Agustín Mamaní (22) y Agustín Caparroz (20) eran pareja desde hacía un par de años. Además de llevar el mismo nombre, los jóvenes tenían muchas cosas en común: quienes los conocían señalaron que les gustaba compartir diversas actividades y que, en diferentes oportunidades, hablaron de consolidar la relación viviendo bajo el mismo techo, después de cumplir algunos sueños, como realizar viajes y finalizar los estudios.
Todo cambió después del mediodía del martes 1 de este mes en la casa de Mamaní, en la manzana H del barrio Unión y Fuerza de Luján: hubo una discusión que terminó trágicamente. Caparroz atacó con un arma blanca a Mamaní y le quitó la vida prácticamente en pocos minutos, se desprende de los trabajos desarrollados por efectivos de Homicidios y la fiscal de esa especialidad, Claudia Alejandra Ríos.
El señalado victimario, estudiante universitario de Psicología, fue detenido esa misma jornada por la tarde por Investigaciones cuando su padre lo acompañó para que le hagan curaciones en una mano en el Hospital del Carmen, en Godoy Cruz. El hombre nada sabía de lo que su hijo había cometido horas antes en el complejo ubicado en la triple frontera.
La situación procesal de Caparroz se complicó a las pocas horas de su captura: la representante del Ministerio Público lo acusó por homicidio agravado por el vínculo (calificación aplicada por primera vez en Mendoza con relación a un hecho ocurrido entre personas del mismo sexo después de la modificación del Código Penal en el 2012) y ordenó su pase a la cárcel.
El joven permaneció algunas horas en la Estación Transitoria de Detenidos y Aprehendidos (Estrada) pero terminó alojado en el Hospital El Sauce porque profesionales de la salud mental detectaron que presentaba ideas suicidas. “No está bien y por eso se decidió sacarlo del ambiente carcelario”, relató una fuente consultada por El Sol, que agregó que no está en condiciones de mantener un diálogo continuo con otra persona.
Si bien Caparroz está imputado por una calificación que prevé como pena la perpetua en caso de ser hallado culpable en un hipotético juicio oral y la fiscal solicitó fecha para la audiencia de prisión preventiva, su futuro en la causa dependerá del resultado de una serie de peritajes psicológicos y psiquiátricos que le harán la próxima semana.
La defensa, a cargo de Ariel Benavidez, ya solicitó la presencia de peritos de parte para participar en los encuentros. Junto con los profesionales del Cuerpo Médico Forense realizarán un estudio en sesiones y darán a conocer sus conclusiones (puede ser en conjunto, en un mismo informe) a la fiscal que lleva la causa.
Otra fuente consultada por este diario no descartó que el señalado victimario no haya comprendido la criminalidad de sus actos, un escenario totalmente opuesto a lo que se cree, y que podría dejarlo fuera de cualquier tipo de responsabilidad penal por el hecho.
El resultado de los estudios marcaría el futuro en la causa de Caparroz, debido a que también la Justicia analiza la posibilidad de que podría tratarse de un caso de homicidio en estado de emoción violenta. Básicamente, se trata de los hechos de sangre atenuados por encontrarse el ánimo de quien lo comete en estado de shock o conmoción, lo que le impide tener el control pleno de sus acciones y lo lleva a cometer el delito.
Al tratarse de un caso con el agravante del vínculo, el artículo 82 del Código Penal sostiene que la pena que se impondrá es de 10 a 25 años. Caparroz, desde que fue capturado, no declaró en la causa cuando le notificaron la imputación en su contra.

Encontrado por su familia
El asesinato de Agustín Mamaní generó un fuerte impacto en el barrio Unión y Fuerza de Luján. Fue la hermana del joven quien lo encontró sin vida a las 14 del martes 1. La víctima estaba en el piso, detrás de una puerta, boca arriba y con pérdida de sangre, en una de las habitaciones del domicilio.
La chica corrió y pidió ayuda y vecinos llamaron al 911. Una ambulancia llegó hasta el lugar y constató del deceso. Personal policial trabajó en la escena y también la fiscal Claudia Ríos. La misma joven y otros testigos señalaron que Mamaní se había quedado solo durante la mañana y que tenía pensado encontrarse con su pareja, Caparroz, con domicilio en el barrio Doña Irma de Luzuriaga.
La relación entre los jóvenes no era la mejor. Al parecer, venían manteniendo algunos cruces en los últimos días y decidieron juntarse para hablar. “Una situación de infidelidad del acusado habría sido el detonante”, reveló desde el entorno del sospechoso.
Lo cierto es que, después ataque, Caparroz se fue y algunos vecinos lo vieron salir con rumbo desconocido. Mientras Policía Científica trabajaba en el lugar, trascendió que Mamaní había recibido –al menos– diez puntazos producidos con arma blanca en la espalda.
La misma familia de la víctima marcó la propiedad dónde vivía el sospechoso. Los policías se dirigieron hasta la propiedad pero no lo encontraron. Con el paso de las horas, ingresó una información que sostenía que el joven estudiante de psicología había ingresado al Hospital del Carmen, llevado por su parte.
Presentaba una lesión con sangrado en la mano izquierda –producida durante el crimen– y el progenitor decidió que fuera atendido en el efector público de calle Joaquín V. González.
Mientras recibía las curaciones, llegaron hasta el nosocomio los policías de Investigaciones y lo aprehendieron. Allanaron su casa de la manzana A del citado barrio maipucino y secuestraron prendas de vestir con sangre y dos cuchillos.

