La fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos imputó este jueves por homicidio agravado por el vínculo al joven de 20 años que acribilló con un arma blanca a su novio, el chico de 22 años identificado como Agustín Mamaní, durante una discusión que mantuvieron la tarde del martes en una casa barrio Unión y Fuerza de Luján.
De acuerdo con fuentes judiciales, es la primera vez en Mendoza que se aplica el agravante del vínculo en una relación de pareja entre dos personas del mismo sexo desde la modificación del Código Penal en el 2012 (Ley N° 26.791), tal como está previsto en el artículo 80 inciso 1º: “Al que matare a su ascendiente, descendiente, cónyuge, ex cónyuge, a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia”.
En caso de ser hallado culpable en un juicio por jurado, el sospechoso, identificado como Agustín Caparroz, arriesga la pena máxima, prisión perpetua.
De acuerdo con fuentes judiciales, familiares directos de la víctima que declararon en el expediente y el análisis inicial al teléfono celular de la víctima fueron determinantes para que el Ministerio Público confirmara en esta etapa del proceso que Mamaní y Caparroz llevaban en pareja más de dos años y en los últimos dos meses habían comenzado a distanciarse.
Más allá de que la relación había entrado en una crisis, el CP habla de pareja o ex pareja a la hora de analizar la situación procesal, por lo que luego de una prórroga que había ordenado la fiscal este jueves le notificó la acusación a Caparroz y ordenó que pase a la cárcel en las próximas horas. De acuerdo con fuentes del caso, el joven se abstuvo de declarar por recomendación de su abogado.
El hecho
El asesinato del joven nacido el 20 de marzo del 2001 ocurrió el martes en la manzana H casa 5 del barrio Unión y Fuerza de Luján, ubicado en el corazón de la llamada triple frontera que completan Maipú y Godoy Cruz.
Fue su hermana quien lo encontró pasadas las 14 en una de las habitaciones de la propiedad, detrás de una puerta, boca arriba y con gran pérdida de sangre. La chica corrió y pidió ayuda a los vecinos en estado de shock.
Hubo llamados al 911 y a los pocos minutos el lugar se llenó de policías. Efectivos de la jurisdicción y de Investigaciones comenzaron a trabajar en el caso y los primeros testigos contaron que habían visto a un joven “robusto” salir del domicilio. Hasta el mediodía los familiares del chico habían tenido contacto con él. A esa hora, su teléfono celular también dejó de tener actividad.
Los primeros datos señalaron que Mamaní se encontraba sin acompañantes en la casa porque su madre había viajado a la provincia de Jujuy. El chico estaba ahorrando para irse a vivir solo y una de las primeras hipótesis apuntaron a un hecho de inseguridad; sin embargo, el dinero que tenía se encontraba donde lo había guardado.



Descartada esa presunción, los testigos hablaron del novio que tenía. Apuntaron directamente contra Agustín Caparroz, un chico de 20 años con domicilio en el barrio Doña Irma de Luzuriaga. Dijeron que hacía más de dos años que ambos jóvenes estaban en pareja y que, inclusive, habían pasado las últimas fiestas de fin de año juntos.
Mientras los efectivos de la División Homicidios lo buscaban en su domicilio y otras zonas que frecuentaba, Policía Científica trabajó en la escena a la par de la fiscal Ríos y detectó que el cadáver presentaba –al menos- diez heridas de arma blanca en la espalda.
Horas después de descubierto el asesinato, ingresó una información que Caparroz se estaba haciendo atender en el Hospital El Carmen por una herida en su mano izquierda. Al parecer, había sufrido un corte durante el ataque contra quien era su novio. Hasta al nosocomio ubicado en calle Joaquín V. González había sido llevado por su padre, un hombre que desconocía los motivos de las lesiones que presentaba.
Por orden de la Justicia, los policías aprehendieron al joven maipucino. Detectaron a simple vista que manchas de sangre en las zapatillas y prendas de vestir que llevaba en ese momento y también en una mochila. En ese momento, la fiscal Ríos ordenó que sea llevado al Cuerpo Médico Forense y que secuestren todo el material probatorio, incluyendo su teléfono celular marca Samsung.
Por último, se ordenó un allanamiento en la casa del detenido en la manzana A del barrio Doña Irma, ubicado unas cuadras hacia el este de calle 9 de Julio de Maipú, a cuatro kilómetros de la escena. Allí secuestraron una campera de algodón, un par de zapatillas y dos cuchillos de cocina, material que iba a ser analizado para terminar de confirmar las sospechas.
