Brian Pérez, su tío Eduardo (asesinado en noviembre) y su madre, capturada la semana pasada por venta de drogas.

Lo ejecutaron a balazos en plena calle. Los disparos fueron a corta distancia, con una pistola. Pero su historia no comenzó ni terminó allí. El homicidio de Brian Ezequiel Pérez, ocurrido este domingo por la madrugada en el barrio San Vicente de Godoy Cruz, no es un hecho aislado para los investigadores policiales y judiciales: es el último eslabón de una cadena de tragedias y violencia que ha marcado a fuego a su familia durante más de una década.

A la pérdida de una hermana adolescente atropellada por un conductor borracho y el asesinato de un tío en situación de calle en noviembre del año pasado, trascendió la reciente detención de su madre, sospechada de liderar un punto de venta de drogas en el barrio La Esperanza.

La vida de Brian terminó minutos antes de las 5. Según la investigación que lidera el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello, había participado de un cumpleaños en una casa cercana a donde funciona un conocido “bailecito” de la zona, una fiesta informal que se organiza sábado por medio y donde se cobra entrada a jóvenes de distintos barrios del oeste godoicruceño.

El predio está ubicado a pocos metros de la casa de un reconocido narco que fue allanado hace pocos días por la Policía contra el Narcotráfico de Mendoza (PCN), pero que zafó porque no llegaron a encontrarle sustancias en su poder.

La noche se descontroló por motivos que son poco claros por las distintas versiones que aportaron los primeros testigos, y en medio de una discusión, se escucharon varias detonaciones de arma de fuego. Luego de esa violenta reacción, el cuerpo de Brian fue encontrado tendido en la calle, frente a la vivienda de una vecina, con cinco heridas de bala letales: abdomen, espalda, mano izquierda y rostro.

Tenía los ojos abiertos y los puños cerrados sobre el pecho, detallaron vecinos que lo encontraron minutos después del ataque. La escena fue devastadora. Agonizó pocos minutos. Le dispararon con una pistola calibre 9 milímetros.

Testigos aseguraron que el joven fue interceptado cuando se retiraba solo del festejo, luego de una pelea. Una de sus hermanas llegó poco después y discutió con un grupo de chicos en moto que estaban en una esquina cercana. “Ellos estaban ahí, sabían quién lo había matado”, denunció una vecina.

Los investigadores apuntaron un grupo conocido del barrio por su participación en hechos violentos. Uno de los señalados es un menor de edad, ya identificado, cuyos hermanos acumulan antecedentes por robos, ataques armados y amenazas. Sin embargo, como ocurre en estos casos, muchos testigos se muestran reacios a declarar o no revelan todo lo que saben.

Pero detrás de este crimen subyace un contexto aún más problemático.

Apenas cuatro días antes del asesinato de Brian, la PCN allanó una casa familiar en el barrio La Esperanza. Fue el martes 14 de mayo a las 17.25, cuando efectivos irrumpieron en la vivienda de la manzana C, casa 24. Allí fue detenida Nélida Yolanda Pérez Ontiveros, de 44 años, madre del joven asesinado. Esta mujer fue mencionada en la zona y también por investigadores policiales por tener hace unos años relación “casi directa” con la señalada jefa narco en prisión Sandra Jaquelina Vargas, la Yaqui.

Durante el procedimiento, los efectivos de la PCN secuestraron 118 envoltorios con cocaína (casi 46 gramos), 190 envoltorios y cigarrillos con marihuana (279 gramos en total), dos celulares Samsung y 126.400 pesos en efectivo, tal como reveló El Sol. La Justicia federal ordenó su detención y posterior traslado a la Unidad 32, ya que la tenían señalada como una de las responsables del narcomenudeo.

En el mismo operativo también fue detenida Daniela Lourdes Palma, de 31 años, quien quedó con prisión domiciliaria. Según las fuentes policiales, en ese domicilio se desarrollaba una actividad sostenida de venta al menudeo.

No es la primera vez que la familia Pérez aparece vinculada a hechos delictivos. La historia, marcada por la marginalidad y el abandono en las barriadas del oeste, tuvo otros episodios trágicos recientemente.

El domingo 10 de noviembre del año pasado, Eduardo Enrique Pérez, de 40 años y tío de Brian, fue asesinado en una de las calles del barrio Campo Papa, el mismo asentamiento donde residía el joven.

Este hombre, con antecedentes penales por homicidio y robo agravado, fue hallado con una puñalada en el tórax sobre la calle Salvador Arias. Alcanzó a ser trasladado al Hospital El Carmen, pero los médicos no pudieron salvarlo.

Una sobrina fue quien reconoció el cuerpo en estado de shock. La investigación, también a cargo del fiscal Pirrello, incluyó el testimonio de un vecino de 81 años que vio a Pérez seguir a su atacante con un caño en la mano, lo que abrió la posibilidad de Daleun ataque en legítima defensa.

Años antes, en febrero de 2019, la familia había sufrido otra pérdida irreparable. Camila, hermana menor de Brian, de apenas 14 años, fue atropellada en el barrio Suárez por un conductor alcoholizado al mando de un Renault Clio. La adolescente caminaba junto a una amiga cuando intentó evitar al auto que se acercaba a toda velocidad.

El siniestro fue brutal. Camila agonizó durante cuatro días hasta que falleció en el hospital el martes 19 de febrero. El conductor fue detenido, pero luego recuperó la libertad porque fue imputado por una calificación excarcelable semanas después.

Lo cierto es que el asesinato de Brian Pérez generó fuerte impacto en el Campo Papa y alrededores. Y volvió a mostrar una realidad de impacto en las barriadas de ese sector, vinculado con guerra de bandas y venta de drogas, principalmente, además de conflictos vecinales constantes.

Una de las hermanas de la víctima, se expresó en redes y dejó un mensaje a madre privada de la libertad: “Mamita, qué va a hacer de tu vida cuando te digamos la verdad. Me imagino cuando te demos esta triste noticia que te arrebataron un hijo más. Tratamos de estar firmes para que no estés mal. Te amo mamá, acá te seguimos esperando pronto con nosotros”.