso, tiene 28 años, es oriundo del barrio Castañeda y en el ambiente delictivo lo bautizaron con ironía: “Ben 10”.
Según reconstruyeron fuentes policiales, el alias no respondía a ninguna habilidad especial, sino más bien a lo contrario. Lo describieron como un delincuente impulsivo, de movimientos torpes, sin planificación. Esa falta de cálculo -coincidieron los informados que hablaron con El Sol– fue la que terminó jugando en su contra y facilitó su caída, este sábado en jurisdicción de Coquimbito.
Durante meses, su presencia se repitió en distintos puntos maipucinos. Vecinos y policías lo vinculaban con asaltos y episodios de vandalismo, como ataques a colectivos.
Cada aparición generaba tensión: móviles asignados a consignas específicas, recorridos reforzados y una sensación persistente de que podía escalar en violencia. En la zona ya no lo veían como un hecho aislado, sino como un actor frecuente en distintos conflictos.

Violencia en el colectivo: una policía herida
Uno de los episodios más representativos ocurrió el pasado 3 de enero, en la zona de calles Tropero Sosa y Urquiza. Efectivos que patrullaban el sector detectaron su presencia dentro de un micro de la línea 800. El reconocimiento fue inmediato: el apodo “Ben 10” ya estaba instalado entre los uniformados. Decidieron intervenir y lograron que el colectivo detuviera su marcha para subir y proceder a la aprehensión.
Pero el operativo se descontroló en segundos. Dentro del micro se produjo un forcejeo. Una mujer que lo acompañaba se interpuso constantemente para evitar que lo redujeran. En medio de la resistencia, Gómez Reinoso reaccionó con violencia: rompió el parabrisas delantero del colectivo y, aprovechando la confusión, escapó corriendo hacia un descampado. La escena dejó además a una joven policía de 24 años con lesiones en el rostro producto de la agresión de la acompañante.
Ese hecho consolidó su perfil. No sólo por la fuga, sino por la manera en que actuó: sin medir consecuencias, generando daños materiales y enfrentando directamente a la autoridad policial. Desde entonces, su nombre quedó aún más marcado en el departamento, con la sospecha de que podía estar detrás de otros hechos similares.
Cercado y detenido
La captura finalmente llegó en la madrugada de este sábado, cerca de las 4.15, en el barrio Remedios de Escalada. Un llamado alertó sobre dos sujetos en actitud sospechosa en la zona de la plaza. Cuando el móvil llegó al lugar, los uniformados los identificaron por sus características: uno vestía prendas oscuras y el otro una campera roja. Al advertir la presencia policial, ambos intentaron escapar.
La secuencia fue breve pero intensa. Uno de ellos ingresó a una casa, mientras que el otro buscó refugio por los techos. La maniobra, otra vez, evidenció improvisación.
Sin un plan claro de escape, quedaron expuestos y fueron reducidos a pocos metros. Así, los efectivos lograron la aprehensión de Gómez Reinoso y de su acompañante, un sujeto identificado como Fabricio Rodrigo Chacón, de 35 años.
Para los pesquisas, el dato clave no fue sólo la detención, sino la coincidencia con un intento de robo agravado ocurrido horas antes. Las características físicas y la dinámica encajaban con la descripción de los autores. Por eso, ambos quedaron a disposición del Ministerio Público mientras avanza la investigación.
