Gustavo Maximiliano Rivero Díaz fue para los detectives uno de los partícipes clave en el asalto que terminó con la vida del empresario frutihortícola Emilio César Giménez, ocurrido a mediados de setiembre en Guaymallén.
La investigación sostiene que el sospechoso, de 27 años, estuvo a cargo las labores de vigilancia sobre la víctima, tanto dentro como en las inmediaciones del Mercado Cooperativo de Guaymallén, donde tenía un puesto de venta de frutas y verduras.
Incluso, aseguran que fue identificado a través de las cámaras de seguridad de la feria, mientras seguía de cerca los movimientos de Giménez, previo al atraco.

Después de varios meses de búsqueda, este jueves fue capturado durante un allanamiento que realizó personal de la División Homicidios en la villa 21-24 de Barracas, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Los pesquisas mendocinos llegaron hasta ese lugar a través de las tareas que efectuaron en conjunto con el Departamento de Asistencia Tecnológica y Apoyo Investigativo (Datai). Así como también con la colaboración de la División Homicidios de la Policía Federal Argentina (PFA).
Para conocer su paradero también fue crucial el aporte que hicieron en la causa algunas personas de su entorno, que aportaron datos de relevancia motivados por la recompensa de 700 mil pesos que ofreció el Ministerio de Seguridad a comienzos de octubre.
De esa forma, se logró establecer que estaba moviéndose entre el oeste del conurbano bonaerense y diferentes sectores de Capital Federal, contando con la protección de barrabravas de Barracas Central y Deportivo Morón.
Al parecer, la fuerte vinculación de Rivero con la barra de Independiente Rivadavia le permitió establecer lazos con los hinchas de esos dos equipos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y así conseguir escondites para mantenerse en la clandestinidad.
Fuentes allegadas a la investigación señalaron que los barras del Guapo y del Gallo lo trasladaban permanentemente por diferentes barriadas y asentamientos, con el objetivo de despistar a los sabuesos durante todo este tiempo.
No obstante, las meticulosas tareas investigativas desarrolladas en las últimas semanas permitieron ubicarlo en un domicilio de la manzana 27 del citado asentamiento porteño, también conocido como NTH Zavaleta, localizado en la Comuna 4.
De esa forma se transformó en el cuarto detenido que tiene la causa, junto a su padre Cristian Antonio Willy Rivero; a Ricardo Javier Andrada Mercado (30), alias Pica, y Walter Sebastián Corcho Sáez Ortiz.
Mientras que aún restan por capturar Juan Ángel Andrada Mercado (27) -hermano del Pica- y Maximiliano Martínez Llaneza (23).

Emboscada y crimen
Corría la siesta del 15 de setiembre cuando Emilio Giménez se retiró de un almuerzo por el cumpleaños de un colega de la feria. Pese a que el festejo continuaba, eligió retirarse para ir a su casa, que no estaba muy lejos de allí.
Sin embargo, en el camino fue emboscado por una banda delictiva que se movía en dos camionetas de alta gama y que venía siguiendo sus movimientos.
En el cruce de calles Padre Manzano y Jorge Newbery, interceptaron al empresario colocando uno de los rodados por delante y el otro por detrás.

La víctima iba hablando por celular con un amigo y alcanzó a contarle que lo estaban asaltando. Acto seguido, hizo marcha atrás para tratar de evitar el robo, chocó la Toyota RAV4 de los maleantes y terminó incrustado en el jardín delantero de una casa.
Fue allí cuando uno de los delincuentes descendió y le disparó con una pistola calibre 22. Uno de los plomos impactó en el capot de la camioneta de Giménez, mientras que el otro le dio en el brazo izquierdo, provocando que una esquirla se desprendiera y le diera en el pecho.
Ese fragmento del plomo fue suficiente para provocarle una grave lesión en uno de los pulmones, causando la muerte por broncoaspiración en cuestión de minutos.

Mientras la víctima agonizaba, uno de los autores rompió el vidrio de la puerta del conductor para sacar una mochila que llevaba con casi 6 millones de pesos, 800 dólares y algunos cheques. Pero no lo logró y decidieron darse a la fuga, ya que varios vecinos empezaron a salir de sus viviendas.
La Toyota quedó abandonada en la escena y los asaltantes se dieron a la fuga en una Jeep Renegade blanca, que luego fue abandonada en calles Colombia y Sarandí.
