La requisa de este miércoles en el penal de Cacheuta: El Koki Andino Cejas, referente del módulo 1.3.

Una nueva requisa en el Complejo Penitenciario Almafuerte volvió a exponer este miércoles el nivel de conflictividad y el manejo interno de los pabellones. El operativo se ordenó tras una violenta pelea en el módulo 1.3 que dejó a un interno herido de gravedad, y se extendió durante varias horas: comenzó a las 8 y finalizó cerca de las 16, según detallaron fuentes penitenciarias.

El detonante fue un episodio ocurrido el domingo a las 4, cuando un grupo de presos logró abrirle la puerta a un encargado penitenciario, en una secuencia que quedó registrada por las cámaras de seguridad. A partir de allí, los reos avanzaron hacia el sector de cocina, donde atacaron con hierros y otros elementos a dos internos -padre e hijo- que cumplían funciones dentro del penal.

Uno de ellos, un fajinero, recibió golpes en la cabeza que le provocaron heridas de gravedad, por lo que fue trasladado al Hospital Central, donde permanecía internado en Terapia Intensiva. Por lo que detallaron las fuentes, fue identificado como Bautista Sepúlveda Calderón, quien recibió un planchazo en la cabeza.

Ese nivel de violencia precipitó la intervención de las autoridades, que dispusieron una requisa integral en los cuatro sectores del módulo 1: 1.1, 1.2, 1.3 y 1.4. El procedimiento permitió el secuestro de más de 50 teléfonos celulares y estupefacientes, elementos cuya circulación interna volvió a quedar en evidencia en este tipo de operativos.

El foco principal estuvo puesto en el módulo 1.3, identificado como uno de los más conflictivos del penal.

Por lo que detallaron las fuentes, el domingo a la hora citada, un grupo de internos salió del módulo 1.3 y atacó a Facundo Alexis Sepúlveda, quien habita en el 1.4. Su padre salió en defensa de su hijo y recibió un fuerte golpe en la cabeza. Por lo que contó el entorno de la víctima a este diario, utilizaron una plancha. Esto le provocó “coágulos” en la cabeza y quedó internado en grave estado en el Hospital Central.

El primero de los sectores citados está liderado por el reo Aníbal Dalmiro Andino Cejas, alias “Koki”. Se trata de un interno con un extenso prontuario: fue condenado hace más de dos décadas por el asesinato de un policía durante un asalto, y si bien había accedido a salidas transitorias tras demostrar conducta, volvió a quedar en la mira tras no regresar de una de ellas. También registra antecedentes por robo agravado y tenencia de armas.

El esquema de poder interno resulta clave para entender tanto los episodios de violencia como la circulación de elementos prohibidos. En estos pabellones, los denominados “plumas” o referentes ejercen control territorial y condicionan la dinámica cotidiana, desde la convivencia hasta el ingreso y distribución de drogas o teléfonos, tal como ha revelado El Sol en una serie de informes.

No es la primera intervención de este tipo en el penal en las últimas semanas. El pasado 7 de este mes, otra requisa de características similares había dejado al descubierto un circuito de droga en el módulo 2, ala 1.

En ese procedimiento, realizado por la Fuerza Operativa de Requisa Móvil Antidisturbios, se incautaron más de 600 gramos de cocaína y más de un kilo de marihuana, fraccionados y listos para su distribución interna.

Aquel hallazgo se produjo en un sector vinculado a la órbita de Ricardo Andrés Ferreyra Ervidia, alias “Pailón” o “Grandote”, otro de los internos con peso dentro de la estructura carcelaria. Aunque la droga no fue encontrada en su poder directo, la investigación puso el foco en el dominio territorial como factor determinante para el movimiento de sustancias dentro del penal.

La reiteración de estos procedimientos, sumada a los episodios de violencia, volvió a poner bajo la lupa el funcionamiento interno de Almafuerte, debido a que viene siendo noticia por diversos hechos de gravedad, tanto por tema de drogas como estafas y hasta con hechos de corrupción penitenciaria.