“El objetivo es ganar el poder de la barra brava y descabezar a la Nº 1”, esa es la hipótesis principal de los detectives que investigan el tiroteo en el estadio de Huracán Las Heras, que terminó con el director técnico de un equipo rival herido de bala.

Claramente, el ataque armado del domingo dejó al descubierto una interna que se venía gestando desde hace varios meses en el interior de la tribuna Norte del General San Martín.

Una facción conformada por poco más de una veintena de hinchas intenta “coparle la parada” a los hoy líderes barrabravas del club de norte mendocino.

Los actuales cabecillas son tres hermanos oriundos del barrio Santa Teresita, conocidos como el Checho, el Chueco y el Huevito, quienes, generalmente, son vinculados a las autoridades del club y también al municipio, de acuerdo con fuentes consultadas. 

El grueso de esa parcialidad cuenta con el respaldo de las principales barriadas lasherinas: Pellicier, Espejo, Mathieu, 20 de Julio, Cristo Redentor, Sismo V y Santa Teresita, entre otros.

Del otro lado, el grupo conocido como los Hijos de Nadie o Perritos, oriundos del barrio Amigorena, sumaron apoyo de personajes del barrio San Loreno y Eva Perón.

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Además, se rumorea que a ese bando también pasaron algunos señalados integrantes de una conocida banda delictiva del Santa: los Canavis, históricamente relacionados a la Nº 1.

Justamente, esa organización familiar había perdido poder y territorio en los últimos años, debido a numerosas detenciones de sindicados miembros. Eso provocó que sus banderas fueran retiradas de la popular utilizada por la Nº 1, pero ahora buscan resurgir. 

Uno de ellos, conocido como el Tete, está en la mira por la balacera y sabuesos policiales con experiencia en ese sector sostienen que fue el encargado de proveer las armas de fuego a quienes participaron del hecho

Por el momento, la pesquisa de la balacera sólo apunta contra estos últimos, ya que no existen pruebas sobre un cruce entre dos facciones. Al contrario, la versión oficial indica que desde el Amigorena llegó el apoyo armado para perpetrar el ataque y que el blanco de los disparos eran los integrantes de la Nº 1.

Las cerca de 30 vainas servidas que levantó la Policía Científica, se encontraban afuera del estado, por lo que no existen indicios que apunten a una respuesta armada desde el interior del las tribunas. 

Hasta este jueves, la causa que lidera el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello tiene a dos detenidos: Carlos Alberto Gutiérrez Tello (29) y Jesús Videla (19).

Ambos se encuentran imputados por homicidio con dolo eventual en grado de tentativa agravado por el uso de arma, por concurso premeditado de dos o más personas y por haber sido cometido en ocasión de un espectáculo deportivo, en concurso real con amenazas coactivas. 

El expediente tiene otros cinco sospechosos con pedido de captura (se reservan las identidades por pedido de los investigadores) y, al menos, otros cuatro sujetos están siendo identificados. 

Alto calibre

Del informe preliminar de los trabajos que realizó en la escena la Policía Científica, surge que las armas utilizadas durante el tiroteo eran, en su mayoría, de calibres 9 y 40 milímetros

De esos tamaños eran la cerca de una treintena de vainas servidas que se levantaron en las afueras del estadio de calle Olascoaga.

Ese dato no es menor para los detectives de Homicidios, es que su experiencia les marca que balas de alto calibre, es igual a bandas de peligrosas y con poder.

Con respecto a los disparos, se aguardan dos peritajes que pueden ser de importancia para investigación. Uno es el informe de balística y el otro es la interpretación criminalística para realizar una reconstrucción del ataque.

En principio, se estima que los disparos que fueron hacia el interior de la cancha se hicieron a través de los huecos del portón que da al noreste del General San Martín y también mediante sujetos que ganaron la pared este.

En ese sentido, no está claro cómo llegó el proyectil que alcanzó al director técnico de Ferro Carril Oeste de General Pico Mariano Romero.

Fuentes del caso explicaron a El Sol que podría tratarse de un plomo de un revólver calibre 22 (no deja vainas servidas en el piso) que rebotó en algún sector del estadio y terminó rozando al ex jugador de Colón, Gimnasia de La Plata y Lanús. 

Un antecedente y la posibilidad de represalias

La información policial asegura que hace algunos varios meses atrás hubo un hecho que, de alguna manera, anticipó el conflicto que terminó de desatarse el domingo.

Fue durante otro partido cuando dos sujetos vinculados a la los Hijos de Nadie, protagonizó un conflicto con un hincha por una bandera. 

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Esa situación cayó mal en el seno de la Nº 1, pero, con la vuelta del público por la liberación de las restricciones de la pandemia, ambas partes llegaron a un acuerdo para que se mantuviera la paz y que la institución no terminara afectada.

Ese pacto duró poco y una discusión que se produjo en el encuentro ante el equipo pampeano desencadenó el ataque armado.

Tras el hecho que puso al Globo mendocino en boca de todos, las calles de las barriadas se encuentran en silencio: “Están todos guardados”, revelaron a este diario uniformados que prestan servicios en la zona.

El escaso movimiento resulta inquietante para quienes conocen el paño, ya que, generalmente, eso significa que las represalias están a la vuelta de la esquina.

La situación empeoró en las últimas horas tras la dura sanción que recibió el club por parte del Tribunal de Disciplina del Consejo Federal: Huracán comenzará la próxima temporada con 15 puntos menos y su estadio fue clausurado por el lapso de un año, por lo que deberá jugar a puertas cerradas. 

“Van a buscar a los responsables, se van a echar la culpa entre ellos y caos puede ser aún mayor. Las Heras es una bomba de tiempo“, confió un allegado la hinchada del club.

Terror en pleno partido

La balacera tuvo lugar la tarde del domingo cuando transcurrían los últimos minutos del partido entre el Huracán y el conjunto verdolaga, por la fecha 30 del Federal A

Pase a que el Globo se imponía en el marcador por 3 a 1, detonaciones de arma de fuego se escucharon en el exterior del estadio y el árbitro Pablo Núñez pausó el partido.

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Acto seguido, una serie de disparos fueron efectuados hacia el interior del campo de juego y las tribunas. En medio de las corridas de jugadores, cuerpo técnico e hinchas, para resguardarse, un plomo hirió a Romero.

El entrenador se salvó y sólo fue afectado por una herida superficial. La bala le rozó el sector derecho del tórax, a la altura de la axila, por lo que no terminó lesionado de gravedad.